Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Edificios de piedra de los almacenes
- Escalera en el antiguo patio de luces
- Pared al descubierto de la antigua cantera
- Peacock Theatre
La historia del lugar
El nombre de Salamanca en este muelle procede de una guerra europea: los funcionarios coloniales perpetuaron en la calle una victoria británica en España. La propia calle creció junto a un puerto de aguas profundas, preparado para descargar barcos; los presos extraían arenisca para los almacenes situados junto al agua. Los edificios de piedra aún conservan la lógica portuaria: la mercancía podía trasladarse desde la borda directamente bajo techo, y dentro se guardaban productos importados y barriles de aceite de ballena. Más tarde, cuando la industria ballenera se apagó, en estos mismos locales comenzaron a procesarse manzanas y frutas de hueso.
En mil novecientos setenta y cuatro cerraron la fábrica de fruta Peacock y pusieron a la venta sus siete edificios de piedra. La producción de mermeladas y conservas llevaba ya varios años reduciéndose, y los locales quedaban vacíos. Detrás de las fachadas comerciales de la actual Salamanca Place aún quedaban entonces oscuras plantas fabriles, una sala de calderas y un patio bajo un techo de hierro.
Estos edificios aparecieron junto al Muelle Nuevo en las décadas de mil ochocientos treinta y de mil ochocientos cuarenta. La administración colonial estableció aquí un puerto de aguas profundas, los presos extraían arenisca y los comerciantes construían almacenes donde la carga podía descargarse directamente de los barcos. Dentro guardaban productos importados y barriles de aceite de ballena. Cuando la industria ballenera entró en declive, los locales fueron ocupados por procesadores de manzanas y frutas de hueso.
El nombre español no se refiere ni a un comerciante ni al propietario de una fábrica. Los funcionarios coloniales llamaron a la calle junto al muelle en recuerdo de la batalla de Salamanca. En mil ochocientos doce, el comandante británico Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington, que procuraba expulsar de España al ejército francés, derrotó aquí a las tropas francesas y después ocupó Madrid. Para los habitantes de la lejana Hobart, los nombres de las victorias británicas servían de vínculo con la metrópoli.
Tras el cierre de Peacock, Claudio Alcorso se ocupó de los almacenes: era un industrial textil y mecenas que buscaba conseguir para Hobart un centro público permanente de artes. Él y quienes compartían su idea crearon la Community Arts Centre Foundation y convencieron al gobierno estatal para que comprara los edificios vacíos.
En mil novecientos setenta y seis, el gobierno del primer ministro Bill Neilson adquirió los siete almacenes y los cedió a la fundación durante noventa y nueve años por una renta simbólica. La condición era estricta: la fundación debía reparar y mantener por sí misma los edificios deteriorados, y encontrar fondos para talleres, exposiciones y representaciones. Los voluntarios retiraban los residuos de la fábrica, limpiaban los locales y pintaban las paredes. Al principio, los puestos comerciales de la planta baja generaban ingresos. Las plantas superiores no podían alquilarse hasta que se instalara allí un sistema contra incendios; solo se logró hacerlo en mil novecientos ochenta.
Así surgió la coexistencia que se conserva tras las fachadas: las tiendas y los cafés ayudan a financiar estudios, galerías, salas de ensayo y espacios escénicos. La escalera del antiguo patio de luces de la fábrica se instaló durante aquella reforma. Y el Peacock Theatre, construido junto a la pared al descubierto de la antigua cantera, recibió el nombre de la empresa que durante medio siglo elaboró aquí mermeladas y zumos.
Información práctica
La calle está abierta en todo momento; los sábados el mercado funciona 08:30–15:00, y la calzada permanece cortada 05:30–18:00.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La calle sigue siendo un espacio público animado; observe las fachadas sin bloquear las entradas ni el paso de la gente.
