Parada 1 de 6

Atmeydanı: una arena sin gradas

Atmeydanı / Sultanahmet Meydanı / Hippodrome

Tres monumentos antiguos ayudan a reconstruir la arena desaparecida donde la ciudad intentó cambiar de emperador.

15 min
Plaza de Sultanahmet en Estambul
Ninara · CC BY 2.0; cropped/resized for app
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En qué fijarse

  • Obelisco egipcio
  • Columna Serpentina
  • Obelisco de Constantino

La historia del lugar

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El pavimento actual pasa sobre la pista del Hipódromo de Constantinopla. Por su arena alargada corrían las cuadrigas y en las gradas se reunían decenas de miles de ciudadanos. La kathisma para el gobernante se dispuso en la parte oriental de las gradas y se conectó con el Gran Palacio mediante un pasadizo especial. El Obelisco egipcio señala la antigua franja central que rodeaban las cuadrigas; tras la desaparición de la arena, los otomanos devolvieron a este lugar las carreras y los juegos con lanza, por lo que recibió el nombre de Atmeydanı, la Plaza de los Caballos.

En enero del año quinientos treinta y dos, la esposa del senador Hipacio agarró a su marido e intentó impedir que saliera de casa. La multitud fue a buscarlo para hacerlo emperador. María gritaba a sus parientes que llevaban a Hipacio a la muerte. La apartaron a empujones y se llevaron a su marido.

Estambul se llamaba entonces Constantinopla y era la capital del Imperio romano de Oriente. Hipacio era sobrino del anterior emperador, Anastasio I. Ese parentesco, por sí solo, convertía al senador en un posible sustituto del emperador reinante, Justiniano I. Hipacio no inició la revuelta y al principio permaneció en el palacio junto al emperador. Pero Justiniano I sospechó de él y le ordenó que se fuera a casa. Con esa decisión entregó a su rival directamente en manos de los habitantes de la ciudad.

La revuelta comenzó con una ejecución fallida. Por los asesinatos cometidos durante desórdenes anteriores, condenaron a miembros de dos asociaciones de aficionados, los «azules» y los «verdes». Normalmente rivalizaban por los equipos de cuadrigas y ocupaban sectores distintos del Hipódromo de Constantinopla. Pero dos condenados, un «azul» y un «verde», cayeron vivos de la horca dos veces. Unos monjes los ocultaron en una iglesia. Durante las carreras siguientes, ambos grupos pidieron juntos a Justiniano I que perdonara a los supervivientes. El emperador no respondió.

Entonces resonó desde las gradas: «¡Nika!», «¡Vence!». El grito habitual de apoyo a un auriga se convirtió en la consigna de los rebeldes. Liberaron a los presos, incendiaron edificios administrativos y la antigua iglesia de Santa Sofía. Justiniano I destituyó a varios funcionarios odiados, pero la multitud ya exigía un cambio de emperador.

Todas las acciones volvieron a confluir en el Hipódromo de Constantinopla, porque había sido dispuesto para el encuentro del gobernante con decenas de miles de ciudadanos. Por la larga pista corrían las cuadrigas, los «azules» y los «verdes» se respondían desde sectores opuestos y, en el centro de la grada oriental, se encontraba el palco imperial, la kathisma. Un pasadizo separado conducía hasta ella desde el Gran Palacio. Aquí Justiniano I se mostraba a sus súbditos, recibía sus aclamaciones e iniciaba las carreras.

Los rebeldes pusieron a Hipacio un collar de oro en la cabeza en lugar de una corona, lo proclamaron emperador y lo llevaron aquí. Hipacio subió precisamente a la kathisma y se sentó en el lugar de Justiniano I. Ya no era un grito callejero: el rival ocupaba el asiento desde el que el gobernante se dirigía a la ciudad reunida.

En el palacio discutían la huida en barcos, pero Justiniano I se quedó y encargó la represión a dos generales. Belisario, recién regresado de la guerra y al mando de lanceros curtidos en combate, condujo a sus hombres hacia las gradas abarrotadas. Por el otro lado entró en el Hipódromo de Constantinopla un destacamento de Mundo. La multitud, reunida para el espectáculo y la proclamación de un nuevo emperador, quedó entre los soldados. Según la estimación de un contemporáneo de los hechos, aquel día murieron aquí más de treinta mil personas.

Arrastraron a Hipacio fuera del trono imperial. Al día siguiente ejecutaron a él y a su hermano, arrojaron los cuerpos al mar y entregaron sus bienes al tesoro. Más tarde devolvieron a sus hijos los títulos y la parte de la propiedad que Justiniano I aún no había llegado a repartir. Justiniano I conservó el trono.

Las gradas ya no existen y la antigua pista queda por debajo del pavimento actual. El Obelisco egipcio, la Columna Serpentina y el Obelisco de Constantino señalan la alargada franja central de la arena: antes se alzaban sobre la barrera divisoria alrededor de la cual giraban las cuadrigas. Cuando, tras la desaparición del Hipódromo de Constantinopla, los otomanos volvieron a celebrar en el espacio abierto carreras y juegos ecuestres con lanzamiento de lanza, lo llamaron Atmeydanı, la Plaza de los Caballos. Hoy, oficialmente, es la plaza de Sultanahmet.

La kathisma imperial no se ha conservado. Estaba en el centro del lado oriental de las gradas desaparecidas, allí donde Hipacio ocupó el asiento de Justiniano I y desde donde, pocas horas después, se lo llevaron para ejecutarlo.

Información práctica

Tiempo en la parada15 min
Siguiente puntoMezquita Azul
Entradadesde fuera

Plaza urbana abierta en el lugar del antiguo Hipódromo de Constantinopla; conviene venir por la mañana o hacia el atardecer, cuando hay menos grupos y la luz es más suave.

Comprobado: 27 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

La parada transcurre al aire libre. No se quede en el flujo principal de peatones; es más cómodo observar los detalles del pedestal rodeando el obelisco.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Deje los obeliscos a su espalda y acérquese al patio exterior de la mezquita.

Parada 1 de 6Después: Mezquita Azul

Ruta terminada

Paseo completado

«Sultanahmet imperial: del Hipódromo de Constantinopla al parque de Gülhane» — 6 paradas, unos 1,5 km, 3–4 horas.

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