Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Murallas de piedra de la Ciudadela de Quebec
- Terraplenes de tierra
- Puertas de la Ciudadela de Quebec
- Placas conmemorativas
La historia del lugar
Las murallas de piedra sostienen aquí altos terraplenes de tierra, detrás de los cuales sigue funcionando una unidad militar. En este recinto se encuentra el Royal 22e Régiment, una unidad francófona del Ejército Canadiense, y cerca está la segunda residencia oficial del gobernador general de Canadá. Las placas conmemorativas junto a las puertas recuerdan que las fortificaciones también acogieron dos Conferencias de Quebec de gobiernos aliados.
Los militares llamaban ciudadela a la fortaleza a la que la guarnición podía retirarse si el enemigo tomaba la ciudad. Los ingenieros británicos la levantaron en el cabo Diamante después de la Guerra anglo-estadounidense de comienzos del siglo diecinueve. Temían tanto una nueva invasión desde Estados Unidos como una rebelión dentro de la colonia francófona conquistada, por lo que parte de las fortificaciones mira hacia la Ciudad Alta. La ciudadela nunca llegó a sufrir un ataque.
Tras los terraplenes sigue habiendo una base militar. Desde mil novecientos veinte, allí se encuentra el Royal 22e Régiment, una unidad francófona creada durante la Primera Guerra Mundial para los canadienses que deseaban servir en francés. Dentro de la fortaleza también está la segunda residencia oficial del gobernador general de Canadá. Fue precisamente esa residencia la que, en agosto de mil novecientos cuarenta y tres, convirtió la antigua ciudadela en un lugar de negociaciones secretas.
Por invitación del primer ministro canadiense William Lyon Mackenzie King, llegaron aquí el presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt, y el primer ministro británico, Winston Churchill. Roosevelt se alojó en la residencia del gobernador general. Para su estado mayor instalaron una central telefónica independiente y una conexión telegráfica directa con la Casa Blanca; los demás participantes se alojaron en el hotel Château Frontenac, cerrado al público.
Churchill intentaba lograr aquí el regreso de científicos británicos al programa estadounidense de creación de la bomba atómica. Los británicos habían compartido antes con los aliados cálculos que mostraban que aquella arma era posible. Después, los estadounidenses pusieron en marcha el Proyecto Manhattan, con laboratorios y enormes instalaciones industriales, y limitaron el intercambio de información. Gran Bretaña no podía reproducir aquellas plantas en su territorio ni terminar la bomba durante la guerra. Churchill corría el riesgo de quedarse sin acceso al proyecto que habían iniciado sus físicos.
El diecinueve de agosto, Roosevelt y Churchill firmaron en la Ciudadela de Quebec un acuerdo sobre el proyecto oculto bajo el nombre en clave «Tube Alloys». El documento ocupaba cuatro hojas con el encabezado impreso «Ciudadela, Quebec». Ambos dirigentes se comprometieron a no emplear la nueva arma el uno contra el otro, a no usarla contra un tercer país sin consentimiento mutuo y a no transmitir información a personas ajenas. Churchill renunció a los beneficios comerciales británicos garantizados de antemano para después de la guerra. A cambio, los estadounidenses reanudaron la colaboración científica; un ministro canadiense también obtuvo un puesto en el comité conjunto.
Tras el acuerdo, los especialistas británicos partieron hacia laboratorios estadounidenses. Diecinueve de ellos trabajaron en Los Álamos en la propia bomba. En la Ciudadela de Quebec no eligieron las ciudades japonesas ni fijaron el día del ataque. Aquí se estableció la regla que exigía el consentimiento británico. Churchill lo dio en julio de mil novecientos cuarenta y cinco; el seis y el nueve de agosto se lanzaron bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.
La colaboración de posguerra prometida duró poco. En mil novecientos cuarenta y seis, una ley estadounidense volvió a cerrar a los británicos el acceso a los datos atómicos. Gran Bretaña inició su propio programa y probó su bomba en mil novecientos cincuenta y dos.
En las placas conmemorativas instaladas aquí, Mackenzie King figura junto a Roosevelt y Churchill como anfitrión de las dos Conferencias de Quebec. En las cuatro hojas con el encabezado de la Ciudadela de Quebec, bajo el acuerdo atómico, solo quedaron dos firmas: las de Roosevelt y Churchill.
Información práctica
El recorrido exterior es libre donde está abierto el paso público. El acceso al interior de la ciudadela solo es con guía; el sitio web oficial indica apertura diaria, horarios que varían según la temporada y entrada de pago.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No espere ver desde la calle el plano pentagonal completo: la ocultación está incorporada al propio diseño. La Ciudadela de Quebec funciona como base militar; los edificios interiores y las exposiciones del regimiento solo se visitan en el marco de una visita independiente autorizada.
