Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Lápidas devueltas
- Early Settlers Memorial Lawn
- Puente peatonal sobre la autopista
- Indicador de «Alington Trail»
La historia del lugar
En la ladera verde se encuentran tres antiguas secciones de cementerio que con el tiempo recibieron el nombre común de Bolton Street. En los primeros años de la ciudad europea, aquí se destinó un camposanto común para personas de distintas confesiones, y después se dividió entre los anglicanos, el Sidney Street Cemetery municipal y la comunidad judía. Cuando las casas rodearon la ladera, los nuevos entierros se trasladaron a Karori. Las losas de piedra entre la hierba no siempre señalan una tumba justo debajo de ellas: se ha conservado muy poco de la antigua disposición del cementerio.
Desde mil novecientos sesenta y ocho, los trabajadores de la corporación municipal retiraban aquí lápidas y abrían tumbas. Tenían que despejar una franja para la autopista. Pero los antiguos registros no informaban de todos los entierros: hasta mediados del siglo diecinueve ni siquiera se anotaba la ubicación de cada tumba, y las baratas placas de madera se habían podrido hacía mucho. De la tierra seguían apareciendo restos de personas que no figuraban en el plano. En tres años, los trabajadores trasladaron a unos tres mil setecientos enterrados.
El cementerio nació junto con el Wellington europeo. Bolton Street recibió su nombre del velero «Bolton», que llevó hasta aquí a los colonos en la primavera de mil ochocientos cuarenta. Ya el verano siguiente, el gobernador aprobó, en las afueras de la nueva ciudad, una única parcela funeraria para personas de distintas confesiones. Diez años después la dividieron en el Bolton Street Cemetery anglicano, el Sidney Street Cemetery público y el cementerio judío. Con el tiempo, el nombre actual se extendió a las tres secciones.
En mil ochocientos noventa y dos cerraron el cementerio: la ciudad había rodeado la ladera de casas, casi no quedaba espacio y los entierros principales se trasladaron a Karori. Setenta años después, esta circunstancia ayudó a los proyectistas de carreteras. El único acceso al centro de Wellington por Hutt Road no daba abasto con el tráfico, y el cementerio cerrado se encontraba en el camino directo de la nueva vía que atravesaría la parte occidental de la ciudad.
El alcalde Frank Kitts, que defendía este trazado, decía que los destacados ciudadanos enterrados aquí no habrían querido obstaculizar el progreso. En mil novecientos sesenta y cuatro, los vecinos crearon la Bolton Street Cemetery Preservation Society e intentaron lograr una ruta alternativa. La sociedad se dirigió incluso al primer ministro, pero el ayuntamiento, el National Roads Board y el Ministry of Works continuaron con los preparativos. Tres años después, el Parlamento aprobó una ley que autorizaba la construcción.
La mayor parte de los restos exhumados se depositó en una cripta común bajo Early Settlers Memorial Lawn. Varias familias pidieron trasladar a sus parientes a Karori o Mākara. Unas ochocientas cuarenta lápidas retiradas se enviaron a almacenar. Solo pensaban devolverlas en parte y colocarlas sin una relación estricta con sus antiguas secciones.
El Ministry of Works encargó a la bibliotecaria e historiadora Margaret Alington que registrara la historia de la parte condenada del cementerio. Las fotografías de las piedras retiradas resultaron insuficientes: las inscripciones desgastadas apenas se leían en las imágenes. Entonces Alington reunió a voluntarios. En el invierno de mil novecientos setenta y cuatro, los domingos descifraban las inscripciones de las losas apiladas en diez filas. Los separadores de madera entre las piedras se caían, las pesadas losas se inclinaban unas hacia otras y estaba prohibido moverlas. Los voluntarios alcanzaban las letras con cepillos, linternas y talco, y a veces volvían a una misma piedra con otra iluminación.
En tres años, el grupo de Alington leyó mil ciento ochenta y seis inscripciones. Estos registros permitieron demostrar de qué parte del cementerio procedían las piedras, y Alington logró que devolvieran todas las lápidas conservadas. Sus bases y cercas desaparecieron en su mayor parte, por lo que muchas losas se encuentran ahora lejos de los restos de las personas cuyos nombres están grabados en ellas. Las copias elaboradas por los voluntarios sirvieron de base para el mapa y la lista de enterramientos actuales; desde entonces, parte de las letras de las propias piedras ha desaparecido.
La autopista se inauguró en mil novecientos setenta y ocho. Los constructores sustituyeron la amplia plataforma prometida sobre la carretera por un estrecho puente peatonal, que todavía hoy une las dos mitades del cementerio. Y desde dos mil ocho, entre las lápidas devueltas de la sección anglicana superior se alza un indicador de «Alington Trail», el nombre de la mujer que consiguió su devolución.
Información práctica
El cementerio abre de amanecer a anochecer; consulte por separado el horario del museo.
Comprobado: 26 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Hable en voz baja, no pise las tumbas ni se apoye en los monumentos frágiles. Recuerde que muchas losas fueron trasladadas y no se encuentran sobre los enterramientos originales.
