Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Amplios arcos de ladrillo
- Siete naves conservadas
- Bóvedas altas
La historia del lugar
Estas altas bóvedas de ladrillo son lo que queda del astillero real donde construían y reparaban largos buques de guerra de remos. Originalmente había diecisiete naves: sus extremos daban al Guadalquivir y, a la espalda, quedaba la muralla de la ciudad. En la franja arenosa vacía entre el río y el astillero, los trabajadores arrastraban los pesados cascos bajo techo con cuerdas, poleas y cabrestantes. En cada nave había dos galeras, y desde aquí hasta el antiguo suelo hay ahora unos cinco metros.
En el otoño de mil quinientos dieciocho, los funcionarios de la Casa de la Contratación de Indias —la institución real que preparaba expediciones oceánicas— comenzaron a traer aquí cáñamo, tablones, cuerdas, anclas, armas, velas, habas, garbanzos, queso y vino. Aquí deshilachaban el cáñamo para convertirlo en estopa con la que calafatear las juntas entre las tablas; con las duelas traídas montaban barriles y con sebo hacían velas. Todo estaba destinado a los cinco barcos de Fernando de Magallanes.
Magallanes era un marino portugués que solicitaba al rey español dinero para una ruta occidental hacia las Islas Molucas, el principal mercado del clavo. En su patria no recibió apoyo y pasó al servicio del joven Carlos Primero. El rey quería llegar a las especias por la parte del océano que consideraba española. Magallanes arriesgaba la vida por una recompensa muy terrenal: le prometieron el cargo de gobernador de las tierras descubiertas y una vigésima parte de los beneficios. Los representantes portugueses intentaban detener los preparativos, por lo que los funcionarios reales se apresuraban a llevar la flota al mar.
Para ello disponían de un enorme arsenal medieval. Alfonso X de Castilla, que necesitaba una flota militar permanente, ordenó terminarlo en el año mil doscientos cincuenta y dos. La palabra «atarazana» procedía del árabe y significaba casa de fabricación. Se llamaban Reales Atarazanas de Sevilla porque los barcos y todo lo necesario para ellos pertenecían a la Corona.
Diecisiete largas naves de ladrillo se levantaban transversalmente a la orilla, con sus extremos orientados hacia el Guadalquivir. Detrás de ellas discurría la muralla de la ciudad; delante se extendía el arenal sin construir de El Arenal. Allí los artesanos construían y reparaban galeras, largos buques de guerra de remos. Después, cuadrillas de trabajadores arrastraban los pesados cascos por la arena hasta bajo techo con ayuda de cuerdas, poleas y cabrestantes. En cada nave cabían dos galeras. Por eso los arcos eran tan amplios y no se podían levantar casas entre el edificio y el agua.
Al comienzo de la expedición de Magallanes, las galeras ya habían cedido su lugar a altos barcos de vela preparados para el océano. Los funcionarios decidieron ahorrar tiempo: compraron cinco barcos usados en Cádiz y utilizaron las antiguas Reales Atarazanas de Sevilla como almacén protegido y talleres. Por eso los barcos de la primera vuelta al mundo no se construyeron aquí. Bajo estos techos reunieron aquello sin lo cual no habrían podido partir: desde pernos de barco y tablones de repuesto hasta vino, aceite y habas. Después llevaban las cargas a la orilla por partidas.
En agosto de mil quinientos diecinueve, los cinco barcos partieron de Sevilla. Magallanes encontró un estrecho entre el Atlántico y el océano Pacífico, pero murió en la isla de Mactán y no vivió para recibir la parte prometida de las especias. El regreso lo asumió el marino vasco Juan Sebastián Elcano, capitán de la Victoria. En septiembre de mil quinientos veintidós, ella sola, de los cinco barcos, volvió a Sevilla. A bordo iban Elcano y otros diecisiete hombres, que completaron la primera vuelta al mundo, y en la bodega yacía el clavo por el que todo había comenzado.
La propia Victoria no está aquí, y entre los espacios conservados no se puede señalar un almacén concreto de sus suministros. De las diecisiete naves medievales se han conservado siete. Su suelo original se encuentra ahora aproximadamente cinco metros por debajo del actual: bajo tierra permanece la altura que antaño permitía arrastrar hasta aquí galeras enteras.
Información práctica
VisitSevilla indica un cierre temporal; la visita exterior es posible desde la calle.
Comprobado: 26 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No organice la parada en torno a una entrada obligatoria: el acceso al interior puede estar limitado, y la historia se escucha cómodamente desde la calle.
