Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La torre
- Las enormes esferas de los relojes
- Las ventanas de la habitación del vigilante
- La nave
La historia del lugar
La sala de la iglesia y la estructura de las campanas de la Iglesia de San Pedro pertenecen a la comunidad reformada, mientras que la ciudad administra la torre con las grandes esferas de los relojes. Bajo el templo actual, los arqueólogos descubrieron restos de una iglesia de los siglos octavo o noveno. Más tarde, el lugar se vinculó al patio de san Pedro, y el nombre se conservó cuando la parroquia se hizo reformada. En la sala de la iglesia se celebran aún hoy cultos, bodas, funerales y conciertos; las campanas cuelgan allí donde la parte eclesiástica del edificio da paso a la torre municipal.
El último vigía de incendios de esta torre se llamaba Hermann Esslinger. Su lugar de trabajo estaba en una pequeña habitación sobre las esferas de los relojes, a cuarenta metros de altura. Cada cuarto de hora, Esslinger se acercaba a las ventanas e inspeccionaba la ciudad en las cuatro direcciones. Desde esta colina se veían los tejados de la Zúrich de la orilla izquierda: había que detectar un incendio antes de que el fuego pudiera pasar a las casas vecinas.
Al descubrir las llamas, el vigía tocaba un cuerno. Después colocaba una señal roja en la ventana correspondiente: de día, una bandera; de noche, un farol. Las personas que estaban abajo recibían a la vez la señal de alarma y la dirección hacia la que debían correr. La ciudad mantuvo a un vigilante así en la Iglesia de San Pedro desde el año mil trescientos cuarenta.
Entre sus rondas, Esslinger reparaba zapatos. Un solo sueldo no le bastaba para mantener a una familia numerosa, por lo que la garita servía también de taller de zapatero. Su mujer y sus hijos mayores lo sustituían en el puesto. Esslinger vigilaba también el reloj de la torre: marcaba la hora oficial de Zúrich, con la que se ajustaban los demás relojes públicos de la ciudad.
Cuando se difundió el teléfono, los incendios podían comunicarse más deprisa desde la calle. La ciudad suprimió el puesto; Esslinger tenía entonces unos setenta años. La garita siguió arriba, y el ayuntamiento conservó la torre para sí. Por eso el edificio tiene todavía dos propietarios: la torre de piedra con las esferas de los relojes pertenece a la ciudad; la nave, las campanas y la estructura de las campanas, a la comunidad reformada.
La propia comunidad ocupa la iglesia parroquial más antigua de Zúrich. Bajo el edificio actual, los arqueólogos encontraron restos de una iglesia de los siglos octavo o noveno, y un documento del año ochocientos cincuenta y siete ya nombra el patio de san Pedro vinculado a ella. Pedro fue discípulo de Jesús y uno de los apóstoles; los primeros cristianos le dedicaron esta iglesia. Los documentos no dicen quién eligió exactamente al santo patrón ni por qué. Después de la Reforma, la parroquia conservó el antiguo nombre.
Ahora, bajo las enormes esferas de los relojes, se celebran cultos reformados, bodas, funerales y conciertos. Sobre ellas sigue estando la habitación desde la que Hermann Esslinger buscaba el fuego, y la torre municipal comienza justo por encima de las campanas que pertenecen a la parroquia.
Información práctica
Oficialmente: lun–vie 9:00–18:00, sáb 9:00–15:00, dom 9:00–16:00; entrada libre, puede haber cambios debido a cultos y actos.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Para apreciar el tamaño del reloj, aléjese hasta la plaza y mire la torre entera. Busque la placa en el exterior; no es necesario entrar en la iglesia para comprender la parada.
