Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Bóvedas inferiores
- Pasadizos de servicio
- Columna reconstruida de la sala fría
La historia del lugar
Junto al mar de Cartago se alzan las ruinas de unas termas que ocuparon cuatro manzanas urbanas, desiertas tras un incendio. Aquí los habitantes descansaban y se reunían, pasando de los vestuarios a las salas templadas y calientes, la sala fría y la piscina al aire libre; cerca había zonas para hacer ejercicio y letrinas. Sobre los muros bajos se eleva una columna reconstruida que recuerda las salas principales, ya desaparecidas. El agua llegaba desde los manantiales de Zaghouan por un largo acueducto y se recogía en cisternas situadas sobre las termas.
Las bóvedas bajas y los pasadizos se han conservado porque los antiguos visitantes de las termas apenas bajaban hasta aquí. En este nivel, los sirvientes almacenaban combustible, vigilaban los hornos y conducían el agua. Las salas con piscinas estaban un piso más arriba y han desaparecido. La columna de quince metros que se eleva sobre las ruinas estaba en la sala fría, entre otros siete soportes iguales; la superficie de esta sala era comparable a la de una gran catedral.
Antes de las termas, junto a la costa había un barrio residencial. Tras un incendio, cuatro manzanas urbanas desiertas se destinaron a un complejo público. Los dirigentes de Cartago querían dotar a la capital de la provincia romana de África de unas termas de la misma escala que se construían en la propia Roma. Una obra así requería el consentimiento del emperador.
Era Antonino Pío, el emperador romano de quien los magistrados de Cartago obtenían autorización y ayuda. Una inscripción dedicatoria informa de que la ciudad construyó y adornó las termas con permiso de Antonino y gracias a sus concesiones. Las propias obras estuvieron a cargo de dos duunviros, los dos principales magistrados de la ciudad. Sus nombres se conservan solo en parte en una losa rota.
El lugar junto al mar se eligió también para el funcionamiento de una enorme infraestructura. Los ingenieros conducían agua dulce por el acueducto de Zaghouan desde los manantiales de Zaghouan, situados aproximadamente a ciento treinta y dos kilómetros de Cartago. Por encima de las termas, grandes cisternas recibían el agua y luego la dirigían a las piscinas. El combustible para los hornos llegaba por mar. Los sirvientes lo recibían en el nivel inferior y atendían las calderas sin cruzarse con los bañistas.
Arriba, el visitante recorría una de dos secuencias simétricas de estancias: vestuarios, salas templadas y calientes, una sala fría y una piscina al aire libre. Cerca había zonas para hacer ejercicio y letrinas. Para los habitantes eran baños públicos, un lugar de descanso y encuentro; para quienes los atendían, una red de agua, hornos y un movimiento constante bajo los suelos de mármol.
Antonino Pío murió en el año ciento sesenta y uno y no llegó a ver la inauguración. Sus hijos adoptivos y sucesores, Marco Aurelio y Lucio Vero, terminaron los pórticos y las construcciones exteriores. La inauguración definitiva de las termas y del acueducto tuvo lugar en el año ciento sesenta y dos. El complejo sirvió correctamente a la ciudad durante más de dos siglos.
De las salas superiores queda una columna reconstruida; de la planta de servicio, las bóvedas entre las que ahora pasan los visitantes. De los magistrados que dirigieron aquí la construcción han llegado fragmentos de nombres; del emperador que dio el permiso y murió antes de la inauguración, el nombre de las Termas de Antonino.
Información práctica
Incluido en la entrada conjunta de Cartago; la AMVPPC publica los horarios estacionales del parque arqueológico.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Los niveles de piedra y los desniveles exigen calzado estable; manténgase en los pasadizos señalizados y reserve tiempo para contemplarlas desde el mar.
