
Begonia House y Picnic Café
Nombre local: Begonia House / Picnic Cafe
El complejo de cristal mostrará en qué se convirtió un regalo privado que la ciudad esperó durante muchos años.
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Entre los imprescindibles están Begonia House y Picnic Café, Biblioteca Central Te Matapihi ki te Ao Nui y el City to Sea Bridge, Bolton Street Cemetery, Cable Car Museum, Clyde Quay Boat Sheds, Katherine Mansfield House & Garden.
Hemos conectado los lugares importantes en paseos preparados, con un orden claro, historias e información práctica.
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Nombre local: Begonia House / Picnic Cafe
El complejo de cristal mostrará en qué se convirtió un regalo privado que la ciudad esperó durante muchos años.
El complejo de cristal mostrará en qué se convirtió un regalo privado que la ciudad esperó durante muchos años.
El final unirá la biblioteca, el centro y la bahía en un solo recorrido, donde un problema de ingeniería se convirtió en un relato tallado sobre la llegada.
El final unirá el descenso entre vegetación con la autopista y el trabajo de los voluntarios que descifraron inscripciones que estaban desapareciendo.
Los antiguos vagones y el mecanismo de tracción mostrarán qué se logró conservar después de la reconstrucción completa de la línea.
El cobertizo mostrará que la dársena sigue siendo un taller donde las embarcaciones antiguas vuelven al agua.
Aquí la conservación se convertirá en un trabajo de rastreo de huellas ocultas dentro de apartamentos reformados.
Tras el trazado riguroso del rosal aparece la historia de un error de jardinería que se prefirió no divulgar.
La panorámica de la línea servirá de fondo para la disputa sobre a quién se permitía conducir sus nuevos vagones.
El Museo Nacional de Nueva Zelanda será necesario para la ruta como lugar donde una colección de colecciones se complementó con un espacio en funcionamiento para distintas comunidades.
Esta parada llevará la conversación de los edificios públicos a los originales de cuya conservación responde el archivero.
La parada cambiará la madera íntima de la iglesia por un palacio estatal y comprobará si se puede confiar en su fachada.
Aquí quedará claro por qué conservar la iglesia significaba mantener intactos no solo el material, sino también su configuración.
Aquí, los nombres de las playas enlazarán el temprano asentamiento de la bahía, los baños urbanos y una habilidad que resultó útil lejos de Wellington.
En la ladera verá el resultado de un experimento para el que antaño se seleccionaban plantas por su utilidad práctica.
El observatorio añadirá al recorrido otra historia de larga espera en la misma cresta de la ciudad.
Aquí la ruta pondrá a prueba si un edificio construido para una comunidad puede resolver una disputa sobre la pertenencia de su embarcación.
Aquí quedará claro por qué el camino hacia la colina comenzó con un pequeño terreno en uno de los barrios más caros de la ciudad.
El final unirá la antigua carretera costera, un incendio en una construcción de madera y el edificio levantado en el solar anterior.
La parada recordará que un lugar público puede conservar un acto que ninguna placa conmemora.
El muelle añadirá a la historia del puerto un raro ejemplo de cuidado compartido por un perro sin dueño.
Aquí la ruta mostrará cómo un edificio público se convirtió, tras una catástrofe marítima, en el lugar donde se devolvían los nombres a las personas.
La laguna mostrará cómo el conocimiento local quedó fijado no mediante un monumento, sino en el nombre oficial de una masa de agua.