Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Balcón central
- Entrada principal
- Fachada del ayuntamiento
La historia del lugar
La fachada de piedra del ayuntamiento da a la rue Notre-Dame, y el balcón central la divide verticalmente sobre la entrada principal. En el interior se celebran reuniones del consejo municipal y del consejo de la aglomeración, se conservan los archivos de la ciudad y funciona un espacio museístico. Tras un gran incendio, el edificio fue reconstruido en el mismo lugar, manteniendo su cercanía al proyecto anterior. El balcón siguió siendo la frontera entre la sala cerrada del poder y la plaza frente a la fachada.
El balcón sobre la entrada central está conectado con la sala del consejo municipal. Tras sus puertas, el alcalde y los concejales debaten proyectos urbanos y votan ordenanzas municipales. Este es el primer ayuntamiento de Canadá construido expresamente para la administración municipal. Sin embargo, el discurso más famoso pronunciado desde su balcón no figuraba en ninguna agenda municipal.
La noche del veinticuatro de julio de mil novecientos sesenta y siete llegó aquí el presidente en ejercicio de Francia, Charles de Gaulle. Quería apoyar públicamente la aspiración del Quebec francófono a decidir por sí mismo su futuro. De Gaulle hablaba como jefe de Estado: era responsable de las relaciones de Francia con Canadá, y aún tenía por delante un viaje a Ottawa y una reunión con los dirigentes canadienses.
El alcalde de Montreal, Jean Drapeau, que recibía al presidente francés como invitado de honor, reunió ante el ayuntamiento a casi cien mil personas. El programa no incluía un discurso desde el balcón, pero instalaron micrófonos. De Gaulle salió ante la multitud y decidió hablar.
Comparó la acogida en Quebec con la liberación de Francia, que él mismo había encabezado durante la Segunda Guerra Mundial. Después dijo que Francia ayudaría a Quebec a avanzar y terminó con estas palabras: «¡Viva Montreal! ¡Viva Quebec! ¡Viva el Quebec libre!» La última frase era el lema de los partidarios de la independencia de la provincia. Pronunciada por un presidente extranjero desde un balcón oficial, convirtió una recepción municipal en un conflicto diplomático. Drapeau, según el archivo municipal, quedó atónito.
Al día siguiente, el primer ministro de Canadá, Lester Pearson, que defendía la integridad del país y se preparaba para recibir a De Gaulle en Ottawa, calificó esas palabras de inaceptables. Recordó que miles de canadienses habían muerto liberando Francia y declaró que los canadienses no necesitan ser liberados. Después de eso, De Gaulle canceló el viaje a la capital y regresó a casa en avión.
Sobre la entrada permanece aquel mismo balcón de la sala del consejo municipal. Detrás de él siguen reuniéndose los representantes municipales elegidos; hacia fuera, a través de él, salió aquella noche el presidente de Francia, que ya no llegó a la capital canadiense.
Información práctica
Esta parada funciona plenamente desde la plaza; comprueba por separado la posibilidad de entrar en el edificio administrativo en funcionamiento.
