Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Caminos diagonales
- Plazas circulares
- Fuentes
- Monumento a Benito Juárez
La historia del lugar
Los caminos diagonales se extienden entre plazas circulares y fuentes según un trazado que no se formó de inmediato. Al principio había aquí un jardín cuadrado, con un foso en el borde y un único paso desde el lado este; estaba plantado de álamos junto al límite occidental de la ciudad. Después ampliaron el parque, lo rodearon con una verja y lo convirtieron en un lugar al que los habitantes acomodados acudían en carruajes para mostrar sus atuendos y sus caballos. Más tarde comenzaron a desmontar las verjas y eliminaron las antiguas prohibiciones estamentales.
El dieciséis de septiembre de mil ochocientos noventa y siete, el presidente Porfirio Díaz caminaba junto al borde sureste de la Alameda hacia el Kiosco Morisco. Allí preparaban una ceremonia en honor de los héroes de la independencia. Los cadetes del colegio militar formaban un corredor humano, y detrás de ellos se situaban los habitantes de la ciudad: desde funcionarios y familias acomodadas hasta personas a las que normalmente no se permitía acercarse tanto al presidente.
La Alameda fue elegida con razón para ceremonias de este tipo. En mil quinientos noventa y dos, el virrey Luis de Velasco ordenó disponer, junto al límite occidental de la ciudad, un lugar para pasear y descansar. La palabra española «alameda» significaba un paseo plantado de álamos. El primer jardín era cuadrado, estaba rodeado por un foso y tenía una única entrada desde el este. Más tarde, los funcionarios añadieron caminos diagonales, plazas circulares y fuentes, ampliaron el terreno e instalaron una verja. Por las avenidas circulaban carruajes: los habitantes acomodados acudían a mostrar sus atuendos, sus caballos y su posición. Los guardias expulsaban a los pobres y a los mendigos.
Durante la presidencia de Benito Juárez se eliminaron las restricciones estamentales, y poco después se desmontaron parte de los muros y las verjas. A finales del siglo diecinueve, la Alameda ya acogía celebraciones de toda la ciudad. El parque abierto permitía al presidente pasar ante miles de personas, pero ahora solo una cadena de cadetes podía separar a los invitados de los demás.
Arnulfo Arroyo la atravesó: era un hombre de treinta años con formación jurídica que vivía en la pobreza. En el interrogatorio dirá que la pobreza lo había llevado a la desesperación y que quería un cambio en el sistema de gobierno. No llevaba armas. Arroyo llegó hasta Díaz y lo golpeó por la espalda.
Personas del séquito presidencial derribaron al atacante y comenzaron a golpearlo. Díaz apenas resultó herido y ordenó él mismo que cesaran los golpes: Arroyo debía ser entregado a la justicia. El inspector jefe de la policía de la ciudad, Eduardo Velázquez, se encargó de cumplir aquella orden. Llevó al detenido, atado y amordazado, a una celda del palacio municipal, aunque sabía que la vigilancia allí era demasiado escasa.
Por la tarde, Velázquez mostró al prisionero a sus invitados. Después acordó con dos subordinados matar a Arroyo y hacer pasar el asesinato por un linchamiento perpetrado por una multitud indignada. De noche, policías de la segunda inspección entraron en la celda e infligieron numerosas heridas de arma blanca al preso desarmado. Otros agentes disparaban al aire y detenían al azar a adultos y niños: por la mañana pensaban hacerlos pasar por participantes en el linchamiento.
Los periódicos publicaron primero la versión de la policía. Esta suponía que una multitud había irrumpido sin impedimentos en un edificio vigilado, y la investigación llegó rápidamente hasta los propios agentes. Velázquez y sus cómplices fueron detenidos; varios policías confesaron el montaje. El inspector jefe se suicidó en su celda con un revólver introducido en secreto. Arroyo, a quien el presidente había ordenado juzgar, no llegó al juicio.
En la esquina sureste de la Alameda no hay ninguna señal que marque el lugar de su golpe. También desapareció el Kiosco Morisco hacia el que caminaba Díaz: más tarde, por orden suya, el edificio metálico fue desmontado y trasladado al barrio de Santa María la Ribera. En el antiguo emplazamiento del kiosco, junto al lado sur del parque, se alza ahora un monumento semicircular a Benito Juárez.
Información práctica
Elige una avenida lateral, donde haya menos ruido y no sea necesario bloquear el paso. El mural de Diego Rivera no está en el propio parque: planifica su visita por separado.
