Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Figuras con cuellos largos
- Figuras con grandes manos y pies
- Rostros tensos de arcilla
- Fachadas de talleres familiares
La historia del lugar
Frente a Casa Mendívil, un apellido oculta el trabajo de toda una familia. Hilario Mendívil creaba el armazón de la figura religiosa, modelaba el rostro y establecía la postura. Su esposa, la artesana Georgina Dueñas, preparaba la ropa de tela encolada, la pintaba y aplicaba los adornos. Juntos idearon los largos cuellos de las Vírgenes Marías, los Reyes Magos y los arcángeles. En la familia explican su origen por las siluetas de llamas y alpacas; los propios artesanos llamaban a esa forma «llama kunka», «cuello de llama».
Una vez, la familia recibió un gran encargo urgente, y Georgina, la única que entonces vestía las figuras terminadas, enfermó. Su hija Juana, de nueve años, se ofreció a ayudar. En cinco horas, la niña vistió cincuenta estatuillas. Hilario volvió a ponerla a prueba: le encargó hacer por sí sola una imagen de la Virgen María embarazada. Juana lo consiguió, y su padre anunció que el taller tenía heredera.
Aquella decisión resultó útil en mil novecientos setenta y siete, cuando Hilario murió. Georgina y los hijos ya conocían todo el proceso de trabajo y siguieron atendiendo los encargos. Juana modificó la pasta familiar de harina de patata, arroz y trigo, y de chuño —patata secada por congelación—; empezó a utilizar esmaltes, pan de oro y plata. Por eso, frente a la Plazoleta de San Blas hay a la vez una casa, un museo y un taller familiar en funcionamiento: aquí el apellido Mendívil significa Hilario, Georgina, sus hijos y sus nietos.
Las figuras de Edilberto Mérida en Carmen Alto tienen otras proporciones: grandes pies y manos, rostros tensos, pómulos muy marcados. Mérida llegó a ellas después de un encuentro en esta misma ladera.
En mil novecientos cincuenta y ocho se ganaba la vida tallando madera y realizaba un encargo en un centro de formación para artesanos. Allí Mérida vio cómo los alumnos modelaban con arcilla asequible y decidió probarlo él mismo. La primera figura fue una campesina elegante, con trenzas y falda amplia: una figurita cuidada, pensada para un comprador.
De regreso a casa, al Barrio de San Blas, Mérida observó a una anciana que subía lentamente por la pendiente empinada. Su rostro agotado no tenía nada en común con la belleza lisa que acababa de modelar. El maestro reconoció que su propia obra era superficial y empezó una nueva figura. Agrandó las manos y los pies, deformó los rasgos del rostro y tensó los músculos. Así mostraba a las personas que vivían a mediados del siglo veinte en la pobreza y dependían de los propietarios de haciendas. Incluso sus Cristos crucificados recibieron rostros de campesinos andinos y las pesadas manos de un hombre acostumbrado al trabajo físico.
En mil novecientos sesenta y tres, Mérida llevó veinte estatuillas de este tipo a la feria navideña Santurantikuy. Los visitantes se reían de los cuerpos inusuales; el maestro no vendió ni una. Un paisano lo convenció de llevar las obras a Lima. Allí las compraron todas, los periódicos llamaron a Mérida «Picasso de los Andes» y su corriente recibió el nombre de «arcilla de protesta».
Tras la muerte de Edilberto Mérida en dos mil nueve, su hija María Antonieta continuó el taller; aprendía a modelar aquí desde los seis años. Las enormes manos y pies de la Casa Mérida se remontan a aquella anciana que subía lentamente por la ladera del Barrio de San Blas mientras el maestro llevaba a casa su primera campesina hermosa.
Información práctica
Espacios familiares/privados; el acceso y los horarios cambian, compruébelos en el lugar.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Son espacios familiares, así que consulte por separado la posibilidad de visitarlos; sin invitación, limítese a los escaparates y las fachadas.
