Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Figura de bronce de Irineu
- Columna alta
- Vías del tranvía
- Bahía de Guanabara
La historia del lugar
Praça Mauá ocupa una esquina abierta entre los muelles del puerto y el comienzo de la Avenida Rio Branco; las vías del tranvía la cruzan transversalmente. A comienzos del siglo veinte, los constructores del nuevo puerto desmontaron el antiguo muelle y crearon en su lugar una plaza urbana. Ahora desde aquí se llega al paseo marítimo y a los dos museos del puerto.
Mauá no es el apellido del hombre de bronce sobre la alta columna. Se llamaba Irineu Evangelista de Sousa. Mauá era el título que el emperador brasileño Pedro II le concedió el día de la inauguración del primer ferrocarril del país. Medio siglo después, aquel título se convirtió en el nombre de la plaza desde la que comenzaba todo el viaje.
A mediados del siglo diecinueve, aquí se encontraba Largo da Prainha, la plaza junto a la Pequeña Playa. La costa pasaba mucho más cerca; a lo largo del agua se alzaban almacenes y muelles de madera. Irineu, comerciante, banquero y armador, quería unir Río, la capital, con Petrópolis y las regiones cafeteras al otro lado de las montañas. El ferrocarril no podía comenzar en el centro de la ciudad: entre Río y el pie de la sierra se extendía la bahía de Guanabara. Por eso Irineu concibió un trayecto de tres partes.
En mil ochocientos cincuenta y dos obtuvo el derecho exclusivo de transportar pasajeros en barcos de vapor desde Río hasta la localidad de Estrela, en la otra orilla. Aquí su compañía construyó el muelle de Mauá, almacenes y pasarelas de embarque. El vapor cruzaba la bahía, los pasajeros desembarcaban cerca de la actual Magé y tomaban el tren. Los primeros catorce kilómetros y medio de vías llegaban hasta Fragoso, al pie de las montañas; después subían a Petrópolis en carruajes.
Nunca hubo vías en la actual plaza. Pero el viaje en tren comenzaba precisamente aquí: con el billete y el embarque en el vapor. Irineu invirtió en la empresa sus propios fondos y el dinero de los accionistas a quienes invitó. Antes de él, los intentos de construir un ferrocarril brasileño fracasaban por falta de financiación; ahora un solo propietario respondía a la vez por el muelle, los barcos y el tren.
El treinta de abril de mil ochocientos cincuenta y cuatro, en la orilla lejana, Pedro II inauguró la línea y concedió a Irineu el título de barón de Mauá, por el nombre de aquel puerto. Al día siguiente, la línea se abrió a los pasajeros corrientes y, medio año después, comenzó a aceptar mercancías. La empresa dio beneficios hasta mil ochocientos sesenta y siete, y después un nuevo ferrocarril estatal y una carretera captaron el flujo principal. Cuando las vías por fin llegaron hasta la propia Petrópolis, la compañía ya pertenecía a otros propietarios.
El muelle de Mauá permaneció aquí hasta comienzos del siglo veinte. Después, los constructores del nuevo puerto rellenaron la antigua costa, enderezaron la línea del paseo marítimo y, en mil novecientos seis, desmontaron el muelle. En el espacio liberado crearon una plaza junto al comienzo de la Avenida Rio Branco. En mil novecientos diez, el Clube de Engenharia instaló allí una figura de bronce de Irineu, obra de Rodolfo Bernardelli. El propio empresario había muerto veintiún años antes.
Ahora se atraviesa la plaza para llegar a los muelles del puerto, al Museu do Amanhã y al Museu de Arte do Rio (MAR), y las vías del tranvía la cruzan transversalmente. No queda nada del muelle de Irineu. Su estatua está al comienzo de la avenida, mirando hacia la bahía, al otro lado de la cual los pasajeros pasaban en otro tiempo de su vapor al primer tren de Brasil.
Información práctica
Plaza abierta; resulta más cómodo conocer el lugar de día o al comienzo de la tarde-noche.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Recorre la plaza a pie, manteniéndote fuera de las vías del VLT y del tráfico de bicicletas; para esta parada no es necesario entrar en los edificios.
