Parada 4 de 7

teatro romano de Cartago

Théâtre romain de Carthage

Esta parada devolverá la voz al hombre que compareció para dar explicaciones ante toda la audiencia de la ciudad.

15 min
Filas de piedra y escenario del teatro romano de Cartago.
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En qué fijarse

  • Restos del escenario
  • Semicírculo de la orquesta
  • Filas inferiores de los antiguos asientos
  • Gradas reconstruidas

La historia del lugar

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El semicírculo junto al escenario acogía antaño a unas diez mil personas, y a estos asientos acudían no solo los amantes de los espectáculos: venían a escuchar conferencias y a ver mimos, tragedias y comedias, bailarines, malabaristas y funambulistas. El escenario estaba enmarcado por columnas y galerías cubiertas, y ante él se extendía la orquesta, con suelo de mármol y una tarima de madera. Los arqueólogos descubrieron las antiguas filas inferiores y los restos del escenario bajo una profunda capa de tierra; las amplias gradas que las rodean aparecieron mucho más tarde. Ahora, en verano, el Festival Internacional de Cartago vuelve a llenarlas.

En la segunda mitad del siglo segundo, Apuleyo salió al escenario de este teatro apenas apoyándose en una pierna lesionada. Filósofo platónico y orador profesional, regresó ante el público de Cartago para explicar su desaparición y agradecer a los ciudadanos el mayor reconocimiento de su carrera: el decreto para una estatua pública.

Apuleyo creció en Madaura, una ciudad situada en el territorio de la actual Argelia. Su padre les dejó a él y a su hermano una gran fortuna; Apuleyo redujo considerablemente su parte con largos estudios y viajes. En Cartago estudió retórica y luego continuó su formación en Atenas y Roma. La herencia pagaba esa vida, mientras que su posición social la obtenía con libros y discursos. En aquella época, un orador célebre llenaba un teatro tanto como un actor o un funambulista.

La intervención anterior de Apuleyo fue interrumpida por la lluvia. Prometió terminar el discurso al día siguiente, pero después se lesionó la pierna en el gimnasio. Tuvieron que recolocarle la articulación; el dolor y el esfuerzo le hicieron sudar, y luego comenzaron los escalofríos y los retortijones abdominales. Según el propio relato de Apuleyo, estuvo a punto de morir. Durante varios días se trató en las Termas Persas y no compareció ante los oyentes.

Durante su ausencia, el ex cónsul Emiliano Estrabón, antiguo compañero de estudios de Apuleyo, presentó al consejo de la ciudad la propuesta de erigir una estatua del filósofo en un lugar destacado. Estrabón buscaba el reconocimiento oficial de un hombre cuyos discursos ya eran conocidos en Cartago. El consejo aprobó la propuesta por unanimidad y asignó un lugar, mientras que el propio Estrabón prometió pagar el bronce y el trabajo del artesano.

Apuleyo aún no podía caminar con normalidad cuando el tratamiento le permitió llegar al teatro. Faltar a la intervención habría significado dejar sin explicación una promesa incumplida precisamente cuando los ciudadanos decidían si merecía un honor público. Desde el escenario relató su enfermedad, agradeció a Estrabón, al consejo y a los oyentes, y subrayó que él no había pedido la estatua. Después prometió poner por escrito el agradecimiento para que se difundiera por las provincias.

Para un discurso así hacía falta un teatro. En la Cartago romana cabían aquí unas diez mil personas. Apuleyo enumeraba los usos habituales de este escenario: mimos, comedias, tragedias, danzas, malabaristas, funambulistas y conferencias filosóficas. Describía el suelo de mármol, la tarima de madera, las columnas de la fachada escénica, las galerías cubiertas y las filas de asientos. La reputación pública se forjaba ante toda esta audiencia semicircular.

De aquel entorno solo se ha conservado una pequeña parte. Los arqueólogos encontraron los restos del escenario, de la orquesta y de las filas inferiores bajo una capa de tierra de varios metros; ya en la primavera de mil novecientos seis la gente volvió a ofrecer aquí espectáculos. La mayor parte de las gradas actuales se levantó en reconstrucciones posteriores, y desde mil novecientos sesenta y cuatro las llenan los espectadores del Festival Internacional de Cartago. Se desconoce el destino de la estatua prometida a Apuleyo. Su discurso se conservó en la colección «Florida», junto con la enumeración de tablones, columnas y cubiertas que ya no existen ante el escenario actual.

Información práctica

Tiempo en la parada15 min
Siguiente puntoTermas de Antonino
Entradadesde fuera

Incluido en la entrada conjunta de Cartago; el acceso puede estar limitado durante los festivales y el montaje.

Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Recuerde que el aspecto visible ha sido reconstruido en buena medida; durante los preparativos de los festivales, el acceso al escenario o a las filas puede estar limitado.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Deje el teatro a su espalda, pase por debajo del ferrocarril y baje hacia el mar.

Parada 4 de 7Después: Termas de Antonino

Ruta terminada

Paseo completado

«Cartago: Birsa e imperios junto al mar» — 7 paradas, unos 4,3 km, 3,5–4 horas.

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