Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El letrero azul «Cerámica Santa Ana»
- Hornos de cocción
- Molinos para pigmentos
- Pozos
La historia del lugar
Sobre la puerta de la antigua tienda aún se ven las letras azules; cuando la fábrica funcionaba, aquí se mostraban la vajilla terminada, los azulejos y los paneles. Se fabricaban en dependencias ocultas en el interior de la manzana: allí había hornos, pozos, molinos para pigmentos y salas de los artistas. Ahora el recorrido del Centro Cerámica Triana pasa entre siete hornos auténticos, y arriba se reúne una colección de piezas.
En mil novecientos treinta y nueve, los hermanos Enrique y Eduardo Rodríguez Díaz se hicieron cargo de una fábrica de cerámica que funcionaba en este solar. Ambos habían comerciado antes con vajilla y vidrio: la familia tenía un almacén y una tienda. Los hermanos invirtieron dinero, pero para su propia producción necesitaban a alguien capaz de responsabilizarse del dibujo, el esmalte y la cocción.
Esa persona fue Antonio Kiernam Flores, ceramista a quien los Rodríguez ya conocían por los encargos que había realizado. A los diez años entró como aprendiz en el taller de su tío y, tras la muerte de este, continuó con su oficio. Para mil novecientos treinta y nueve, casi toda su vida laboral había transcurrido ya en este oficio. En la nueva empresa, Kiernam asumió la dirección artística y los hermanos Rodríguez aportaban el capital. El primero de enero de mil novecientos cuarenta, la empresa quedó registrada oficialmente como «Cerámica Santa Ana, Rodríguez Díaz y Hermano».
Santa Ana es la madre de la Virgen María y la patrona de Triana. Su nombre vinculaba la fábrica con el barrio, y el apellido Rodríguez indicaba quién había financiado la nueva empresa. Con el tiempo, las piezas empezaron a firmarse de manera más breve: «Cerámica Santa Ana». Kiernam dirigió a los artistas hasta su muerte en mil novecientos setenta y seis y admitió a aprendices que después siguieron trabajando aquí.
A finales de los años cuarenta, Kiernam pintó los paneles cerámicos de la fachada que da a la calle. Su colega Manuel Soto Carretero realizó el letrero azul con el nombre de la fábrica. Detrás de ese anuncio estaban los hornos, almacenes, pozos, molinos para pigmentos y salas de los pintores. Al comprador se le mostraban la vajilla terminada, los azulejos y los paneles desde el lado de la calle; todo lo necesario para fabricarlos se alojaba en el interior de la manzana.
La familia Rodríguez transmitió la empresa a la generación siguiente, pero a finales del siglo veinte las dependencias interiores y los viejos hornos ya se deterioraban. Los últimos gestores de la empresa familiar, Antonio Rodríguez Bergillos y José Manuel González Reigada, iniciaron negociaciones con la ciudad para vender la parte de producción y la colección de la fábrica. En el acuerdo, para «Santa Ana» se conservaron los espacios donde se preveía continuar la producción y la venta. Sin embargo, en mayo de dos mil trece la empresa cesó definitivamente su actividad. Los materiales restantes se trasladaron a dos salas conservadas para los antiguos propietarios.
En dos mil catorce abrió aquí el Centro Cerámica Triana. La planta baja se dispuso entre siete auténticos hornos de cocción, pozos, molinos y depósitos para pinturas; arriba instalaron una colección de piezas. El letrero azul «Cerámica Santa Ana» permaneció en la fachada de la antigua tienda. A su izquierda comienza ahora la entrada al museo y, tras las letras de una empresa que ya no existe, se encuentran los hornos en los que trabajaron Kiernam y sus aprendices.
Información práctica
VisitSevilla indica Tue-Sun 10:00-19:00; antes de la visita, consulte el sitio web oficial por cambios en días festivos.
Comprobado: 26 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El interior del centro se visita por separado; si no está accesible, observe con atención la cerámica exterior: ella misma era la publicidad de la fábrica.
