Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachadas de ladrillo rojo
- Soportales del lado de la calle Guangzhou
- Puertas del lado del callejón Kangding
- Carácter chino del apellido Song
La historia del lugar
Bajo los soportales a lo largo de la calle Guangzhou se extiende una hilera de casas comerciales estrechas y profundas. Cuando el callejón Kangding era la carretera entre Monga y Guting, aquí había tiendas de arroz, carbón, comestibles y té. La mercancía se vendía en la primera sala, y la familia vivía detrás o un piso más arriba. Más tarde, el barrio se salvó de una gran reconstrucción, y las antiguas tiendas, tras la restauración, se convirtieron en lugar de exposiciones y clases sobre la historia de la ciudad.
Las fachadas de ladrillo rojo del barrio histórico de Bopiliao dan a la actual calle Guangzhou, pero las entradas originales de esas mismas casas se encuentran al otro lado, en el estrecho y sinuoso callejón Kangding. Los propietarios de las tiendas reorientaron una vez el comercio ciento ochenta grados para no quedarse sin clientes.
Hasta principios del siglo veinte, el callejón formaba parte de la carretera entre Monga y el asentamiento de Guting. Por él llevaban mercancías a los mercados de Monga. A lo largo del paso vivían comerciantes de arroz, vendedores de carbón, tenderos y propietarios de casas de té. Sus casas se construían largas y estrechas: en la sala delantera vendían la mercancía, y detrás o en el piso superior vivía la familia. Los ingresos dependían de la gente que pasaba ante la puerta.
Después, los funcionarios de la administración colonial japonesa empezaron a enderezar las calles de Taipéi. Trazaron amplias vías siguiendo una cuadrícula rectangular, entre ellas la actual calle Guangzhou. Los compradores y los carros pasaron a circular por allí, y la antigua calle comercial quedó apartada.
Los propietarios de la hilera sur de casas trasladaron las entradas principales a la calle Guangzhou y levantaron, del lado de la nueva vía, fachadas de ladrillo con soportales. En algunos edificios especialmente profundos, dividieron el local con una pared en dos tiendas y dejaron un patio interior entre ellas. Las entradas antiguas se convirtieron en puertas traseras, y la calle principal se transformó en un callejón.
Las nuevas fachadas estaban destinadas al comercio, no a la ornamentación. Por la mañana retiraban los paneles de madera de las puertas y los usaban como mesas y estantes para la mercancía. En la tienda de grano de la familia Song, los propietarios colocaron arriba el carácter chino de su apellido; en el interior quedaron las máquinas de moler. Al trasladar los escaparates al nuevo flujo de compradores, los comerciantes pudieron continuar con su negocio, aunque el lado antiguo de sus casas perdió el tránsito que tenía antes.
El propio nombre de Bopiliao no demuestra que aquí se quitara la corteza o se curtieran pieles. En antiguos contratos aparece escrito de distintas formas: Beipiliao, Fupiliao y Fudiliao. Los investigadores consideran que la explicación más convincente es un cambio gradual de la pronunciación local; los relatos sobre talleres de procesamiento de corteza y cuero siguen siendo versiones.
En mil novecientos cuarenta y uno, el barrio se destinó a la ampliación de la vecina Escuela Laosong. A los residentes se les prohibió reconstruir las casas de forma sustancial, y esta limitación preservó involuntariamente la antigua disposición. Tras la restauración, el barrio se abrió al público en dos mil nueve. Ahora, en las antiguas tiendas se celebran exposiciones y clases sobre la historia de Taipéi.
Una hilera de casas sigue teniendo dos frentes comerciales: los soportales dan a la calle Guangzhou y, detrás de ellos, en el callejón Kangding, permanecen las puertas de la calle que era la principal antes de la reorientación de las tiendas.
Información práctica
Martes–domingo: espacios exteriores 09:00–21:00, espacios interiores 09:00–18:00; lunes cerrado. Posibles cambios debido al mal tiempo o a disposiciones municipales.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No se limite a las fachadas aisladas: recorra el callejón entero y compare sus dos lados. Aunque los espacios interiores estén cerrados, la historia principal se sigue leyendo desde fuera.
