Parada 1 de 8

Plaza 25 de Mayo

Plaza 25 de Mayo

La plaza mostrará cómo el arresto de un solo abogado llevó la disputa por el poder de los despachos a las calles.

15 min
Monumento a Antonio José de Sucre entre los árboles de la Plaza 25 de Mayo.
Dan Lundberg · CC BY-SA 2.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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En qué fijarse

  • Fachada de la Catedral de Sucre
  • Edificio del ayuntamiento
  • Fachada de la administración departamental

La historia del lugar

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En el Sucre colonial, esta era la plaza principal, alrededor de la cual se alzaban las instituciones más importantes de la ciudad. En los lados vecinos estaban el tribunal y la cárcel, la residencia del presidente de la audiencia, el palacio arzobispal y la catedral; para obtener la decisión que necesitaban, los habitantes pasaban de una fachada a otra. La esquina que hoy ocupa la administración departamental señala el lugar de la antigua residencia, y la cárcel de aquella época no se ha conservado. Hoy se conciertan encuentros y se celebran ceremonias urbanas entre la catedral, el ayuntamiento y la administración.

En la noche del veinticinco de mayo de mil ochocientos nueve, los soldados entraron en la casa de Jaime de Zudáñez. Sucre se llamaba entonces La Plata. Zudáñez servía en la Real Audiencia de Charcas, el principal tribunal de una vasta región, y defendía a quienes no podían contratar a un abogado. Su oficio y su posición eran los del derecho; ahora, el presidente de la audiencia, Ramón García de León y Pizarro, lo acusaba a él mismo de conspiración.

El antecedente comenzó en España. El emperador francés Napoleón obligó a los monarcas españoles a abdicar, y el rey Fernando VII quedó prisionero. Su hermana, Carlota Joaquina, que se encontraba en la corte portuguesa de Brasil, propuso gobernar los dominios españoles en nombre de su hermano. Los jueces de Charcas rechazaron sus pretensiones. Pizarro y el arzobispo aceptaban examinarlas. Por la ciudad corrió el rumor de que el presidente pensaba entregar la región a los portugueses; el propio Pizarro estaba convencido de que los jueces querían deponerlo. Decidió adelantarse a sus adversarios y ordenó arrestar a seis personas. Cinco lograron ocultarse. A Zudáñez lo encontraron en casa.

De camino a la cárcel judicial, gritaba que iban a matarlo y llamaba a los habitantes de la ciudad para que lo ayudaran. Detrás corría su hermana, exigiendo que liberaran a su hermano. Tras la escolta se reunió una multitud que salió a la entonces Plaza Mayor, la plaza principal.

Los acontecimientos confluyeron aquí por la disposición de la ciudad colonial. Junto a la plaza estaban el tribunal y la cárcel, la residencia de Pizarro, el palacio arzobispal y la catedral. Para exigir la liberación del preso, encontrar a un mediador y llegar hasta la persona que había ordenado el arresto, los habitantes no tenían que alejarse más allá de las fachadas vecinas.

El arzobispo entró a ver a Pizarro y sacó libre a Zudáñez. La multitud no se dispersó: la gente sospechaba que también mantenían encerrado al fiscal desaparecido. En las iglesias tocaron a rebato. Los reunidos exigieron las armas del arsenal presidencial. Pizarro aceptó primero entregar los cañones y los fusiles, y después ordenó a los soldados disparar. Un testigo de la investigación posterior habló de un muerto; otros informes mencionaban más muertos y heridos.

Los habitantes volvieron los cañones recibidos contra la residencia presidencial. Hacia las tres de la madrugada, Pizarro firmó su renuncia. A quien pretendía conservar su cargo con un solo arresto lo pusieron a él mismo bajo custodia. A la mañana siguiente, los jueces de la audiencia asumieron el gobierno de la región y declararon que respondían directamente ante el cautivo Fernando VII, sin la mediación del virrey de Buenos Aires.

Aquella noche no proclamaron la independencia. Los participantes actuaban en nombre del rey español, y sus motivos eran distintos: unos temían a la corte portuguesa, otros defendían la posición del tribunal local y otros ya buscaban un gobierno independiente. Sin embargo, los jueces enviaron emisarios a otras ciudades, y la disputa sobre quién tenía derecho a gobernar en ausencia del monarca pasó a una cadena de levantamientos y a una guerra que, quince años después, terminó con la independencia de Bolivia.

La victoria de Zudáñez duró poco. Pocos meses después, un nuevo presidente real restauró el orden anterior. Zudáñez fue arrestado de nuevo; pasó cerca de medio año encarcelado y luego, enfermo, fue enviado por Lima a la fortaleza de Callao. Tras quedar libre, se marchó a Chile y nunca regresó a su ciudad natal. Pizarro también perdió su posición anterior: permaneció preso casi medio año, y enviaron a otra persona para dirigir la audiencia.

Ahora aquí se conciertan encuentros y se celebran ceremonias urbanas; la catedral, el ayuntamiento y la administración departamental dan a la plaza. En la esquina que hoy ocupa el edificio de esta administración se encontraba la residencia contra la que volvieron los cañones. La antigua cárcel judicial no se ha conservado en aquella forma. La fecha del nombre de la plaza siguió siendo local: el veinticinco de mayo de mil ochocientos nueve fue la noche en que llevaron a Zudáñez por la Plaza Mayor bajo escolta y lo sacaron de la cárcel por exigencia de los habitantes reunidos aquí.

Información práctica

Tiempo en la parada15 min
Siguiente puntoCasa de la Libertad
Entradaacceso libre

Plaza urbana abierta; acceso las veinticuatro horas, pero las ceremonias y los cortes pueden cambiar los pasos habituales.

Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Rodee la plaza por su perímetro y después mírela desde el centro: así se entiende mejor con qué rapidez la noticia podía extenderse por todo el espacio.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Cruce la plaza hacia la fachada blanca de la Casa de la Libertad.

Parada 1 de 8Después: Casa de la Libertad

Ruta terminada

Paseo completado

«La Sucre blanca y la lucha por el derecho a gobernar» — 8 paradas, 2,6 km, 4 h.

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