Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El tramo de arena de Freyberg Beach
- La fachada de cristal de Freyberg Pool
- El arco de Oriental Bay
La historia del lugar
El rincón de arena junto a la larga piscina acristalada se llama Freyberg Beach. Más allá se extiende el amplio arco de Oriental Bay. Sobre el terreno se funden en una sola zona urbana de baño, pero cada nombre señala una historia humana distinta.
Oriental es el nombre del velero que llevó a los primeros colonos británicos a Wellington en mil ochocientos cuarenta. Entre los pasajeros estaba George Duppa, que había llegado para convertirse en terrateniente y ganarse la vida con una explotación agrícola. Intentó establecer su primera granja junto al río Hutt. Tras una inundación, un terremoto y un incendio en el asentamiento, Duppa se trasladó a esta bahía rocosa, entonces casi vacía, y montó en la orilla oriental una casa que había traído de Inglaterra en secciones separadas.
Al principio, la bahía se llamaba Duppa Bay, por su único residente europeo. El propio Duppa sustituyó ese nombre por el del barco en el que había llegado. No tenía intención de vivir aquí mucho tiempo: ya en mil ochocientos cuarenta y uno se fue a buscar tierras cerca de Nelson, y al verano siguiente puso la casa a la venta. El anuncio se repitió durante otros tres años, pero no apareció ningún comprador. Duppa abandonó la bahía; quedó el nombre de su barco.
La historia de Freyberg Beach comienza en el lugar que hoy ocupa la piscina. En mil novecientos, el ayuntamiento instaló aquí los Te Aro Baths, unos baños marinos públicos al aire libre: cercó una parte del puerto y la convirtió en una piscina pública. A comienzos del siglo veinte, Bernard Cyril Freyberg, un joven nadador de Wellington que aspiraba al campeonato nacional, acudía aquí constantemente. La natación no le daba de comer: aprendía el oficio con un dentista y más tarde trabajó él mismo como odontólogo. En Te Aro, Freyberg se preparó para los campeonatos de Nueva Zelanda de cien yardas y ganó ese título en mil novecientos seis, y después en mil novecientos diez.
Cinco años después, aquella habilidad le hizo falta fuera del deporte. Antes del desembarco aliado en la península de Galípoli, los oficiales necesitaban simular los preparativos de un desembarco en Bulair y distraer a las tropas otomanas de los verdaderos puntos de desembarco. Freyberg, entonces teniente de la División Naval Real, se ofreció para llegar nadando a la costa. De noche bajó desnudo del barco, con el cuerpo untado de grasa contra el frío, y arrastró un saco impermeable con luces de señalización. Los tres kilómetros hasta tierra le llevaron una hora y cuarto. Freyberg encendió varias luces en distintos puntos de la costa y regresó al mar. No hubo desembarco en Bulair: las luces formaban parte de una operación falsa. El nadador logró volver y recibió por esta incursión la Orden del Servicio Distinguido.
Más tarde, Freyberg mandó tropas neozelandesas y se convirtió en el primer gobernador general del país criado en Nueva Zelanda. Murió en julio de mil novecientos sesenta y tres, cuando ya se ultimaba una nueva piscina cubierta en el lugar de los demolidos Te Aro Baths. Por primera vez, ofrecía a los nadadores de Wellington la posibilidad de entrenarse aquí durante todo el año. La ciudad dio a la piscina el nombre de Freyberg en su memoria: el futuro general aprendió a vencer en el agua precisamente en este lugar.
Los antiguos baños marinos desaparecieron. En su lugar, Freyberg Pool se adentra en el puerto, y un corto tramo de playa junto al muro lleva su nombre. El arco más amplio de la orilla conserva el nombre del velero Oriental; hace mucho que la casa ensamblada de George Duppa ya no está allí.
Información práctica
La playa y el paseo marítimo exterior están disponibles como espacio urbano abierto. Freyberg Pool tiene un horario independiente y acceso de pago; la ruta no exige entrar.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Todo lo principal se ve desde el paseo marítimo. Junto al agua, tenga en cuenta el viento, las superficies resbaladizas y la marea; el relato no exige entrar en la piscina.
