Parada 5 de 8

Sendero a la sombra del bosque (jardín botánico)

Wellington Botanic Garden ki Paekākā / Downhill Walk

En la ladera verá el resultado de un experimento para el que antaño se seleccionaban plantas por su utilidad práctica.

15 min
Sendero en el jardín botánico, con helechos y árboles a ambos lados.
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Mira primero a tu alrededor

En qué fijarse

  • Pinos viejos
  • Copas densas de coníferas
  • Estrato bajo del bosque
  • Sendero en la ladera

La historia del lugar

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El estrato superior del bosque en la ladera se plantó como barrera: sus copas debían recibir el viento que antes llegaba a los escasos restos del bosque local. El Jardín Botánico de Wellington se creó donde las explotaciones madereras habían dejado una ladera casi abierta, y se instalaban campamentos en la tierra despejada. Los pinos, robles, acacias australianas y hayas neozelandesas resistieron de distinta manera el suelo y el viento de aquí; los densos pinos viejos aún los sostienen sobre el sendero.

En febrero de mil ochocientos sesenta y nueve, James Hector ya recibía aquí semillas de los Reales Jardines Botánicos de Kew. Unos meses antes lo habían nombrado administrador de la reserva descuidada. Hector ejercía como principal científico del gobierno: dirigía el Geological Survey of New Zealand y el Colonial Museum, y los ministros le encargaban determinar qué recursos naturales y plantas podían convertirse en madera, alimentos o materia prima para una nueva industria. Un sendero para pasear aún no formaba parte de su cometido.

Para entonces solo sobrevivía una parte del antiguo bosque local. Los colonos habían talado los troncos aprovechables, instalaban campamentos en el terreno no cubierto y los árboles restantes sufrían por el viento. Hector propuso probar aquí especies de rápido crecimiento procedentes de otros países. En mil ochocientos sesenta y nueve, el Parlamento creó oficialmente el jardín botánico y en las laderas comenzaron a plantar decenas de especies de coníferas. Las semillas llegaban del Himalaya, México, Calcuta y Kew. Los empleados de la junta del jardín añadían robles, acacias australianas y hayas neozelandesas: las plantaciones altas debían proteger los restos del bosque local.

El experimento necesitaba a alguien que cultivara los plantones a diario y evitara que los pisotearan. En septiembre de mil ochocientos setenta, la junta contrató a William Bramley, el primer jardinero-guardés permanente. Recibía ochenta libras al año y se instaló aquí con su esposa Ann y sus hijos. El salario incluía el derecho a segar hierba para una vaca, pero con la condición de que la vaca no vagara por el jardín. La aclaración era muy práctica: caballos y ganado ajenos entraban regularmente a través de las débiles vallas, y los visitantes rompían plantas y cortaban madera.

Bramley plantó y protegió los árboles del experimento durante diecinueve años. Vigilar todo el recinto él solo resultó imposible. En mil ochocientos ochenta sufrió una lesión mientras intentaba poner orden, y después asignaron al jardín a un agente de policía. La familia del guardés conservó la vivienda y al agente le destinaron una casa aparte. Así, las plantaciones científicas tuvieron que protegerse con los mismos medios con que se vigilaban las calles de la ciudad.

Mientras tanto, el experimento se extendió mucho más allá de esta ladera. En mil ochocientos setenta y uno, el Estado prometió a los colonos dos acres de tierra baldía por cada acre de bosque plantado. Ahora hacían falta muchas semillas y plantones probados, y el Geological Survey of New Zealand de Hector se convirtió en su punto de distribución. Las plantas de Wellington se enviaban a granjas, escuelas, hospitales, iglesias y otros jardines. En la década de mil ochocientos noventa, especialistas estatales recogían semillas de los árboles ya crecidos para las primeras reservas forestales. Para mil novecientos veintiuno, el pino radiata, antaño uno de los candidatos de aquí, se había convertido en una de las principales especies industriales del país.

Algunos de los árboles probados murieron. Los que se adaptaron al suelo y al viento de Wellington aún se elevan sobre los senderos; los viejos pinos de aquí figuran entre los más antiguos de Nueva Zelanda. Sus copas todavía cumplen la función para la que Hector y la junta del jardín plantaron los primeros plantones: protegen del viento la ladera y los estratos bajos del bosque.

Información práctica

Tiempo en la parada15 min
Siguiente puntoLady Norwood Rose Garden
Entradadesde fuera

El recinto del jardín está abierto desde el amanecer hasta el anochecer.

Comprobado: 26 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Permanezca en los senderos señalizados y pise con cuidado las zonas húmedas. Los carteles ayudan a distinguir la vegetación local de las antiguas plantaciones experimentales.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Baje desde la sombra de las coníferas hacia los parterres circulares del rosedal.

Parada 5 de 8Después: Lady Norwood Rose Garden

Ruta terminada

Paseo completado

«Wellington Cable Car y el Jardín Botánico de Wellington» — 8 paradas, unos 3,7 km, 2-3 horas.

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