Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Tiendas en las plantas bajas
- Pisos residenciales sobre las tiendas
- Placa de mármol blanco
- Cuatro nombres en el memorial
La historia del lugar
La calle Serrano sigue siendo hoy una calle comercial. Sus antiguas casas están dispuestas para ello: tiendas abajo, viviendas arriba. En el siglo diecinueve, la actual calle Serrano se llamaba La Planchada. Corría paralela a la costa y unía la aduana con el arsenal. Los comerciantes se establecían donde circulaban las mercancías y los compradores; las familias acomodadas construían casas de dos y tres plantas y, más tarde, los constructores ganaron terreno al mar con rellenos.
Después de la Guerra del Pacífico, la calle recibió el nombre del oficial naval chileno Ignacio Serrano. En mayo de mil ochocientos setenta y nueve, durante el Combate de Iquique, mandaba los cañones de la corbeta Esmeralda. Tras la muerte del comandante Arturo Prat, Serrano reunió a doce marineros y, en el siguiente golpe de ariete, los condujo a la cubierta del acorazado peruano Huáscar. Intentó bloquear el mecanismo giratorio de la torre artillera. Serrano resultó gravemente herido; los marineros peruanos lo llevaron a un camarote, un médico lo atendió, pero el teniente murió por pérdida de sangre. Su grupo fue derrotado y el intento de capturar el acorazado fracasó. Precisamente por ese acto, el apellido Serrano apareció en las placas de las calles.
La historia más grave de esta calle comenzó temprano en la mañana del tres de febrero de dos mil siete. Los bomberos informaron a la compañía de gas GasValpo de una fuga y a la empresa energética Chilquinta de que había desaparecido la electricidad. Avelina Pozo Muñoz, residente de una de las casas, también llamó a la empresa energética e informó de que se había ido la luz.
Los trabajadores de GasValpo localizaron la fuga y descubrieron un cable con tensión junto a la tubería de gas. Era peligroso continuar la excavación, por lo que llamaron a empleados de Chilquinta para que desenergizaran la línea. Sin embargo, el suministro de gas y electricidad no se interrumpió a tiempo.
El cable dañado formó un arco eléctrico. El metal incandescente perforó una tubería de gas de polietileno. El gas recorrió la antigua red de hierro fundido a lo largo de la calle, penetró por grietas en el sótano de las casas número trescientas noventa y dos y trescientas noventa y ocho, y se acumuló allí. La investigación no estableció qué chispa fue exactamente la última. Hacia las ocho y media se produjo una explosión y después comenzó un incendio. Cuatro edificios quedaron destruidos y varios más sufrieron daños.
Murieron Avelina Pozo y su hijo Aldo Ayala, Ivonne Castro y Eliseo Páez, de cincuenta y nueve años, que se ganaba la vida limpiando zapatos. Más de cuarenta personas resultaron heridas. Los afectados reclamaron una compensación durante ocho años. En dos mil quince, un tribunal civil declaró a GasValpo y Chilquinta responsables del estado defectuoso de las redes subterráneas y de la eliminación tardía del peligro.
Junto al número ochocientos doce hay un memorial con una placa de mármol blanco. En ella están grabados cuatro nombres; Avelina, que aquella mañana llamó ella misma a la empresa energética, figura junto a su hijo Aldo.
Información práctica
Abierta como calle urbana; es mejor recorrerla de día y sin detenerse mucho junto a las fachadas cerradas.
Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Observe los edificios desde el lado opuesto de la calle y no entre detrás de las vallas de las zonas deterioradas o desocupadas.
