Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El paso abierto entre bloques de piedra
- El puente sobre el foso profundo
- Los Bastiones de Santiago y San Juan
La historia del lugar
La abertura actual en la muralla de piedra se convirtió en la quinta entrada a La Valeta. Se habilitó en el lugar de la demolida Porta Reale: al puente le devolvieron su anchura anterior y, entre los pesados bloques de piedra, dejaron un paso de ocho metros abierto al cielo. Abajo sigue extendiéndose el foso profundo, y a ambos lados se elevan los Bastiones de Santiago y San Juan, parte de las fortificaciones con las que los caballeros defendían la capital por tierra.
El nombre maltés Bib-il-Belt significa literalmente «puerta de la ciudad». Es la principal entrada por tierra a La Valeta: un puente cruza un foso profundo y el paso se abre entre los Bastiones de Santiago y San Juan. Hoy no hay aquí ni arco ni hojas de puerta. Pero en enero de mil setecientos noventa y nueve, el desenlace del asedio dependía de la posibilidad de abrir estas puertas.
Entonces se alzaba aquí Porta Reale, las «Puertas Reales» de mil seiscientos treinta y tres. Los franceses que habían ocupado Malta las rebautizaron como Puertas Nacionales. Seis meses antes de la conspiración, el ejército de Napoleón obligó a los caballeros de la Orden de San Juan a rendir la isla. Después, los funcionarios franceses comenzaron a requisar los bienes de la orden y los objetos de valor de la Iglesia. Los malteses se sublevaron, expulsaron a las tropas francesas de la mayor parte de la isla y encerraron a la guarnición de Vaubois en La Valeta y en las ciudades fortificadas vecinas.
No lograban tomar La Valeta por asalto. Las murallas y el foso, construidos por los caballeros para defender la capital, protegían a la guarnición francesa. Detrás de ellos se encontraban también los principales almacenes de grano de la isla. Los destacamentos malteses estaban fuera; los soldados franceses y los habitantes que permanecían en la ciudad, dentro. Las puertas unían las dos partes de la revuelta, que no podían llegar la una hasta la otra.
El sacerdote Mikiel Xerri enseñaba filosofía en la Escuela Central, creada por la administración francesa. Seguía trabajando dentro de la ciudad sitiada y allí mismo dirigió una conspiración contra la guarnición. El plan militar lo trazó Guglielmo Lorenzi, antiguo corsario y coronel retirado con experiencia en las guerras contra el Imperio otomano. Los conspiradores pensaban atacar simultáneamente el cuartel general del general, las fortificaciones y las puertas de la ciudad. La señal debía ser el toque de la campana principal de la Iglesia de San Juan.
Porta Reale fue encomendada a Luigi Amato, antiguo oficial de infantería. Debía conducir entre cincuenta y setenta hombres contra la guardia, abrir de par en par la entrada principal y dejar pasar a los destacamentos que esperaban del lado de Floriana. Para Amato era una tarea militar conocida, solo que no recibía paga por ella: en caso de fracaso, el tribunal francés consideraba rebeldes a los participantes.
En vísperas del día señalado, un barco genovés rompió el bloqueo marítimo. Trajo alimentos y noticias de las victorias del ejército francés en Italia. Los soldados de La Valeta recibieron las noticias con gritos. Los destacamentos malteses tras las murallas los tomaron por la señal convenida y comenzaron el ataque antes de tiempo. Lorenzi aplazó un día la acción dentro de la ciudad; sin embargo, una parte de los hombres ya se ocultaba en los almacenes de cuarentena junto a Marsamxett, y otro grupo, en el foso de La Valeta. Una patrulla francesa descubrió a los conspiradores; por la mañana capturaron a los hombres del foso y el mando recibió la lista de participantes.
Lorenzi fue fusilado el catorce de enero, Xerri el diecisiete y Amato el veinte. En total, tras el fracaso de la conspiración ejecutaron al menos a cuarenta y tres personas. Las puertas permanecieron cerradas, y la guarnición francesa mantuvo La Valeta hasta septiembre de mil ochocientos, cuando el agotamiento de las provisiones obligó a Vaubois a rendirse.
Aquella Porta Reale fue demolida hace mucho tiempo. La entrada actual, la quinta, se terminó en dos mil catorce según el proyecto de Renzo Piano. Al puente le devolvieron las dimensiones que tenía con las puertas de mil seiscientos treinta y tres, pero entre los bloques de piedra dejaron un paso de ocho metros abierto al cielo. Aquí ya no queda nada que tomar ni que abrir de par en par: las hojas de puerta hasta las que debía abrirse paso Luigi Amato desaparecieron junto con las antiguas puertas.
Información práctica
Paso público abierto las veinticuatro horas; no hay horarios especiales de visita.
Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Deténgase antes de la entrada para ver el paso entero; las ruinas de la ópera pueden visitarse desde el exterior.
