Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Líneas de boquillas, abanicos de chorros, acentos de luz y dibujos que surgen sobre la superficie del lago.
La historia del lugar
A lo largo de la orilla del lago se extienden líneas de boquillas: elevan el agua a distintas alturas, y la luz extrae de la oscuridad salpicaduras aisladas. El espectáculo se ve desde varios lados a la vez, por lo que el dibujo debe formarse sobre toda la superficie, no solo desde un punto de la orilla. Detrás de esta aparente ligereza está el trabajo de bombas, focos y una sala de control desde la que se ajusta cada actuación.
Esta fuente tiene dos autores. El primero controla el agua: hace que los chorros se eleven, se inclinen, se abran en abanico y se reúnan en dibujos. El segundo autor es la música. Es ella la que convierte un complejo sistema hidráulico en un artista que parece oír el ritmo y saber cuándo guardar una pausa.
Pero incluso el nombre de este artista no surgió en el despacho de una agencia de publicidad. En el verano de dos mil ocho, Emaar anunció un concurso entre los residentes de los Emiratos Árabes Unidos. Por el mejor nombre prometían cien mil dírhams, una suma lo bastante importante como para que en todo el país comenzara una auténtica lluvia de ideas colectiva.
Al concurso llegaron más de cuatro mil propuestas. Las enviaron personas de más de cien nacionalidades. Formalmente, solo podían participar los residentes de los Emiratos Árabes Unidos, pero aun así las propuestas llegaban también desde el extranjero. Al parecer, la futura fuente todavía no estaba terminada y ya había logrado convertirse en una atracción internacional.
El jurado tuvo que revisar miles de opciones: seguramente entre ellas había metáforas grandilocuentes, imágenes orientales y nombres que prometían grandeza, luz, milagro y eternidad. Ganó el más sencillo: «Fuente de Dubái».
Aquí apareció un detalle curioso. Quince personas propusieron este nombre de forma independiente. Era imposible elegir a un único ganador, y el premio se repartió entre los quince autores que tenían visados de residencia vigentes. Así, la fuente obtuvo no solo un nombre colectivo, sino también una autoría colectiva. El presidente de Emaar, Mohamed Alabbar, la llamó un regalo para la ciudad. Y, en cierto sentido, la propia ciudad firmó ese regalo.
Después del nombre, la fuente necesitaba un carácter. No lo crearon solo las bombas, las boquillas y los focos. El coreógrafo principal Peter Kopik trabajaba con el agua en la sala de control y elegía las composiciones como si reuniera el repertorio de un gran teatro. Solo que, en vez de una compañía de ballet, tenía chorros; en vez de un escenario, un lago; y en vez de cuerpos humanos, una masa de agua a la que es imposible obligar a quedarse inmóvil en el aire ni siquiera un instante más de lo que permiten las leyes de la física.
Por eso la elección musical se convertía en una decisión artística. La popularidad de una canción, por sí sola, todavía no garantizaba nada. Una vez propusieron a Kopik crear un número con el éxito mundial «Gangnam Style», del artista surcoreano Psy. Se negó. Según él, la fuente se habría convertido en motivo de burla. Su comparación era casi cortesana: parecería como si la reina de Inglaterra de pronto decidiera interpretar esa canción.
La exigencia no significaba una prohibición de la música popular coreana en general. Más tarde, en el repertorio apareció un número con «Power», del grupo EXO. Los músicos llegaron a Dubái, y la actuación de la fuente pasó a formar parte de un gran acontecimiento. Así que el coreógrafo no rechazaba el país ni la corriente musical, sino un estado de ánimo concreto. Según su idea, el agua tenía su propia dignidad. No toda melodía famosa encajaba con su imagen escénica.
La prueba más difícil para Kopik fue la canción «Thriller» de Michael Jackson. A primera vista, la elección parece ideal: una composición conocida por todos, un ritmo claro, una plasticidad célebre. Pero precisamente esa fama creaba el problema.
El ritmo de la canción casi no cambia. Además, los espectadores recuerdan no solo la música, sino también el videoclip: una multitud de zombis, giros bruscos, movimientos sincronizados, brazos extendidos. Allí, el baile humano es inseparable del maquillaje, los trajes y la trama. La fuente no tiene ni rostros ni brazos, ni la posibilidad de dar un paso hacia delante. Kopik tuvo que traducir la coreografía reconocible al lenguaje de elevaciones, caídas, inclinaciones y repentinos acentos de agua.
Normalmente, crear un número llevaba de dos a cuatro semanas. Primero, en Estados Unidos construían un modelo informático. Allí se podía comprobar el dibujo de los chorros y ver la futura puesta en escena sin agua real. Después, el equipo volaba a Dubái y comenzaba los ajustes ya en el lugar.
Precisamente aquí quedaba claro dónde la precisión del ordenador chocaba con el elemento vivo. El agua tiene peso e inercia, el viento cambia su trayectoria y el enorme dibujo debe funcionar con la misma convicción para los espectadores situados en lados distintos. «Thriller» requirió cinco semanas, más que cualquier otro número. El famoso baile no hubo que copiarlo, sino inventarlo de nuevo para un intérprete que tiene miles de chorros en vez de cuerpo.
Aún más difícil fue el encuentro con la música árabe. Al comienzo del trabajo, el equipo pidió ayuda a la Autoridad de Cultura y Artes de Dubái. La experiencia occidental de los coreógrafos no bastaba aquí. Era necesario comprender otra tradición musical, sus ritmos, sus gestos y sus formas de movimiento.
En vez de repetir simplemente los tiempos fuertes, comenzaron a buscar en el agua imágenes de los ornamentos geométricos del arte islámico. Los chorros podían abrirse de forma simétrica, formar líneas repetidas, crear la apariencia de un dibujo y destruirlo enseguida para reunir uno nuevo un segundo después. El ornamento, que normalmente existe en piedra, cerámica o talla, aquí se volvía fluido y desaparecía inmediatamente después de aparecer.
Así, la fuente se ocupa constantemente de traducir. Traduce el baile humano en movimiento de agua. El ritmo musical, en altura y dirección de los chorros. El dibujo geométrico, en una breve composición luminosa. Incluso los éxitos mundiales pasan una selección estricta, como si aspiraran a un papel en un teatro con un director muy exigente.
Detrás de la ligereza de este espectáculo se esconden semanas de ensayos, vuelos del equipo, modelos informáticos e infinitas correcciones. Pero todo ese trabajo desaparece en el momento de la actuación. Quedan el agua y la música, como si siempre se hubieran entendido.
Y por eso la «Fuente de Dubái» tiene un nombre sorprendentemente preciso. Es sencillo, casi evidente, elegido a la vez por quince personas. No da ninguna pista sobre qué melodía esperar ni sobre qué dibujo surgirá después. Pero contiene el propio Dubái: una ciudad donde personas de más de cien nacionalidades podían inventar simultáneamente un nombre, un equipo estadounidense aprendía a escuchar la tradición árabe y la música coreana y Michael Jackson recibían un nuevo lenguaje. Un lenguaje sin palabras, en el que el agua cuenta cada noche historias diferentes.
Más historia
El agua como horario del barrio
La Fuente de Dubái convierte un paseo corto en un acontecimiento con espera. La gente ocupa con antelación el borde, los restaurantes venden la vista, los puentes se llenan y el agua empieza a mandar sobre el tiempo con más fuerza que el mapa.
Información práctica
Observación gratuita desde el paseo; la pasarela de la Fuente de Dubái normalmente 17:45-22:45, AED 25, entrada para una fecha/hora concreta.
Comprobado: 27 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Compruebe por separado el acceso a la pasarela flotante de la Fuente de Dubái. Si el acceso no está disponible o no es necesario, escuche el relato desde la orilla: la composición principal también se ve desde allí.
