Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Plaza cubierta
- Dos filas de columnas
- Tres pasajes bajo bóvedas
- Joyerías
La historia del lugar
El zoco El Berka ocupa una pequeña plaza cubierta en el cruce de cuatro calles. Dos filas de columnas la dividen en tres pasajes, y las tiendas se abren bajo las bóvedas. Yusuf Dey, gobernante de Túnez, mandó construir este mercado en mil seiscientos doce para vender personas capturadas y botín militar. La cercanía a la residencia del gobernante permitía a los funcionarios supervisar el comercio y al tesoro cobrar tributos.
En el centro había una plataforma de madera. Los viernes se sentaban cerca vendedores y escribanos que formalizaban las transacciones. El pregonero del mercado hacía subir a la plataforma a personas esclavizadas y continuaba la puja hasta oír la oferta más alta. Los compradores examinaban los dientes, la lengua, las manos y las piernas. En mil ochocientos cuarenta y uno, durante una jornada de mercado se vendían aquí de veinte a treinta personas, principalmente mujeres. Tras la última puja, el vendedor recibía el dinero, el tesoro el impuesto, y la persona vendida se iba a la casa de su nuevo dueño.
El origen del nombre «Berka» se explica de distintas maneras. Se lo relaciona tanto con la plataforma de madera como con los camellos a los que obligaban a arrodillarse tras entregar a los cautivos. La propia plataforma desapareció, por lo que ya no se puede comprobar ninguna de las dos interpretaciones mediante el objeto en el lugar.
Ahmad I Bey, gobernante de la Regencia de Túnez, decidió poner fin gradualmente al comercio de personas: una abolición brusca afectaba a los bienes de familias acomodadas y a normas que los jueces habían utilizado durante muchas generaciones. El seis de septiembre de mil ochocientos cuarenta y uno prohibió la venta de personas esclavizadas en los mercados y ordenó derribar en El Berka las tiendas donde esperaban las subastas. Las subastas de los viernes cesaron, pero las personas que ya se encontraban en casas ajenas aún no habían obtenido la libertad.
En diciembre de mil ochocientos cuarenta y dos, Ahmad I Bey declaró libres a los niños nacidos en la regencia después de su decreto. Después solicitó la opinión de juristas musulmanes: necesitaba justificar la liberación de quienes los dueños consideraban bienes adquiridos legalmente. El veintitrés de enero de mil ochocientos cuarenta y seis, el bey ordenó liberar a todos los que aún permanecían esclavizados. En varias zawiyas tunecinas —retiros religiosos—, los funcionarios entregaban documentos de liberación a quienes buscaban protección, y el propio gobernante los ratificaba después. Fuera de la capital se siguió resistiendo a la orden durante mucho tiempo, pero en El Berka ya no podían vender personas abiertamente.
Tras el cierre del mercado de esclavos, los joyeros ocuparon las tiendas. Ya no existen la plataforma de madera ni los recintos para las personas que esperaban ser vendidas. Se conserva la propia plaza, con columnas y bóvedas; ahora a su alrededor se venden joyas de oro y plata, también en subasta.
Los pasajes vecinos llevan al zoco Ech-Chaouachine. Los chaouachis eran los artesanos de la chechia, un gorro rojo de fieltro. A comienzos del siglo diecisiete, los moriscos, descendientes bautizados de musulmanes españoles expulsados de España, dieron un nuevo impulso al oficio. Perdieron sus casas y sus bienes, pero en Túnez reconstruyeron sus talleres. La producción se convirtió en una de las principales actividades del país y, en los años mil seiscientos noventa y uno y mil seiscientos noventa y dos, Muhammad II ibn al-Husayn mandó construir para los artesanos tres mercados separados junto al palacio. En la lista de propietarios de tiendas de mil setecientos cuarenta y ocho, más de nueve décimas partes correspondían a familias de origen morisco.
La chechia no se fabricaba en una sola tienda: se tejía en Ariana, se cosía en Bab Souika, se lavaba y se enfieltraba junto a la presa de El Battan, y se teñía en Zaghouan. En los talleres del zoco Ech-Chaouachine se daba a la pieza su forma definitiva y se acababa la superficie. De esta cadena, en las calles vecinas queda el nombre de la corporación profesional. En El Berka ya no hay plataforma, pero al lado sigue existiendo un mercado llamado por los artesanos de las chechias rojas, los gorros de fieltro.
Información práctica
El paso por el mercado y las calles vecinas suele ser posible durante el día; el horario de las tiendas y los talleres es individual, y en algunos escaparates la función histórica ya solo se percibe en el tejido urbano.
Comprobado: 17 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Es un mercado activo y un lugar de historia dolorosa: observe los detalles sin entorpecer el comercio ni convertir el relato de la esclavitud en un fondo efectista.
