Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Cartas, pasaportes, sellos, relojes de bolsillo, gafas, anillos y la Casa de Huéspedes conservada.
La historia del lugar
La exposición del museo reúne cartas, pasaportes, sellos, gafas, anillos y relojes de bolsillo: objetos con los que las decisiones estatales entraron en la vida cotidiana. Conserva la Casa de Huéspedes con el majlis personal del gobernante de Dubái; antes de la ceremonia de firma, los gobernantes se reunían aquí, y el comedor tenía capacidad para trescientas personas. Junto a quienes tomaban las decisiones trabajaban asesores, funcionarios, acompañantes e invitados.
La historia en este museo no comienza con una sala ceremonial ni con un documento estatal. Primero hubo dos tiendas en medio del desierto, junto a Argoub Al Sedirah. En febrero de mil novecientos sesenta y ocho, una servía para recibir a los invitados, y en la otra el jeque Zayed y Rashid bin Saeed Al Maktoum hablaban sin testigos.
Ni siquiera quienes acompañaban a los gobernantes de Abu Dabi y Dubái sabían cómo acabaría aquel encuentro. Esperaban fuera, entre la arena y los automóviles, mientras dentro de la tienda se resolvía una cuestión que hasta poco antes sencillamente no existía: si los emiratos vecinos podrían convertirse en un solo Estado.
Entre quienes esperaban estaba Saleh Farah, juez sudanés y asesor jurídico del jeque Zayed. Había llegado a Abu Dabi un año antes y pensaba que se dedicaría al trabajo judicial habitual: resolver litigios, interpretar normas y dictar resoluciones. En cambio, tuvo que redactar leyes para un país que todavía no figuraba en ningún mapa.
Tras una larga conversación, el jeque Zayed y Rashid bin Saeed Al Maktoum salieron de la tienda. Farah recordaba que el encargo se formuló de inmediato: redactar una declaración sobre la unión de Abu Dabi y Dubái e invitar a ella a otros cinco emiratos, además de Catar y Baréin.
La idea era mucho más amplia que un bonito gesto de amistad. Se trataba de una bandera única y una moneda común, de defensa conjunta y seguridad interior, de una política exterior común. Se planeaban visados únicos y un trabajo coordinado en sanidad y educación. Había que unir territorios, cada uno con sus propios gobernantes, intereses, costumbres y relaciones con los vecinos.
Desde ese momento, el encuentro en el desierto se convirtió en trabajo de juristas. Saleh Farah representaba a Abu Dabi en la comisión y, junto con el jurista de Dubái Adi Bitar, preparaba un texto común y un proyecto de constitución. Cada formulación debía responder a una cuestión práctica. Quién toma las decisiones. Cómo se distribuyen las competencias. Qué queda en manos de cada emirato. Qué pasa a ser común. Incluso unas pocas palabras podían significar equilibrio o una nueva disputa.
Las negociaciones se prolongaron durante cuarenta y siete meses. El círculo inicial de participantes fue cambiando poco a poco, las posiciones divergían y las decisiones acordadas tenían que debatirse de nuevo. El futuro Estado no surgía de un único y seguro trazo de pluma, sino a través de decenas de reuniones, objeciones y compromisos.
En algún momento, el emir de Catar llamó extranjero a Saleh Farah. Para las negociaciones fue un ataque serio: suponía que uno de los autores de la futura estructura del país no tenía derecho a hablar en su nombre. Según los recuerdos del propio Farah, el jeque Zayed respondió de inmediato. Dijo que el asesor pertenecía a Abu Dabi, no a Jartum, y lo llamó miembro de la familia gobernante.
Esta respuesta explica mucho de la historia de la Unión. Aquí la unidad se entendía no solo como un territorio o un origen comunes. Nacía de la confianza, la lealtad personal y la disposición a trabajar por un conjunto que aún no se había formado. Más tarde, Farah recibió la ciudadanía mediante un decreto especial por sus servicios al país. Se convirtió en asesor del presidente, se jubiló en mil novecientos noventa y uno y permaneció viviendo en Abu Dabi. Aquí creció su extensa familia: diez hijos, dieciséis nietos, y después llegaron los bisnietos. El hombre que había llegado para ocupar un puesto jurídico ordinario quedó inscrito en la historia del Estado con su propia vida.
Hay otro recuerdo de aquellas dos tiendas. Mohammed bin Rashid Al Maktoum se encontraba entonces en el Reino Unido. Su padre lo llamó de vuelta y le ordenó prepararse para pasar un día en el desierto, lejos de la vista de quienes no deseaban la aparición de la Unión.
El joven Mohammed esperaba, probablemente, presenciar una difícil disputa por el poder. Pero dentro de la tienda los dos gobernantes discutían de un modo muy distinto. El jeque Zayed proponía que Rashid bin Saeed Al Maktoum encabezara la unión. Este sonrió y respondió que debía dirigirla Zayed. Fue una escena poco común, en la que ninguno exigía el primer lugar para sí mismo, sino que se lo cedía al otro.
Cuando terminó el encuentro, Rashid bin Saeed Al Maktoum dijo a su hijo que sería responsable de la defensa de la Unión. El Estado todavía no existía, las negociaciones apenas comenzaban, y la responsabilidad por su futuro ya se transmitía a la siguiente generación.
El museo reúne esta historia a partir de objetos que es fácil tomar por corrientes. Los pasaportes antiguos recuerdan una época en la que la pertenencia común apenas adquiría una forma oficial. Las cartas conservan el desarrollo de las negociaciones. Los sellos convierten una decisión estatal en algo cotidiano: no se usaban en salas ceremoniales, sino en sobres comunes.
Junto a ellos aparecen objetos personales: anillos, gafas, relojes de bolsillo. Devuelven una escala humana a las figuras históricas. Tras los nombres de gobernantes, asesores y autores de la constitución se perfilan personas que tenían que esperar, cansarse, releer documentos y vigilar el tiempo. Los relojes de bolsillo encajan con especial precisión en esta historia: entre el primer acuerdo y la creación del Estado transcurrieron casi cuatro años.
La Casa de Huéspedes conservada también pertenece al lado no ceremonial, sino práctico, de los acontecimientos. Antes de la ceremonia de firma, los gobernantes se reunían aquí. En la casa se encontraba el majlis personal de Rashid bin Saeed Al Maktoum, un espacio para conversaciones y decisiones donde las cuestiones de Estado convivían inevitablemente con las costumbres de hospitalidad. El comedor estaba pensado para trescientas personas. Ese tamaño revela la escala de los encuentros: la Unión fue creada por varias figuras clave, pero a su alrededor ya se reunían asesores, acompañantes, funcionarios e invitados.
La exposición abarca los años de mil novecientos sesenta y ocho a mil novecientos setenta y cuatro. Es un intervalo breve, pero en él cupo el paso de una conversación en una tienda a instituciones estatales en funcionamiento. El documento se convirtió en constitución, la invitación a la unión en un nuevo país y el encargo a varios juristas en la base de un sistema político común.
El día solemne de la firma está aún por llegar, al igual que la historia del mástil que se convirtió en uno de los principales símbolos de este lugar. Aquí se oye con especial claridad todo lo que precedió a la ceremonia: el silencio de las dos tiendas, los largos meses de negociaciones, la cuidadosa elección de las palabras y la inesperada discusión en la que dos gobernantes ofrecían el poder no a sí mismos, sino el uno al otro.
Más historia
La arquitectura como documento
El museo fue diseñado por los arquitectos canadienses Moriyama & Teshima. La forma de pergamino y las «plumas» de las columnas remiten al documento histórico, y el pabellón ornamentado desemboca suavemente en la plaza, uniendo pasado y presente. Bajo tierra se esconden ocho salas, cada una dedicada a una etapa hacia la unión, desde el encuentro de los gobernantes hasta la firma.
Composición de la unión
El dos de diciembre de mil novecientos setenta y uno, los gobernantes de Abu Dabi, Dubái, Sharjah, Ajmán, Umm al-Qaywayn y Fujaira firmaron el acuerdo para crear los Emiratos Árabes Unidos. El séptimo emirato, Ras al-Jaima, se incorporó el diez de febrero de mil novecientos setenta y dos. El museo relata en detalle las negociaciones y las dificultades de este proceso.
Información práctica
Lun–Jue, Sáb–Dom 10:00–20:00; Vie 14:00–20:00; puede haber cambios durante los festivos.
Comprobado: 17 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El conjunto completo de objetos solo se ve en la exposición, así que planifique la entrada por separado y compruebe las condiciones actuales. Sin entrada, el audio proporcionará el contexto necesario para la siguiente parada.
