Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La muralla almenada del Real Alcázar de Sevilla
- Plazoletas octogonales con fuentes
- Bancos de ladrillo con cerámica
- Setos
La historia del lugar
A lo largo de la muralla almenada del Real Alcázar de Sevilla se extiende una franja de jardín entre la piedra palaciega y las casas de Santa Cruz. En su trazado se alternan pequeñas plazoletas octogonales con fuentes, setos y bancos de ladrillo revestidos de cerámica; los senderos enlazan la vegetación con las calles del barrio. El terreno perteneció antes al palacio y llegó a la ciudad con la condición de conservarlo como jardín, sin nuevas casas. El nombre recuerda al pintor Bartolomé Esteban Murillo, pero se relaciona con la desaparecida iglesia vecina donde fue enterrado, no con una sepultura entre los árboles.
Todavía a comienzos del siglo veinte no se podía pasar por aquí. Tras la muralla se extendía la Huerta del Retiro, terreno palaciego del Real Alcázar de Sevilla con jardines y huertos. La muralla cerraba el extremo sureste del Barrio de Santa Cruz. Los vecinos que se dirigían a la estación que se estaba construyendo en el Barrio de San Bernardo tenían que buscar un rodeo.
Los planificadores municipales propusieron abrir desde aquí una salida directa a la ronda urbana, pero el terreno pertenecía al Patrimonio Real. El Ayuntamiento de Sevilla recurrió a Alfonso XIII: el rey debía ceder una parte del recinto palaciego; de otro modo, el nuevo paso seguiría en el plano. En enero de mil novecientos once, la cesión se formalizó oficialmente. El documento establecía una condición: unos ocho mil quinientos metros cuadrados solo podían utilizarse como jardín o parque, sin derecho a edificar.
Después de ello, el arquitecto municipal Juan Talavera y Heredia desplazó el límite del terreno palaciego. Se desmontaron los antiguos tramos de la cerca y la nueva muralla del Real Alcázar de Sevilla se trazó desde el Callejón del Agua hasta el Paseo de Catalina de Ribera. Entre ella y las casas de Santa Cruz, Talavera dispuso calles y senderos ajardinados. Para mil novecientos quince ya habían aparecido plazoletas octogonales con fuentes, setos y bancos de ladrillo revestidos de cerámica. El jardín se diseñó para que se pudiera cruzar a través de él la antigua frontera del barrio.
Al principio se llamaba Jardines de Murillo, a veces Jardines de Talavera. El nombre de Murillo fue propuesto por José Laguillo, director del periódico sevillano El Liberal. Pretendía que el nuevo espacio público recordara al pintor Bartolomé Esteban Murillo, que pasó el último año de su vida en Santa Cruz y fue enterrado en mil seiscientos ochenta y dos en la parroquia local. La Iglesia de Santa Cruz se alzaba en el lugar de la vecina Plaza de Santa Cruz, pero fue demolida en mil ochocientos once; se perdió el emplazamiento exacto de la tumba del pintor. En mil novecientos dieciocho, el ayuntamiento aceptó la propuesta del periodista y dio a los jardines su nombre actual.
La tumba de Murillo no está aquí. Su nombre quedó ligado a una franja de antiguo terreno palaciego junto al lugar de su sepultura. Y el nuevo borde almenado del Real Alcázar de Sevilla, los senderos entre él y las casas y el jardín que quedó sin edificar conservan las condiciones de aquel acuerdo: el rey cedió el terreno, Talavera abrió el paso y la ciudad obtuvo el derecho de transitar por donde antes la muralla cortaba el camino.
Información práctica
Visit Sevilla indica 08:00-22:00 en invierno y 08:00-00:00 en verano; el acceso al jardín puede cambiar de todos modos por tareas de mantenimiento, obras o eventos urbanos.
Comprobado: 27 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La parada completa es accesible desde el exterior; elija un lugar apartado de los senderos y del tránsito de bicicletas.
