Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Lámpara roja de señalización
- Fachada principal
- Cuerpos laterales
- Busto de mármol en el vestíbulo
La historia del lugar
Sobre la fachada principal del Teatro Solís cuelga una lámpara roja de señalización. Los días de función la encendían para que los vecinos de los barrios lejanos supieran que había una representación por la noche. El edificio se alza en el límite entre el viejo Montevideo y las calles surgidas tras el desmantelamiento de las fortificaciones de la ciudad; detrás de la fachada se extienden los cuerpos laterales y el vestíbulo. Ahora actúan aquí la Comedia Nacional y la Orquesta Filarmónica de Montevideo, y el teatro recibió su nombre en honor al explorador del Río de la Plata, que no tuvo ninguna relación con el escenario.
Juan Miguel Martínez y Antonio Rius tomaron la decisión de construir este edificio durante un intermedio en otro teatro. Ambos eran empresarios de la élite comercial de Montevideo y querían crear un gran escenario que pudiera alquilarse a compañías visitantes. La antigua Casa de Comedias seguía siendo el único teatro permanente de la ciudad; no había butacas y los espectadores llevaban sus propias sillas.
Martínez y Rius reunieron una sociedad de ciento cincuenta y seis accionistas: comerciantes acomodados y ciudadanos destacados. Los accionistas aportaron ciento cincuenta mil patacones, las monedas de plata de entonces. El teatro se concibió tanto como una empresa lucrativa como un lugar donde el público podía dejarse ver unos por otros. Eligieron el solar en el límite entre el viejo Montevideo y los barrios que crecieron tras el desmantelamiento de las fortificaciones.
La construcción comenzó en mil ochocientos cuarenta y dos. Un año después, el asedio de Montevideo detuvo las obras: los constructores fueron reclutados por los ejércitos enfrentados, algunos accionistas abandonaron el país y en el solar quedaron los cimientos, muros bajos y costosos materiales traídos de Europa. Podían ser robados o deteriorarse a la intemperie.
Martínez siguió encontrando dinero para vigilar las compras. Esteban Tiscornia y Vicente Gianello, miembros de la junta que permanecieron en la ciudad sitiada, alquilaron el solar inacabado a una familia. Los inquilinos garantizaban una presencia constante y el alquiler se destinaba a conservar seis mil seiscientas sesenta y tres tejas genovesas para el tejado. Así, los accionistas intentaban proteger sus inversiones mientras el resultado de la guerra seguía siendo incierto.
Tras el final del asedio, realizaron una revisión. Hubo que sacar del barro parte de la madera siberiana, el mármol y la pizarra para tejados, pero mucho aún servía y los cimientos no habían sufrido daños. Rius entró en una nueva junta, Martínez la presidió y las obras se reanudaron en mil ochocientos cincuenta y dos.
El veinticinco de agosto de mil ochocientos cincuenta y seis se interpretó en la sala «Ernani», de Giuseppe Verdi. La empresa, iniciada con una conversación durante un intermedio y superviviente a una interrupción de ocho años, por fin recibió al público. Tras la muerte de Martínez, los accionistas dispusieron que se colocara en el vestíbulo su busto de mármol.
Los mismos propietarios eligieron el nombre. Debatieron las opciones «Progreso», «Paz», «Armonía», «Libertad» y «Teatro de la Empresa», pero aprobaron por mayoría «Teatro de Solís». Juan Díaz de Solís fue un navegante español cuya expedición entró en el Río de la Plata en mil quinientos dieciséis. No tuvo ninguna relación con el teatro: los accionistas le dedicaron el nombre como primer explorador europeo de este río. Más tarde eliminaron la partícula «de» y quedó el actual Teatro Solís.
Los ingresos de las funciones a menudo no bastaban. Los propietarios alquilaban espacios en los cuerpos laterales, el guardarropa, los trajes y los prismáticos de teatro, y en años difíciles incluso embotellaban y vendían agua de un manantial situado bajo el escenario. Cuando los cines y las producciones radiofónicas quitaron parte del público, la empresa dejó de dar los beneficios de antes. En mil novecientos treinta y siete los accionistas vendieron el edificio al municipio. Tras una reforma, reabrió como teatro público; ahora trabajan aquí de forma permanente la Comedia Nacional y la Orquesta Filarmónica de Montevideo.
Sobre la fachada sigue instalada una lámpara roja de señalización. Los primeros propietarios la encendían los días de función para que los vecinos de los barrios lejanos supieran que aquel día había espectáculo en el Solís.
Información práctica
Visitas guiadas: mié—vie 11:00, 12:00, 16:00; sáb—dom 15:00, 16:00. El tercer sábado del mes no hay visitas guiadas habituales; puede haber jornada de puertas abiertas 14:30—17:00. Entradas: gratis los miércoles; normalmente 200 pesos uruguayos para residentes con documento y 400 para extranjeros, descuento del 50 por ciento con devolución digital del impuesto turístico.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La historia del edificio puede escucharse ante la fachada. La sala y los espacios de servicio solo son accesibles mediante una visita independiente o una función, así que compruebe esa posibilidad con antelación.
