Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Tilos
- Fuente
- Figura de una mujer con casco
- Espada y larga lanza
La historia del lugar
Lindenhof ocupa la cima de una colina sobre el Limmat: la amplia plaza se eleva por encima de los tejados circundantes y se ve incluso desde la ladera del Zürichberg. Antiguamente aquí había un palacio y, tras su desaparición, quedó un espacio libre dentro de las murallas de la ciudad. Los tilos aparecieron más tarde y dieron nombre al lugar; en mil cuatrocientos veintidós se contabilizaban cincuenta y dos tilos en la colina, y los ciudadanos podían venir aquí libremente.
Sobre la taza de la fuente se alza una mujer con casco, espada y larga lanza. A menudo la llaman Hedwig ab Burghalden: así nombra la leyenda urbana a la jefa de las mujeres de Zúrich. Sin embargo, el relato temprano no da ningún nombre. El asedio de Zúrich fue un hecho real; la astucia de las mujeres se conoce por una crónica escrita casi medio siglo después.
En mil doscientos noventa y dos, Zúrich, junto con Uri y Schwyz, se enfrentó a los Habsburgo e intentó tomar Winterthur, que les pertenecía. Combatieron los propios ciudadanos: comerciantes, artesanos y miembros de familias nobles, obligados a salir a campaña con sus propias armas. Junto a Winterthur, el destacamento de Zúrich fue derrotado; muchos hombres murieron o fueron hechos prisioneros.
El duque Alberto I de Habsburgo, señor de Winterthur, condujo un ejército hacia Zúrich para obligar a la ciudad debilitada a hacer la paz en los términos de Alberto I de Habsburgo. Zúrich no tenía una guarnición permanente con la que sustituir a los muertos y los prisioneros.
Según la leyenda, los ciudadanos entregaron armaduras a todas las mujeres capaces de llevar armas. Ellas tomaron lanzas y subieron al Lindenhof. Para entonces, el palacio de la colina había desaparecido, y sobre el Limmat quedaba un espacio libre dentro de las murallas de la ciudad. Se elevaba por encima de los tejados y se veía bien desde el campamento de Alberto en la ladera del Zürichberg. Para el engaño hacía falta precisamente un lugar así: el enemigo debía distinguir una formación armada, pero no los rostros bajo los cascos.
Las mujeres se mostraron ante quienes pronto podrían lanzarse al asalto. Si se hubiera descubierto el engaño, detrás de aquella formación ya no habría habido otro destacamento. Alberto decidió que habían entrado refuerzos en la ciudad. No estaba preparado para un largo asedio, por lo que hizo la paz y retiró el ejército. Zúrich evitó el asalto, aunque perdió la guerra: la ciudad tuvo que renunciar a la alianza con Uri y Schwyz.
Los tilos que dieron nombre al lugar, Lindenhof, «patio de los tilos», aparecieron aquí más tarde. En mil cuatrocientos veintidós ya se mencionan cincuenta y dos tilos y un espacio verde abierto a los ciudadanos. La fuente se instaló en mil novecientos doce. El escultor Gustav Siber colocó sobre una columna a una sola mujer armada, pero el nombre oficial de la figura está en plural: «Las valientes mujeres de Zúrich de mil doscientos noventa y dos».
Información práctica
La plaza está abierta como jardín público urbano. El Lindenhofkeller arqueológico está cerrado por obras en la fecha de comprobación; no planifique el acceso clave sin volver a comprobarlo.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La subida es corta, pero discurre por el pavimento del casco antiguo. Los muros arqueológicos están ocultos bajo la plaza, así que oriéntese por las señales visibles y el relato, sin contar con una visita subterránea.
