Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Columnas torsas
- Inscripción latina en las paredes
- Torre de piedra
- Ventanas góticas
La historia del lugar
Las columnas torsas se elevan en la sala que servía a los mercaderes valencianos como lugar para las operaciones comerciales. Las mercancías llegaban por mar al puerto, y en el centro de la ciudad se vendían y se encontraba a quienes hacer negocios. Además de telas, aquí se comerciaba con grano, aceite, lana y especias. La seda fue pasando poco a poco a primer plano y se consolidó en el nombre de la Lonja de la Seda, aunque el comercio nunca se redujo a ella sola.
En la sala de columnas de la Lonja de la Seda se encontraba un banco que parecía un mueble. Detrás de la taula de madera —una mesa— se cambiaban monedas, se aceptaban depósitos, se concedía crédito comercial y se transfería dinero de la cuenta de un mercader a la de otro. La institución tomó su nombre de esta mesa: Taula de Canvis, «mesa de cambio».
El Ayuntamiento de Valencia ya había creado un banco de este tipo en el año mil cuatrocientos ocho, en la antigua Lonja de la Seda, cerca de aquí. Los consejeros querían reducir las deudas de la ciudad y proteger los depósitos, pero, en lugar de utilizar la Taula de Canvis como un banco propiamente dicho, la emplearon sobre todo como caja municipal. Ocho años después tuvieron que liquidarla por mala gestión.
En el año mil quinientos diecinueve, los consejeros se decidieron por un segundo intento e instalaron la Nueva Taula de Canvis en esta misma sala. Eligieron el lugar porque aquí convergían las propias transacciones. Las mercancías llegaban al puerto, pero se vendían en el centro de Valencia; en la Lonja de la Seda, los mercaderes encontraban socios, celebraban contratos y saldaban sus obligaciones. La ciudad respondía de los depósitos con todos los bienes municipales. La gran caja estaba a cargo de tres administradores, elegidos por dos años; al tomar posesión, aportaban su propia garantía. Los asistían un mercader conocedor de la práctica comercial y un notario responsable de los registros.
Para un comerciante, aquello suponía una protección importante. Sus fondos podían permanecer mucho tiempo en una carga enviada por mar, y el naufragio de un barco o la negativa de un deudor a pagar le dejaban obligaciones ante otras personas. La Taula de Canvis permitía guardar el dinero bajo garantía municipal, pagar operaciones sin transportar toda la suma en monedas y obtener crédito para la siguiente vuelta comercial. La Nueva Taula de Canvis existió hasta el año mil seiscientos cuarenta y nueve, cuando la cerraron tras otro fracaso financiero. Nueve años después, los consejeros abrieron una tercera, la más reciente Taula de Canvis; fue liquidada definitivamente en el año mil setecientos diecinueve.
El riesgo del comerciante estaba inscrito en la disposición del edificio. Entre la sala de contratación y la sala del Consulado del Mar —el tribunal que resolvía los litigios de los participantes en el comercio marítimo— se alza una torre. Sus dos plantas superiores estaban destinadas a los mercaderes declarados insolventes. Abajo se celebraba el contrato y se efectuaba el pago, al lado se juzgaba el litigio y arriba se retenía a quienes no podían saldar sus deudas. Por las paredes de la sala corre una inscripción latina: exige no mentir en el comercio, no engañar al prójimo y no prestar dinero a interés; al mercader honrado le promete riqueza y vida eterna.
El nombre de «Lonja de la Seda» se consolidó más tarde. Aquí se comerciaba con grano, aceite, lana, especias y otras mercancías, pero la seda fue desplazándolas poco a poco en la economía urbana. Incluso antes de la apertura de la sala, cincuenta y seis maestros tejedores de seda, entre ellos doce genoveses, redactaron las normas de su oficio. El Ayuntamiento de Valencia y el rey Fernando II de Aragón reconocieron su asociación; los genoveses transmitieron a los valencianos las técnicas de fabricación de terciopelo, satén, damasco y brocado. Ya en el año mil cuatrocientos ochenta y siete había en Valencia doscientos noventa y tres maestros tejedores de seda. A finales del siglo diecisiete, el producto de estos artesanos dio a la Lonja de la Seda el nombre que ha conservado el edificio, aunque aquí las transacciones nunca se limitaron a la seda.
La taula de madera ya no está en la sala de columnas. La mesa desde la que la ciudad garantizaba los depósitos de los mercaderes fue trasladada al Palacio de Cervelló; en la Lonja de la Seda permanecen la inscripción sobre el lugar de las transacciones y las dos plantas carcelarias de la torre.
Información práctica
La visita exterior es libre; la página turística oficial indica horario diurno para la Lonja de la Seda, con horario reducido los domingos y festivos y última entrada antes del cierre.
Comprobado: 27 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Conviene contemplar la fachada despacio y desde distintos puntos de la plaza. La sala de contratación solo es accesible con una entrada aparte; incluso sin ella, la parada sigue teniendo contenido.
