Parada 6 de 8

Sinagoga de Córdoba

Sinagoga de Córdoba

Aquí, la sala de oración conservada será testigo de la lucha de la comunidad por sus casas y por el derecho a quedarse.

20 min
Nicho para la Torá, inscripciones judías y decoración tallada de la Sinagoga de Córdoba.
Daniel VILLAFRUELA · CC BY-SA 3.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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Mira primero a tu alrededor

En qué fijarse

  • El muro oriental con la inscripción
  • El nicho para los rollos de la Torá
  • Los tres vanos de la galería de mujeres

La historia del lugar

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Los tres vanos superiores conservan la huella de una galería de mujeres separada, desde la que las mujeres seguían la oración durante el oficio religioso. En el muro oriental permanece el nombre de Isaac Moheb ben Efraím Wadawa, que terminó un pequeño santuario en mil trescientos quince; junto a él se encontraba un nicho para los rollos de la Torá. Más tarde, esta sala llegó a albergar un hospital para quienes habían sido mordidos por animales rabiosos y una capilla de la cofradía de zapateros.

En la primavera de mil cuatrocientos setenta y nueve, la comunidad judía de Córdoba presentó al rey una petición por esta Sinagoga de Córdoba. Francisco de Valdés, corregidor —administrador y juez municipal nombrado por la Corona—, ordenó a los judíos abandonar sus casas, la Judería, es decir, el barrio judío, y la sala de oración. Debían trasladarse al Alcázar Viejo, un barrio junto al Alcázar Viejo.

Los funcionarios reales ya habían inspeccionado la Judería y decidido que, para separar a sus habitantes, bastaba con colocar puertas en dos antiguos arcos. Aun así, Valdés ordenó expulsar a la comunidad bajo amenaza de castigo. En la petición, los judíos explicaban lo que arriesgaban: al mudarse perderían todos sus bienes y no tendrían con qué mantener a sus familias, comprar casas nuevas ni construir otra sinagoga. La vivienda, el sustento y la oración estaban reunidos en un mismo barrio; no podían trasladar una cosa sin las demás.

Fernando II de Aragón, rey corregente de Castilla, revocó la orden del corregidor. Mandó colocar puertas en los antiguos arcos y dejar a los judíos donde estaban. Se prohibía a los cristianos establecerse dentro del barrio cercado, y se ordenaba trasladar dentro de las puertas a los judíos que vivían fuera. Valdés cumplió la orden. La comunidad conservó sus casas y la Sinagoga de Córdoba, pero quedó dentro de un perímetro que podía cerrarse.

La carta real no indica la dirección actual. Los historiadores relacionan la sinagoga mencionada en ella con este edificio de la antigua Judería. En el muro oriental se conserva una inscripción dejada mucho antes: nombra a Isaac Moheb ben Efraím Wadawa como el hombre que terminó aquí un pequeño santuario en mil trescientos quince. Junto a ella se encontraba un nicho para los rollos de la Torá. A través de tres vanos en la parte superior, las mujeres seguían el oficio religioso desde una galería separada.

El permiso para quedarse no se hizo permanente. En mil cuatrocientos noventa y dos, el mismo Fernando y la reina Isabel ordenaron a quienes profesaban el judaísmo bautizarse o abandonar sus reinos. Quienes se negaron se marcharon, y la comunidad dejó de reunirse en esta sala. Los nuevos administradores instalaron aquí un hospital para quienes habían sido mordidos por animales rabiosos; más tarde, la cofradía de zapateros convirtió la sala en capilla de sus patronos, los santos Crispín y Crispiniano.

Ahora se entra aquí como en un monumento histórico. No hay una comunidad permanente vinculada a ella, ni rollos de la Torá en el nicho oriental. En el muro permanece el nombre de Isaac Moheb ben Efraím Wadawa, y la sala de oración que los judíos de Córdoba no podían permitirse sustituir por otra se conserva en la misma dirección.

Información práctica

Tiempo en la parada20 min
Siguiente puntoAlcázar de los Reyes Cristianos
Entradaentrada gratuita

Normalmente martes–domingo 09:00–15:00, lunes cerrado; 13–24 de julio de 2026 cerrada por restauración y conservación.

Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

El interior es estrecho: entre sin prisa, hable en voz baja y no toque la decoración delicada. Compruebe por separado la accesibilidad del interior.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Baje de la Judería hacia las murallas de la fortaleza junto al río.

Parada 6 de 8Después: Alcázar de los Reyes Cristianos

Ruta terminada

Paseo completado

«Córdoba de califas y reyes: del puente al Alcázar de los Reyes Cristianos» — 8 paradas, 2,2 km, 3 h 30 min.

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