Parada 3 de 7

Museo Vasa

Vasamuseet

La parada principal de la ruta unirá una peligrosa prueba, la primera travesía, la búsqueda en el fondo y el prolongado rescate del barco.

60 min
Edificio del Museo Vasa con mástiles que se elevan sobre el jardín
Sinikka Halme · CC BY-SA 4.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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En qué fijarse

  • El casco de madera del barco
  • Dos filas de portillos
  • La gavilla dorada en la popa
  • El pontón bajo el barco

La historia del lugar

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El museo ocupó un antiguo dique de reparación naval de Galärvarvet, en Djurgården, y se organizó alrededor del buque de guerra real Vasa. El alto casco de madera conserva casi toda la estructura del siglo diecisiete, y las dos filas de portillos cuadrados revelan dos puentes de artillería. Bajo el barco permanece un pontón de hormigón armado, que se convirtió en el suelo del museo y explica la inusual disposición de la sala. En la popa se ve una gavilla dorada entre querubines, el emblema de la dinastía que dio nombre al barco.

Por la cubierta superior del barco que se alza dentro del museo corrían treinta marineros en el verano de mil seiscientos veintiocho. El capitán Söfring Hansson, responsable de preparar el nuevo buque real, les ordenó pasar de una banda a otra: así comprobaban cuánto se balanceaba el barco.

El vicealmirante Klas Fleming observaba la prueba. Necesitaba enviar a la flota el barco que iba con retraso, y el rey Gustav II Adolf ya apremiaba a los marineros. Tras varias carreras de una banda a otra, el Vasa escoró tanto que la gente se asustó: el barco podía volcar allí mismo, junto al muelle. Fleming detuvo la prueba, pero no canceló la salida al mar. No informó al rey del defecto que había advertido.

El rey encargó el Vasa para la guerra contra la República de las Dos Naciones y aprobó personalmente el proyecto. El nombre procedía de una antigua palabra sueca que significaba gavilla o haz de varillas: ese emblema lo llevaba la casa de Vasa. En la popa, una gavilla dorada entre dos querubines hacía las veces de placa con el nombre del barco.

El experimentado maestro constructor naval Henrik Hybertsson diseñó el buque. Entonces aún no existían cálculos que permitieran determinar de antemano la estabilidad de un barco grande; los maestros se guiaban por la experiencia y las proporciones de embarcaciones anteriores. El Vasa resultó tener una parte demasiado alta y pesada sobre el agua, con un casco estrecho bajo ella. Era posible corregirlo: retirar parte del armamento, ensanchar los costados a la altura de la línea de flotación o eliminar la cubierta superior. La prueba con los marineros demostró que la corrección era necesaria. Pero Hybertsson ya había muerto para entonces, el rey esperaba el barco y Fleming ordenó prepararse para la travesía.

El diez de agosto, el Vasa partió del castillo de Estocolmo. A bordo iban marineros, sus esposas e hijos: pensaban desembarcar a los invitados en Vaxholm antes de que el barco continuara hacia la flota. Tras el saludo de despedida con cañones, dejaron abiertos los portillos de ambos puentes de artillería.

Al principio, una ligera ráfaga de viento escoró el buque y este se enderezó. Junto a Tegelviken llegó la siguiente ráfaga. La banda de babor bajó tanto que el agua irrumpió por los portillos inferiores. Hansson ordenó quitar el viento de las velas y cerrar los portillos, pero ya no hubo tiempo de llegar hasta ellos sobre la cubierta fuertemente inclinada. Unos veinte minutos después de iniciada la travesía, el Vasa quedó en el fondo. Había recorrido unos mil trescientos metros. Murieron unas treinta personas, sobre todo quienes quedaron atrapados dentro.

Hansson abandonó el barco como uno de los últimos. El agua lo arrastró hacia abajo, pero logró salir a la superficie con la pesada ropa mojada. Antes de que el capitán pudiera secarse, lo pusieron bajo custodia. El rey, que estaba con el ejército en Prusia, exigió encontrar a los culpables.

Durante la investigación, Hansson habló del peligroso balanceo. Los maestros constructores respondieron que habían construido según un proyecto aprobado por el rey. Habría sido cómodo señalar a Hybertsson como principal culpable, pero al maestro fallecido no se le podía interrogar ni castigar. Ni siquiera convocaron a Fleming a la sesión. Al final, nadie recibió castigo: Hansson supervisó más tarde el mismo astillero militar, y el maestro Hein Jacobsson siguió construyendo barcos reales hasta su jubilación.

Casi todas estas pruebas materiales de la investigación se encuentran dentro del museo. Cerca del noventa y ocho por ciento de la estructura de madera del Vasa data del siglo diecisiete. También se conservan las dos filas de portillos que el buzo Per Edvin Fälting palpó en el fondo del Puerto de Estocolmo en mil novecientos cincuenta y seis.

Anders Franzén se dirigió a él: era ingeniero de combustibles en la marina sueca y dedicaba su tiempo libre a los archivos y a buscar barcos antiguos. Franzén confiaba en que, en el agua poco salada del mar Báltico, la broma no hubiera destruido el roble del barco. Durante tres veranos bajó desde una lancha tomada de la marina un muestreador casero. El veinticinco de agosto de mil novecientos cincuenta y seis, un trozo de roble ennegrecido quedó atascado dentro del instrumento. Fälting, buzo profesional, descendió después y, en completa oscuridad, identificó con las manos una pared de madera con dos niveles de aberturas cuadradas.

Franzén no buscaba extraer los cañones ni figuras talladas individuales. Convenció a militares, arqueólogos, funcionarios y una empresa de salvamento para izar el casco entero y convertirlo en una pieza de museo. Los buzos dirigidos por Fälting excavaron bajo el barco seis túneles, tendieron cables de acero y, en dieciocho etapas, trasladaron el casco a aguas poco profundas. El veinticuatro de abril de mil novecientos sesenta y uno, el Vasa apareció sobre el agua.

El barco fue colocado sobre un pontón de hormigón armado. Después, los restauradores impregnaron durante diecisiete años la madera húmeda con polietilenglicol para que no se encogiera ni se agrietara al secarse, y durante otros nueve años redujeron gradualmente la humedad del aire. Durante todo ese tiempo, el Vasa estuvo en un museo temporal situado cerca.

Para el edificio permanente eligieron Galärvarvet, en Djurgården, donde quedaba un antiguo dique de reparación naval. En diciembre de mil novecientos ochenta y ocho cubrieron el Vasa con una envoltura protectora y lo remolcaron por el agua, directamente sobre el pontón, al interior del museo aún inacabado. Dejaron abierta la pared del lado del agua. Cuando el barco entró en el dique, bombearon el agua y tapiaron la abertura. El suelo bajo el Vasa sigue siendo el mismo pontón sobre el que colocaron el casco rescatado en mil novecientos sesenta y uno.

Información práctica

Tiempo en la parada60 min
Siguiente puntoCementerio de Galärvarvet
Entradacon entrada

Septiembre–mayo todos los días 10:00–17:00, los miércoles hasta 20:00; junio–agosto todos los días 08:30–18:00. Cerrado el 24 y 25 de diciembre; 31 de diciembre 10:00–15:00; 1 de enero 10:00–17:00.

Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

El barco solo puede verse plenamente desde el interior, así que planifique la visita por separado y no intente encajarla en una pausa breve. Sin entrar, la parada sigue uniendo el palacio del museo con la zona conmemorativa naval situada cerca.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Deje la entrada detrás y rodee el museo hasta la verja del cementerio.

Parada 3 de 7Después: Cementerio de Galärvarvet

Ruta terminada

Paseo completado

«Djurgården: museos, atracciones y jardines» — 7 paradas, unos 3 km, 2,5–3,5 horas.

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