Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Base pentagonal
- Escalera de piedra
- Placas talladas con signos de colinas
- Ángulo pronunciado del edificio
La historia del lugar
Los arqueólogos dieron a esta construcción la letra J porque su nombre antiguo no se ha conservado. Una escalera de piedra conduce a la base pentagonal, y esta se alza en la plaza formando un ángulo pronunciado con las construcciones vecinas. Precisamente esta disposición oblicua le dio el sobrenombre de Observatorio. Las mediciones posteriores no confirmaron una dirección exacta ni hacia Capella ni hacia otra estrella destacada; consideran probable la relación con el calendario, aunque sigue siendo desconocida la forma en que los sacerdotes la utilizaban.
En la década de mil novecientos treinta, el arqueólogo Alfonso Caso limpiaba los muros de esta construcción pentagonal e intentaba leer los signos de las placas de piedra. En muchas se repetía un mismo esquema: el signo de una colina, un símbolo independiente encima y, abajo, una cabeza humana invertida con el ojo cerrado. Caso decidió que tenía ante sí los nombres de regiones conquistadas y los gobernantes muertos de esas tierras. Así, las placas recibieron su nombre actual: «placas de conquistas».
Una de ellas llevó a los arqueólogos a desplazarse ochenta kilómetros al norte. En mil novecientos setenta y seis, la investigadora de la escritura zapoteca Joyce Marcus leyó el signo de la placa como el nombre de Cañada de Cuicatlán, un desfiladero caluroso que conectaba los valles de Oaxaca y Tehuacán. Si la lectura era correcta, los gobernantes de Monte Albán enviaron allí guerreros hacia el año trescientos antes de nuestra era, para ocupar el camino y recibir tributo de los agricultores locales.
Los arqueólogos Charles Spencer y Elsa Redmond fueron al desfiladero precisamente para comprobar esta conjetura. Encontraron el asentamiento de Llano Perdido, incendiado aproximadamente en la época supuesta de la expedición. Sus habitantes, que vivían de las cosechas de fértiles tierras aluviales, abandonaron sus casas y se trasladaron a la cresta vecina. En el único paso desde el norte aparecieron fortificaciones. En los restos de asentamientos posteriores se hicieron mucho más abundantes los frutos y las semillas de la zona calurosa: probablemente la gente aumentó la producción de lo que no podía cultivarse en el fresco Valle de Oaxaca y servía para el tributo. En el nuevo lugar, los arqueólogos también descubrieron la base de una estructura para exhibir cráneos humanos.
Se formó una cadena completa: los gobernantes de Monte Albán lograron controlar el paso, los agricultores perdieron sus antiguas casas y cambiaron su economía, y los vencedores ordenaron dejar fijado el mensaje sobre las tierras incorporadas en los muros de un edificio situado en el centro de su capital. Los visitantes de la plaza veían aquí no una escena de batalla, sino una lista de sus resultados.
Pero las piedras no proporcionaron a los arqueólogos una traducción indiscutible. Otros investigadores creen que los signos de las colinas podían designar nombres de personas o la incorporación de distintas regiones a un Estado único, y no una lista literal de conquistas. Las excavaciones en Cañada de Cuicatlán confirman una ruptura violenta en la vida del desfiladero, pero no demuestran que todas las placas se lean como propuso Caso.
La pronunciada desviación del edificio respecto de las demás construcciones dio origen a su segundo nombre: Observatorio. En mil novecientos setenta y dos, los arqueoastrónomos calcularon que la línea desde la escalera podía señalar la salida de Capella el día en que el sol pasaba directamente sobre Monte Albán. Más tarde volvieron a medir la construcción: su ángulo no señala exactamente ni a Capella ni a otra estrella destacada. Los investigadores siguen considerando probable la relación con el calendario y, con mayor cautela, llaman a la construcción templo calendárico; se desconoce cómo la utilizaban los sacerdotes.
La letra J es una etiqueta de trabajo de los arqueólogos; el nombre antiguo se ha perdido. En el lugar quedaron la base pentagonal, la orientación desviada respecto de la plaza y las placas que llevaron a buscar bajo tierra un lejano asentamiento incendiado.
Información práctica
La zona arqueológica suele estar abierta todos los días de 8:00 a 17:00; última entrada a las 16:00.
Horario por días
Primero compare la dirección de los muros con las construcciones vecinas; después acérquese a las piedras talladas.
