Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Sellos en forma de flecha ancha
- Sección de popa de la Batavia
- Armazón metálico
- Copia del portal de piedra
La historia del lugar
Los arqueólogos marítimos muestran aquí un fragmento del costado de babor junto a la popa de la Batavia, montado sobre un armazón metálico que se puede desmontar. No hicieron nuevos agujeros en el antiguo roble: las piezas se sostienen gracias a los antiguos orificios de los pernos del barco, y cualquier viga puede extraerse por sí sola. Junto a él hay una copia del portal de piedra; sus auténticos bloques fueron enviados a Geraldton, más cerca del arrecife de donde los recuperaron. El laboratorio junto a la sala fue una de las razones para dejar la madera en Fremantle en vez de trasladarla al lugar del naufragio.
Los edificios de piedra de Cliff Street se construyeron en la década de mil ochocientos cincuenta como los Commissariat Buildings, el almacén estatal de la joven colonia. Los presos levantaron los muros, y los carpinteros y herreros marcaban las vigas, bisagras y rejas de ventanas estatales con un sello en forma de flecha ancha. Esas marcas se han conservado. En mil novecientos setenta y nueve, los restauradores adaptaron el antiguo almacén para la colección de arqueólogos marítimos. Así abrió aquí el actual WA Shipwrecks Museum.
La principal prueba para su personal fueron los restos de la Batavia, un barco mercante de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales que naufragó junto a las islas Abrolhos en mil seiscientos veintinueve. Bajo piedras, arena y una capa de sedimentos marinos se conservó aproximadamente una décima parte del casco. El agua y los organismos marinos habían destruido hacía mucho tiempo todo lo que quedó expuesto.
Entre mil novecientos setenta y dos y mil novecientos setenta y seis, los arqueólogos del museo recuperaron del fondo marino las piezas que habían sobrevivido. Allí surgió un peligro que no existía bajo el agua. Las células de la madera, impregnadas de agua marina, podían aplastarse al secarse, y las vigas de trescientos años habrían perdido su forma después de ser salvadas. En la isla, el personal las almacenaba en fosas revestidas de plástico y llenas de agua marina. Antes de enviarlas a Fremantle, envolvían cada pieza en arpillera impregnada de agua y de una solución antifúngica, y después la sellaban en plástico.
En el laboratorio del museo, mantuvieron las vigas durante unos dos años en agua dulce, extrayendo gradualmente las sales. Los conservadores eligieron polietilenglicol, una cera soluble en agua capaz de reforzar las células deterioradas de la madera. Sumergían las piezas en baños calentados y aumentaban poco a poco la concentración de la solución. Esto llevaba otros dos o tres años. Después, durante un período de entre seis meses y un año, acercaban con cautela la humedad de la cámara de secado a las condiciones de la futura sala.
Quedaba por entender cómo se unían las vigas dispersas en el barco. El especialista en reconstrucción de embarcaciones antiguas Richard Steffy aplicó uno de los primeros cálculos informáticos de este tipo: el programa ayudaba a determinar el giro y la posición de cada pieza en una estructura tridimensional. Entre mil novecientos ochenta y uno y mil novecientos ochenta y siete, el personal montó la sección de popa del costado de babor sobre un armazón metálico fabricado expresamente. Procuraban no perforar nuevos agujeros en el antiguo roble: introducían las fijaciones en los auténticos orificios de los pernos del barco. Cualquier viga podía retirarse por separado, sin desmontar el resto del casco.
Esta previsión resultó necesaria incluso antes de terminar el trabajo. A mediados de los años ochenta, con una humedad elevada, los compuestos de hierro dentro de la madera empezaron a formar ácido. La superficie de algunas vigas se volvió frágil. Los conservadores trataron las piezas dañadas con amoníaco gaseoso, siguieron buscando una composición de refuerzo compatible y más tarde sustituyeron el equipo que mantenía la temperatura y la humedad en la galería.
En mil novecientos noventa y dos, una comisión parlamentaria decidió si debía trasladar los hallazgos de la Batavia a Geraldton, la ciudad importante más cercana al lugar del naufragio. La comisión dejó el casco en Fremantle precisamente por la proximidad del laboratorio y de las personas que seguían cuidándolo. En cambio, los auténticos bloques de piedra del portal que el barco transportaba para la ciudad de Batavia fueron trasladados más tarde a Geraldton. En la galería de Fremantle instalaron una copia.
Por eso, dentro del antiguo almacén estatal se encuentran la auténtica popa de la Batavia sobre un armazón desmontable y una copia del portal de piedra. El original de la popa permaneció junto a los conservadores; el original del portal se alza ahora más cerca del arrecife de donde lo recuperaron.
Información práctica
Todos los días 09:30–17:00; la entrada general es gratuita, la donación recomendada es de 5 dólares australianos.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La visita al museo requiere tiempo adicional. Si entra, busque primero la sala de la Batavia y solo después decida cuántas de las demás exposiciones tendrá tiempo de ver.
