Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada enlucida en esquina
- Balcones de hierro
- Número 1140
La historia del lugar
Esta casa enlucida de esquina, con plataformas de hierro, se alza en el solar número mil ciento cuarenta. Los muros actuales se levantaron después de la desaparición de la casa anterior que ocupaba este lugar, de modo que la antigua dirección sobrevivió al propio edificio. Las plataformas de hierro de las fachadas del barrio se llaman a menudo balcones, pero la galería tiene otra estructura: se extiende sobre la acera, está cubierta por un techo y se sostiene sobre columnas. En las calles estrechas, servía de terraza a los pisos superiores, y bajo ella podían instalarse tiendas.
El nombre de Royal Street apareció antes que la mayoría de sus casas. En el año mil setecientos veinticuatro, bajo el rey francés Luis XV, la calle principal de la ciudad recibió el nombre de Rue Royale —Real— en honor de la familia que gobernaba en Francia. Bajo los españoles pasó a llamarse Calle Real, con el mismo significado; el nombre actual traduce el original.
Las plataformas de hierro de las fachadas se llaman a menudo balcones sin distinción. Un balcón sobresale de la pared y no necesita apoyos en la acera. Una galería es más ancha, está cubierta por un techo y se sostiene sobre columnas en su borde exterior. Si una plataforma de hierro cubre casi toda la acera, por encima hay una galería. En los tramos estrechos de la ciudad antigua, servía de terraza a los habitantes de los pisos superiores y dejaba abajo espacio para las tiendas.
En la esquina de Royal Street y Governor Nicholls Street, que entonces se llamaba Hospital Street, se alza una mansión enlucida con balcones de hierro. Se la conoce como la casa de Delphine LaLaurie y se cuentan historias de fantasmas que viven dentro. La historia documentada es más aterradora que las leyendas, pero ocurrió en otro edificio.
Delphine LaLaurie, rica propietaria de viviendas y esclavista, adquirió aquí una casa sin terminar en el año mil ochocientos treinta y uno. En la mañana del diez de abril de mil ochocientos treinta y cuatro se declaró un incendio en la cocina. Los rescatistas encontraron a una cocinera esclavizada de setenta años, encadenada por un tobillo a la estufa. Los informes de prensa no conservaron su nombre. Según la confesión registrada entonces, ella misma provocó el incendio: la mujer temía que la llevaran a la habitación de arriba, de donde otras personas esclavizadas no regresaban. Arriesgó morir quemada junto con la casa, pero el fuego obligó a personas ajenas a entrar.
El juez de lo penal Jean-François Canonge buscaba acceder a las habitaciones cerradas para sacar a las personas que seguían allí. LaLaurie y su marido se negaron a entregar las llaves. Canonge y otros vecinos derribaron las puertas y descubrieron a siete personas exhaustas, encadenadas y con graves señales de tortura. Las trasladaron al Cabildo. Allí acudieron multitudes para comprobar con sus propios ojos lo ocurrido; los registros fiables no permiten rastrear el destino posterior de las personas rescatadas.
Mientras tanto, Delphine LaLaurie salió de la ciudad en carruaje. A través de Mobile y Nueva York llegó a Francia, se instaló en París y murió allí en el año mil ochocientos cuarenta y nueve. No compareció ante un tribunal de Nueva Orleans. Vecinos enfurecidos destrozaron la casa abandonada, y durante varios años quedaron muros vacíos en la concurrida calle.
El edificio actual fue levantado hacia el año mil ochocientos treinta y ocho por Pierre Trastour para el nuevo propietario Charles Caffin. Ya en el año mil ochocientos ochenta y cinco, una guía lo llamaba «La casa encantada de Royal Street»; más tarde se añadieron a ese nombre relatos de fantasmas y torturas cada vez más fantásticas. Estos detalles pertenecen a la leyenda. En Royal Street, en el número mil ciento cuarenta, se conservan la esquina y el número del solar; la casa donde rescataron a siete personas no ha llegado hasta nuestros días.
Información práctica
Todos los detalles principales se ven desde la acera pública. La mayoría de las casas son privadas: no entre en patios ni portales y no se detenga ante las entradas de los residentes.
