Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Los muros de piedra de la catedral
- La capilla norte
- El crucifijo del Santo Cristo de las Ampollas
La historia del lugar
El nombre de San Ildefonso se dio a la iglesia de este lugar antes de que existieran sus muros de piedra. Ildefonso fue arzobispo de Toledo en el siglo séptimo y teólogo defensor de la veneración de la Virgen María. Una crónica colonial relaciona la elección del patrono con el veintitrés de enero de mil quinientos cuarenta y dos, día de su festividad. Entonces Tutul Xiu, gobernante maya de Maní, llegó a la recién fundada Mérida española, reconoció a Francisco de Montejo el Adelantado y selló una alianza con él. Los colonos españoles declararon al santo patrono de su colonia y, diecinueve años después, una bula papal ratificó su nombre para la nueva iglesia catedral.
El templo de piedra comenzó a levantarse en mil quinientos sesenta y dos, en el lado oriental de la plaza. Para la fábrica se utilizaron, entre otros materiales, bloques de los edificios desmantelados de la ciudad maya de T'ho, en cuyo emplazamiento los españoles fundaron Mérida. Se llama catedral porque aquí se encuentra la cátedra del obispo y, actualmente, del arzobispo de Yucatán. Junto a la catedral funcionaba un cabildo, una corporación de sacerdotes capaz de recibir testamentos, administrar donaciones y mantener cultos regulares. Precisamente por eso llegó aquí un crucifijo procedente de una lejana parroquia rural.
En la primera mitad del siglo diecisiete, el crucifijo pertenecía a Juan de la Huerta, sacerdote parroquial de la aldea de Ichmul. Según la tradición local, un tallista desconocido lo hizo con madera que ardía sin consumirse. Más tarde, un incendio destruyó la Iglesia de Ichmul y, en la oscura figura de Cristo, supuestamente quedaron abultamientos de pintura semejantes a ampollas. De ahí el nombre: Santo Cristo de las Ampollas. Esta parte de la historia se conserva como tradición; la existencia de la estatua más antigua y su posterior permanencia en Mérida están confirmadas por documentos.
Antes de morir, de la Huerta quiso asegurar al crucifijo una veneración permanente. Legó al cabildo catedralicio la estatua junto con sus ahorros sacerdotales y dispuso la creación de una capellanía, un fondo con cuyos ingresos se pagaba a un sacerdote por celebrar servicios ante un altar determinado. Al año siguiente, el crucifijo fue llevado a Mérida y, más tarde, se acondicionó para él una capilla independiente.
A finales del siglo diecinueve, quince asociaciones profesionales y una cofradía religiosa celebraban la fiesta del Santo Cristo de las Ampollas. Artesanos, comerciantes y propietarios de tierras organizaban por turnos servicios religiosos y procesiones; las tiendas se preparaban de antemano para las compras de la fiesta. Así, el testamento de un sacerdote rural convirtió la estatua de Ichmul en uno de los principales santuarios de Yucatán.
El veinticuatro de septiembre de mil novecientos quince, durante la campaña anticlerical del gobernador revolucionario Salvador Alvarado, los participantes en un mitin irrumpieron en la catedral. Destrozaron altares e imágenes, destruyeron el órgano y devastaron la capilla del Santo Cristo de las Ampollas. Sacaron al exterior el antiguo crucifijo. Los testimonios difieren en los detalles: unos afirmaban que la estatua fue partida, otros que le arrancaron un brazo y la arrojaron a la calle. La policía la llevó a la comandancia militar; no hay más información fiable sobre el original.
El ingeniero y empresario meridano Rafael Quintero decidió devolver el crucifijo. Ganaba dinero con proyectos urbanos e industriales y podía sufragar la restauración de la capilla saqueada. Quintero encargó un nuevo crucifijo en Querétaro, lo llevó personalmente a Mérida y lo instaló aquí en mil novecientos diecinueve. Fue un acto público de un hombre cuyo nombre era conocido en la ciudad, realizado cuando las restricciones anticlericales aún seguían vigentes. Pocos días después, el arzobispo Martín Tritschler y Córdova bendijo la estatua en presencia del clero, las asociaciones profesionales y numerosos fieles. Se reanudaron los servicios ante el Santo Cristo de las Ampollas.
En la capilla norte de la catedral se venera precisamente el crucifijo que llevó Quintero. La estatua antigua no está aquí: su última ubicación conocida es la comandancia militar de Mérida. El actual Santo Cristo lleva el nombre de las ampollas que, según la tradición, el fuego dejó en la otra figura desaparecida.
Información práctica
Templo en activo sin un horario turístico estable publicado; el acceso depende de los servicios religiosos.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La mayor parte del relato puede escucharse desde el exterior. Si entras, no interrumpas el servicio religioso y busca la copia de la imagen venerada sin esperar ver el original perdido.
