Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada del Palais Montcalm
- Muralla fortificada
- Arco de la Puerta Saint-Jean
La historia del lugar
Junto a la fachada del Palais Montcalm se extiende una plaza abierta que en otro tiempo fue el corazón comercial del barrio junto a la Puerta Saint-Jean. En el pabellón cubierto se vendían carne y comestibles, los carros se alineaban a lo largo de las aceras de madera y, arriba, se reunían los habitantes de la ciudad y de los arrabales. Cuando trasladaron el mercado a la Ciudad Baja, sus cimientos se convirtieron en el apoyo del edificio de conciertos, y con el tiempo el terreno libre frente a él pasó a ser una pista de hielo y un lugar para espectáculos callejeros. Bajo el edificio, los arqueólogos encuentran huellas de una capa aún más antigua: es probable que los cimientos del mercado incorporaran piedras del lado exterior del foso fortificado.
En el lugar de la actual pista de hielo vivían, a mediados del siglo dieciocho, carpinteros, albañiles, un herrero, un curtidor, un tabernero, carreteros y jornaleros. Unos se ganaban la vida con su oficio; otros trabajaban por días y dependían de cada nuevo encargo. Se asentaban fuera de la muralla urbana: dentro había poco espacio y regían normas estrictas, mientras que la Puerta Saint-Jean se cerraba al anochecer y dejaba el arrabal sin servicios urbanos ni protección.
En mil setecientos setenta y cinco, las tropas estadounidenses llegaron a Quebec. El consejo militar británico ordenó derribar las casas frente a las fortificaciones para que los atacantes no pudieran utilizarlas como refugio. La gente perdió sus viviendas y edificios auxiliares. Después del asedio regresaron y, por lo general, reconstruyeron sobre los antiguos cimientos.
Hacia mil ochocientos quince, los militares volvieron a despejar la franja frente a la muralla. Allí crearon un glacis, una pendiente abierta y suave que no podía edificarse, para que los defensores vieran las aproximaciones a las fortificaciones. Sin embargo, ya en la década de mil ochocientos treinta apareció una casa de madera en la pendiente. Durante el gran incendio de mil ochocientos cuarenta y cinco se quemó, y sus habitantes levantaron en su lugar una de ladrillo. Los arqueólogos encontraron un plato infantil, una taza en miniatura y canicas: estos objetos permiten concluir que en el terreno que los militares intentaban mantener vacío volvió a vivir una familia.
Tras la retirada de la guarnición británica, la ciudad desmontó el glacis. El antiguo mercado junto a la catedral ya no bastaba para el creciente Quebec, por lo que cedieron a los comerciantes el terreno liberado junto a la puerta. El cinco de mayo de mil ochocientos setenta y siete abrió el Mercado Montcalm. En el pabellón instalaron puestos de carne y comestibles; fuera, los vendedores colocaban carros a lo largo de las aceras de madera, y en la segunda planta se reunían los habitantes de la ciudad y del arrabal. Los recortes de preformas de botones encontrados durante las excavaciones muestran en qué ocupaban las manos algunos comerciantes entre cliente y cliente.
A comienzos de la década de mil novecientos treinta, durante la crisis económica, los dirigentes municipales trasladaron el mercado a la Ciudad Baja y decidieron ocupar el antiguo solar con una construcción que daría trabajo a los desempleados. En el lugar del pabellón comercial levantaron el Palais Montcalm, con una sala de conciertos, una biblioteca y una piscina pública. Delante de la fachada dejaron un espacio abierto: la actual plaza. Más tarde instalaron aquí una pista de hielo; alrededor abrieron nuevas salas teatrales, y el espacio donde antes se situaban los carros del mercado empezó a utilizarse para espectáculos callejeros.
Bajo el Palais Montcalm se conserva una conexión material entre todas estas transformaciones. Según la conclusión de los arqueólogos, es probable que los cimientos del mercado incorporaran piedras del muro exterior del antiguo foso fortificado, y que la base del pabellón del mercado se utilizara después como apoyo del edificio de conciertos.
La plaza recibió oficialmente el nombre de D'Youville en mil novecientos sesenta y cinco. Le llegó a través de la calle D'Youville, denominada así ya en mil ochocientos setenta y seis: la calle conducía a la capilla de las Hermanas de la Caridad de Quebec.
Marguerite d'Youville fundó la comunidad original en Montreal. Tras la muerte de su marido, solo heredó deudas y tuvo que renunciar a la herencia; mantenía a sus dos hijos y, junto con tres ayudantes, empezó a acoger a pobres en su casa. Más tarde les confiaron el Hospital General de Montreal, arruinado y deteriorado. D'Youville restableció su economía: las huéspedes acomodadas pagaban por alojarse, las monjas vendían sus propios productos y las granjas, un molino y una panadería aportaban ingresos.
En mil ochocientos cuarenta y nueve, la comunidad de Montreal creada por ella envió a Quebec a Marcel Mallet y a otras cinco hermanas para hacerse cargo del orfanato local. Mallet fundó una comunidad independiente de Quebec; las hermanas construyeron un convento, un orfanato y una capilla. La capilla se ha conservado, aunque ahora queda oculta tras edificios modernos. La placa con el nombre de la plaza prolonga la línea de la calle, trazada desde el antiguo mercado junto a la puerta hasta la capilla.
Información práctica
La plaza está abierta permanentemente. En invierno hay aquí una pista de hielo urbana de temporada; en la fecha de verificación, la página municipal indicaba que la pista estaba cerrada durante la temporada.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Aléjese de la puerta hacia el centro de la parte accesible de la plaza: la distancia ayuda a percibir la escala del antiguo glacis. La plaza tiene la actividad habitual de la ciudad, así que no se detenga en las trayectorias de peatones y eventos.
