Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Arcos y anillas de fundición
- Apoyos de piedra
- Capilla redonda
- Campanario octogonal
La historia del lugar
Allí donde el Guadalquivir separa Sevilla y Triana, un puente fijo sustituyó al antiguo paso de barcas enlazadas. Los arcos y las anillas laterales de fundición se han conservado sobre los apoyos de piedra de la estructura que sirvió a este cruce durante más de ciento veinte años. La estrecha parcela entre la rampa de acceso y el mercado está ocupada por una capilla redonda con un estrecho campanario octogonal. Fue levantada en sustitución de la antigua capilla, desmontada al ampliarse el cruce, y en su interior se guarda una pintura de la Virgen del Carmen con el Niño, patrona de los marineros.
Al amanecer del Viernes Santo de mil novecientos setenta y cuatro, la Hermandad de la Esperanza de Triana devolvía a su capilla un paso procesional con la imagen de la Virgen de la Esperanza. A causa de la lluvia, la procesión se había refugiado la víspera en la Iglesia de la Magdalena y ahora regresaba cruzando el río. Cuando el paso llegó al centro del puente, la estructura vibró con fuerza. Los costaleros, los miembros de la hermandad y las personas reunidas alrededor temieron que se derrumbara.
El temor no surgió de la nada. Ya en mil novecientos cincuenta y siete, el ingeniero Carlos Fernández Casado, encargado de evaluar la resistencia del puente, advirtió que los viejos arcos de fundición no podían reforzarse lo suficiente para soportar el creciente tráfico y que el derrumbe podía producirse sin señales previas. Poco después se prohibió el paso de autobuses y camiones. El propio Fernández Casado preparó un proyecto de sustitución: había que desmontar el antiguo puente y construir sobre sus apoyos un puente de tres vanos de hormigón pretensado.
Para entonces, la estructura de fundición llevaba más de ciento veinte años en servicio. Se había construido en sustitución de un puente flotante de barcas enlazadas que se encontraba en este mismo paso entre Sevilla y Triana. En mil ochocientos cuarenta y cuatro, la reina Isabel II aprobó la construcción de un puente fijo de hierro; como las obras concluyeron durante su reinado, la estructura recibió oficialmente su nombre. En el uso corriente quedó otro nombre: Puente de Triana.
Tras el susto durante la procesión, los ingenieros de caminos volvieron a exigir que se llevara a cabo el proyecto de demolición. El Ayuntamiento no se opuso al principio. Pero, cuando a finales de julio llegaron a los periódicos las informaciones sobre el desmantelamiento previsto, los sevillanos se manifestaron en contra. El Colegio de Arquitectos exigió detener las obras, y la comisión provincial de protección del patrimonio inició urgentemente el procedimiento para declarar el puente monumento nacional.
La decisión se encargó a otro ingeniero, Juan Batanero, director de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid. De su dictamen dependía si podían conservarse los arcos familiares para la ciudad y, al mismo tiempo, dejar pasar con seguridad el tráfico diario. Batanero propuso separar una cosa de la otra: retirar el antiguo tablero, instalar una estructura metálica ligera e independiente y transmitir su peso directamente a los apoyos de piedra. Los arcos de fundición permanecían en su lugar, pero ya no debían sostener nada.
El Ayuntamiento aceptó esta solución. El puente fue declarado monumento nacional, se reconstruyó según el proyecto de Batanero y reabrió en mil novecientos setenta y siete. Los arcos y las anillas visibles desde los lados pertenecen al puente de la época de Isabel II; los automóviles y los peatones circulan por un tablero que ya no se apoya en ellos.
Los ingenieros ya habían modificado antes este acceso a Triana. En mil novecientos dieciocho ampliaron el tablero y la rampa de acceso, y los constructores desmontaron la capilla que se alzaba junto al puente. Temporalmente, su principal imagen sagrada, una pintura de la Virgen del Carmen con el Niño, fue trasladada a la Iglesia de Santa Ana. Aquí, Carmen significa a la Virgen María en la devoción carmelita, patrona de los marineros. Se considera que la pintura anónima del siglo dieciocho se encontraba ya junto al antiguo puente de barcas, donde podían rezar ante ella quienes se marchaban cruzando el río.
Los habitantes de Triana reclamaron que la imagen volviera al puente, y el municipio encargó a Aníbal González una nueva capilla. Para la estrecha parcela entre la rampa y el mercado, el arquitecto unió un pequeño santuario redondo con un estrecho campanario octogonal. La construcción terminó en mil novecientos veintiocho. A través de la reja sigue viéndose la pintura de la Virgen con el Niño y semicornas de plata; González conservó de la antigua capilla la veleta.
Información práctica
El puente está abierto como paso público; la capilla suele contemplarse desde fuera o a través de la reja acristalada.
Comprobado: 26 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Primero observen la capilla desde la orilla y luego crucen el puente; para escuchar, elijan un lugar fuera del denso flujo de peatones.
