Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Arco de piedra
- Panel cerámico sobre el paso
- Rejas de los balcones
- Apoyos salientes de la cubierta
La historia del lugar
El Portal de la Valldigna está integrado en un barrio residencial: el arco de piedra pasa bajo una fachada con rejas de balcones y apoyos salientes de la cubierta. Cerca se alzaba en otro tiempo una casa urbana del monasterio cisterciense, desde donde los monjes y los administradores gestionaban los asuntos del monasterio, situado a unos cincuenta kilómetros de Valencia. La casa desapareció, pero su nombre quedó en el paso y en la calle. El panel cerámico sobre el arco se realizó en el siglo XX en sustitución de una imagen anterior.
El arco de piedra se abrió en la muralla islámica del siglo XI en mil cuatrocientos. Para entonces, los constructores cristianos ya habían rodeado Valencia con un nuevo y más amplio cinturón de fortificaciones, y la antigua muralla exterior quedó dentro de la ciudad. Tras ella se encontraba la morería, un barrio separado de los musulmanes que permanecieron en Valencia después de la conquista cristiana. Para que los vecinos y los artesanos pudieran pasar entre el barrio y el resto de la ciudad, se habilitó este paso en la vieja muralla. No tenía hojas de puerta.
El nombre llegó desde el otro lado del arco. Junto a él se alzaba una casa urbana de representación del Real Monasterio de Santa María de la Valldigna, un monasterio cisterciense. Aquí, los monjes y sus administradores gestionaban los asuntos del lejano monasterio, situado a unos cincuenta kilómetros de Valencia. La proximidad fue tan notable que su nombre se fijó primero en el paso y después en la calle. La imagen sobre el arco también remite al monasterio, aunque el actual panel es una copia del siglo XX; la imagen original se instaló en mil quinientos ochenta y nueve.
La muralla medieval fue quedando integrada poco a poco en casas particulares. Los vecinos apoyaban en ella los forjados, ocupaban el espacio sobre el paso y añadían habitaciones. Por eso, en el siglo XX el portal pertenecía a los propietarios de las casas número doce y catorce y formaba con ellas una sola estructura.
En mil novecientos cuarenta y dos, la propietaria de las casas, Elena Castillo y Arnedo, marquesa de Llanera, encargó al arquitecto Antonio Gómez Davó derribar las dependencias deterioradas y construir en su lugar viviendas aptas para habitar. Era un encargo legal de la clienta, que el arquitecto se comprometió a ejecutar. Pero dentro de su parcela permanecían la mitad de una torre islámica y varios metros de muralla, y el propio Gómez Davó pertenecía a la Academia de Bellas Artes y trabajaba para lograr su conservación.
Al principio pensaba dejar la vieja fachada en su lugar. Durante la inspección se comprobó que los cimientos junto a la escalera habían cedido, una de las vigas estaba rota y el mortero entre los ladrillos se deshacía. Sin los forjados interiores, la fachada podía derrumbarse sobre los edificios vecinos. Gómez Davó se negó por escrito a asumir responsabilidad por las obras si se conservaba en pie la peligrosa muralla. El Ministerio autorizó la demolición, pero exigió reproducir la fachada, devolverle las antiguas rejas de los balcones y los azulejos, y conservar los apoyos salientes de la cubierta.
Gómez Davó encargó el propio desmontaje a su colega Salvador Pascual. Las casas se desmontaron y se levantaron de nuevo, se reutilizaron las piezas antiguas y se copiaron las que faltaban. La marquesa recibió nuevas viviendas, el arquitecto terminó el encargo y el paso de piedra permaneció en su lugar original.
Desde la calle Baja, el contorno del portal apenas cambió tras aquella reconstrucción. Lo medieval aquí es el propio arco de piedra; las casas que lo rodean por arriba y por los lados pertenecen en buena medida a la reconstrucción de los años cuarenta del siglo XX. El barrio musulmán y la representación del monasterio ya no están junto a él, pero el límite del uno y el nombre de la otra se conservan en este paso.
Información práctica
El portal se contempla directamente desde la calle y no requiere una entrada independiente. No bloquee el paso a los vecinos ni a los peatones, especialmente mientras escucha.
