Parada 5 de 9

Palacio Presidencial

Lietuvos Respublikos Prezidentūra

Unas salas del palacio unirán el rechazo estival a negociar con la recompensa invernal al vencedor.

12 min
Fachada principal del Palacio Presidencial, con largas columnatas y una bandera.
Zairon · CC BY-SA 4.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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En qué fijarse

  • Fachada blanca del palacio
  • Columnas dóricas
  • Estandarte presidencial sobre el tejado

La historia del lugar

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La fachada clara y la hilera de columnas dóricas revelan el lado ceremonial del palacio; cuando el presidente de Lituania permanece en Vilna, izan su estandarte sobre el tejado. Antes de la administración rusa, aquí vivían los obispos de Vilna. Después, el edificio fue entregado al gobernador general, el virrey zarista de varias provincias: vivía aquí, trabajaba aquí y recibía a los monarcas que llegaban. Ahora, dentro de estos muros tienen su sede el presidente de Lituania y su Cancillería Presidencial; se celebran negociaciones y recepciones de dirigentes extranjeros.

El primero de julio de mil ochocientos doce, el emperador francés Napoleón recibió aquí al enviado ruso Aleksandr Balashov. Este llegó con una propuesta para detener la guerra. Según los recuerdos de Balashov, la conversación tuvo lugar en la misma habitación desde la cual el emperador ruso Alejandro I lo había enviado unos días antes. Allí permanecían una mesa de estilo Luis XVI y muebles de caoba. A la mesa se sentaba ya otro emperador.

Cinco años antes, Napoleón y Alejandro habían firmado la paz y se habían declarado aliados. Napoleón exigía que Rusia participase en el Bloqueo Continental: la prohibición de comerciar con Gran Bretaña. Para los comerciantes rusos, eso suponía la pérdida de uno de sus principales mercados, y Alejandro dejó gradualmente de cumplir las condiciones. Ambos emperadores empezaron a concentrar tropas. En junio, Napoleón llevó a la Grande Armée a través del Niemen y esperaba obligar a Alejandro a ceder mediante varias batallas rápidas.

Alejandro vivía en este palacio desde abril, preparándose para la guerra. Al abandonar Vilna —así se llamaba la ciudad en el Imperio ruso—, envió a Balashov al encuentro de los franceses. Balashov era general ayudante de campo, un oficial encargado de las misiones personales del emperador, y ministro de Policía, es decir, jefe del organismo de seguridad interior. Su puesto y su sustento dependían de la confianza de Alejandro. Ahora debía atravesar los puestos avanzados del enemigo y entregar la carta personalmente a Napoleón.

Los húsares franceses estuvieron a punto de abrir fuego, hasta que el cosaco que acompañaba a Balashov dio con su trompeta la señal de parlamentario. Uno de los comandantes franceses le quitó la carta y dejó al enviado bajo guardia. Balashov avanzó durante varios días siguiendo al ejército que avanzaba. Cuando por fin lo llamaron ante Napoleón, las tropas francesas ya habían ocupado Vilna y Napoleón se había instalado en las habitaciones de Alejandro.

La condición era una sola: las negociaciones comenzarían si la Grande Armée se retiraba de nuevo al otro lado del Niemen. Napoleón se negó. Retirarse después de ocupar Vilna significaba para él reconocer el fracaso de una campaña que presentaba ante Europa como una victoria casi consumada. Balashov partió con la negativa; los oficiales rusos, que temían por él, no supieron hasta el final si dejarían marchar al parlamentario. Tras su regreso, cesaron las negociaciones oficiales.

Napoleón pasó diecinueve días en el palacio. Mientras organizaba el abastecimiento y la administración de las tierras ocupadas, los dos ejércitos rusos tuvieron tiempo de retirarse y evitaron una batalla decisiva junto a la frontera. El emperador francés siguió adelante, ocupó Moscú, pero aun así no obtuvo la paz de Alejandro. La Grande Armée comenzó la retirada y casi pereció en el camino. Napoleón no volvió a este palacio.

En diciembre, Alejandro regresó aquí. Ante el palacio recibieron al comandante en jefe del ejército ruso, Mijaíl Kutúzov, que perseguía a los franceses en retirada. Dentro, Alejandro le entregó la Orden de San Jorge de primera clase, la más alta condecoración militar del imperio. Así, la negativa que Balashov sacó de esta habitación en verano encontró aquí su desenlace en invierno.

El palacio no resultó adecuado para ambas sedes imperiales por casualidad. Antes de la incorporación de Vilna al Imperio ruso, aquí se encontraba la residencia de los obispos de Vilna. Después, la administración rusa la entregó al gobernador general, el virrey zarista de varias provincias. Vivía aquí, trabajaba aquí y recibía a los monarcas que llegaban.

La fachada blanca con columnas dóricas apareció más tarde: el palacio fue reconstruido a fondo en los años veinte y a comienzos de los años treinta del siglo diecinueve. Desde mil novecientos noventa y siete trabajan aquí el presidente de Lituania y la Cancillería Presidencial; se celebran negociaciones y recepciones de dirigentes extranjeros. Cuando el presidente se encuentra en el palacio y en Vilna, izan el estandarte presidencial sobre el tejado. Ya no es posible identificar desde la plaza la ventana exacta de la habitación descrita por Balashov: la fachada actual se construyó después de aquel encuentro.

Información práctica

Tiempo en la parada12 min
Siguiente puntoPlaza del Ayuntamiento
Entradaexterior; las visitas al interior, solo con reserva previa

La plaza está accesible permanentemente. Las visitas gratuitas al palacio se realizan los fines de semana según un horario independiente y requieren inscripción previa.

Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Es una residencia oficial en funcionamiento: obsérvela desde la zona pública autorizada y tenga en cuenta los requisitos de seguridad. La visita de las salas interiores solo es posible como programa organizado independiente.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Vuelva a la calle Pilies y baje por la calle Didžioji hacia el pórtico blanco.

Parada 5 de 9Después: Plaza del Ayuntamiento

Ruta terminada

Paseo completado

«Poder y fe en la vieja Vilna» — 9 paradas, 1,9 km, 2 h 45 min.

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