Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Puertas de vidrieras con inscripción
- Entrada norte
- Ala sur del antiguo hospital
- Sala de la antigua recepción
La historia del lugar
En las puertas de vidrieras del lado de Macquarie Street todavía se lee la inscripción inglesa «The Mint». El veintiocho de octubre de mil ochocientos sesenta y nueve, Andrew George Scott pasó por esta entrada. Llevaba un lingote de polvo de oro en forma de herradura y quería recibir dinero por él sin explicar de dónde procedía el oro.
Visitantes así llegaban aquí constantemente. Tras el descubrimiento de yacimientos cerca de Bathurst, los legisladores coloniales pidieron al Gobierno británico permiso para acuñar moneda en Sídney: el polvo de oro y las pepitas inundaban el mercado, y a la colonia le faltaba dinero corriente. En mil ochocientos cincuenta y cinco comenzó a funcionar aquí la primera sucursal ultramarina de The Mint. Para ahorrar, los funcionarios ocuparon el ala sur del antiguo hospital y montaron en el patio los talleres traídos de Inglaterra. Cualquier persona podía entregar oro en la recepción; los empleados lo pesaban, determinaban su ley, calculaban su valor y enviaban el metal a fundir y a acuñar soberanos.
Scott sabía que este procedimiento daría a su botín una apariencia legal. Unos meses antes de la visita había servido en el poblado minero de Egerton como lector anglicano remunerado, un laico autorizado a celebrar servicios religiosos. Entabló amistad con Ludwig Bruun, director de la sucursal bancaria local, y averiguó cómo estaba organizada la cámara acorazada. El ocho de mayo, un hombre con máscara y capa obligó a Bruun a abrir la caja fuerte y entregar el oro. El atacante incluso lo forzó a escribir una nota afirmando que el empleado bancario se había resistido, y luego firmó con el nombre de «Captain Moonlite». Más tarde, toda Australia conoció a Scott por ese apodo.
En la recepción de Sídney, un empleado puso el lingote sobre una balanza de precisión: ciento veintinueve onzas troy, unos tres kilogramos seiscientos gramos. Scott recibió un recibo azul. En el reverso ordenó transferir el dinero a Union Bank a nombre de J. Scott y recibió quinientas tres libras, seis chelines y un penique. Allí no necesitó ni máscara ni arma: The Mint lo atendió como a un propietario de oro corriente.
Scott gastó rápidamente el dinero y empezó a pagar con cheques sin fondos. La última compra fue el yate Why Not, «Por qué no»: pensaba partir en él hacia Fiyi, pero la policía acuática lo detuvo antes de zarpar. Mientras Scott cumplía condena por fraude, Bruun logró que continuara la búsqueda. Tras la puesta en libertad de Scott, lo arrestaron ya por el robo de Egerton.
En el juicio de mil ochocientos setenta y dos, Edward Offord Haywood, fundidor de The Mint de Sídney, presentó el recibo y los demás documentos relativos a la venta de las ciento veintinueve onzas. El registro que permitió a Scott recibir el dinero lo vinculó con el oro robado. El jurado lo declaró culpable; recibió diez años de trabajos forzados y un año más por escapar de prisión antes del juicio.
Aquí dejaron de acuñar moneda en mil novecientos veintiséis. Ahora los espacios están ocupados por el servicio museístico estatal, una biblioteca de investigación y una cafetería. Pero la entrada norte de vidrieras se ha conservado y, justo detrás de ella, todavía puede identificarse el lugar de la recepción, donde el empleado pesó el lingote en forma de herradura y expidió el recibo azul.
Información práctica
Desde la calle se aprecia bien la envoltura hospitalaria del edificio. La visita de los espacios interiores y del patio depende del acceso vigente y de los eventos en curso.
