Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Pilar de Absalón
- Semicolumnas jónicas
- Friso dórico
- Hendiduras en la parte superior del monumento
La historia del lugar
El valle del Cedrón servía de cementerio a la ciudad antigua: fuera de las murallas de Jerusalén se excavaban sepulcros familiares en la blanda caliza de la ladera oriental. Sobre uno de ellos se alza un monumento de piedra del siglo primero de nuestra era, encargado por alguien de entre los ciudadanos acomodados. Los canteros separaron de la ladera un gran bloque, tallaron dentro una cámara funeraria, cubrieron la fachada con semicolumnas jónicas y un friso dórico, y construyeron la parte superior con piedras separadas bajo un techo redondeado con una punta. En la tumba vecina se conserva una inscripción con los nombres de varias generaciones de una familia sacerdotal, mientras que el nombre del propietario de esta construcción desapareció.
En el siglo dieciséis, los padres de Jerusalén traían aquí a sus hijos desobedientes. Los peregrinos arrojaban piedras contra el alto monumento y maldecían a Absalón, mientras explicaban a los niños cómo termina la desobediencia al padre. En este rito participaban judíos, cristianos y musulmanes: las tres tradiciones veneraban al rey David, por lo que su hijo rebelde servía para una enseñanza común.
Absalón es el hijo de David que se rebeló contra él. En el relato bíblico, aún en vida erigió para sí un pilar en el Valle del Rey, porque creía que no había nadie que preservara su nombre. Era un monumento conmemorativo, no un lugar de enterramiento. Cuando el valle del Cedrón empezó a identificarse con el Valle del Rey, al monumento de aquí le dieron el nombre de Absalón. En hebreo lo llaman Pilar de Absalón, «monumento de Absalón».
El propio Absalón no tuvo relación con esta construcción. Los arqueólogos la datan en el siglo primero de nuestra era, casi mil años después de la época de David. Un comitente desconocido de la nobleza de Jerusalén ordenó a los canteros separar de la ladera un enorme bloque, tallar en él una cámara funeraria y decorar los muros exteriores con semicolumnas jónicas y un friso dórico. La parte superior se construyó con piedras y se remató con un techo redondeado y una alta punta. Esta mezcla de una forma funeraria local con detalles griegos y romanos reveló la verdadera edad de la construcción. El nombre de su propietario desapareció.
El nombre de Absalón, por el contrario, determinó el destino de la piedra. Los peregrinos arrojaron aquí piedras durante siglos; los relatos de viaje mencionan ya la costumbre en el siglo quince. El montón tenía que despejarse cada año, pero volvía a crecer. En fotografías de finales del siglo diecinueve, la capa de piedras y tierra se elevaba en algunos puntos hasta casi siete metros. Los muros superiores, donde impactaban los lanzamientos, quedaron cubiertos de hendiduras. La parte inferior, enterrada bajo el montón, quedó involuntariamente protegida por las piedras de nuevos golpes. Este daño permite aún hoy distinguir la parte superior expuesta de la base más lisa. El estudio del monumento reconstruyó la historia de estas huellas a partir de imágenes antiguas y del estado de la superficie.
En el año mil novecientos veinticuatro, el arqueólogo y hebraísta Nahum Slousch se encargó de liberar el monumento. Trabajaba para la joven Sociedad de Exploración de Israel, que no disponía ni de presupuesto estatal ni de un rico patrocinador eclesiástico: los propios participantes reunían el dinero y a las personas. En la película conservada, Slousch aparece de pie, vestido con traje, sobre la base de piedra, mientras los obreros retiran la tierra acumulada. Descubrieron la parte inferior del pilar y la entrada a la tumba familiar de varias cámaras situada detrás; después instalaron una verja de hierro y permitieron la entrada de visitantes. Fue una de las primeras excavaciones de la sociedad local, realizada por arqueólogos judíos. El archivo de la sociedad llama al trabajo de Slousch más bien una limpieza: no había ningún Absalón que descubrir bajo el montón.
Estos complejos funerarios aparecieron aquí por la disposición de la antigua Jerusalén. Los muertos eran enterrados fuera de las murallas de la ciudad, y la blanda caliza de la ladera oriental permitía excavar cámaras familiares. Los ciudadanos ricos levantaban sobre ellas altos hitos de piedra, visibles desde el lado opuesto del valle. Junto a la vecina Tumba de los Benei Hezir se conserva una antigua inscripción con los nombres de varias generaciones de una familia sacerdotal. Allí los propietarios se nombraron a sí mismos; en el Pilar de Absalón, un nombre posterior ocultó al comitente anónimo.
El montón medieval de la base ya no existe. Quedan las hendiduras arriba, la piedra lisa abajo y el nombre de un hombre que no fue enterrado aquí. Según el relato bíblico, Absalón erigió su propio pilar para que no lo olvidaran; en el valle del Cedrón su nombre perduró en un monumento ajeno.
Información práctica
Visita exterior abierta; es mejor ir de día
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Los accesos pueden ser irregulares y polvorientos; mire dónde pisa y no trepe a los monumentos. Los detalles de las partes superiores se observan mejor desde una corta distancia.
