Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Seto vivo alto
- Pasarela de madera
- Franja de aguas poco profundas
- Plantas perennes y gramíneas
La historia del lugar
Bajo las plantaciones se ocultan un garaje y una capa de tierra de un antiguo patio ferroviario, y aún más abajo discurre la antigua orilla del lago. La pasarela de tablones sigue la línea de un antiguo muro de contención que en otro tiempo sostenía el terraplén y cruza una franja de aguas poco profundas. A ambos lados, el jardín está dividido en una parte sombría y húmeda y otra abierta al sol, y un seto vivo de casi cinco metros sobre una estructura metálica lo protege de la calle ruidosa. Aquí, las plantas perennes, las gramíneas y las bulbosas se dejan en pie hasta el final del invierno: los tallos secos alimentan a las aves y dan refugio a los insectos.
La primera respuesta de Piet Oudolf a la invitación para diseñar este jardín fue «no». Ed Uhlir, que dirigía el diseño de Millennium Park, invitó al jardinero neerlandés a un concurso internacional. Oudolf leyó la lista de participantes y decidió que, entre arquitectos ingleses y estadounidenses, no tenía ninguna posibilidad. Solo hizo una salvedad: él podría elegir las plantas mejor que cualquiera de ellos.
Uhlir no aceptó la negativa y propuso que se uniera a quien Oudolf consideraba más capaz que él mismo. Así, el jardinero conoció a Kathryn Gustafson, una arquitecta paisajista que necesitaba una especialista en plantas perennes. Acordaron dividir el trabajo: Gustafson definiría la organización del espacio y Oudolf lo llenaría de plantas. Su proyecto ganó y, para Oudolf, este encargo se convirtió en su primer gran jardín en Estados Unidos.
La división de responsabilidades aún se lee en la propia disposición del Jardín Lurie. El equipo de Gustafson lo rodeó de un seto vivo de casi cinco metros sobre una estructura metálica. Protege las plantaciones de la calle concurrida y representa los «grandes hombros» de Chicago de un verso del poeta Carl Sandburg. En el interior, los arquitectos dispusieron una parte oscura y otra clara, y entre ambas trazaron una pasarela de madera sobre aguas poco profundas.
Esta diagonal se eligió por la historia de este mismo lugar. Bajo el jardín hay un garaje y el terreno colmatado de un antiguo patio ferroviario; aún más abajo discurría la antigua orilla del lago. La pasarela de madera sigue la dirección de un antiguo muro de contención que sostenía el terraplén y recuerda las tarimas que los habitantes de Chicago colocaban antaño sobre las calles embarradas. La parte oscura se plantó con especies adecuadas para la sombra y el suelo húmedo; la clara se dejó abierta al sol.
Oudolf llenó esta estructura con plantas perennes, gramíneas y bulbosas. Concebía las plantaciones para todo el ciclo de vida: tras la floración, siguen siendo importantes los tallos, las cápsulas de semillas y la forma de la mata. Por eso, en otoño los jardineros no limpian los parterres. Las plantas secas permanecen todo el invierno: las aves se alimentan de las semillas y los insectos se refugian en los tallos y bajo ellos. Todo se corta solo al final del invierno, antes de que aparezcan las primeras bulbosas, y los restos triturados se dejan sobre el suelo.
El apellido Lurie pertenece a otra historia humana. La filántropa de Chicago Ann Lurie entregó a la Fundación Millennium Park diez millones de dólares en memoria de su difunto esposo, el directivo de una empresa de inversión Robert “Bob” Lurie. El dinero se destinó a un fondo patrimonial para el cuidado permanente del jardín, y el jardín recibió el apellido de la familia. Bob Lurie murió en mil novecientos noventa, catorce años antes de la apertura. Su apellido quedó en la entrada, y los ingresos de la donación pagan ese mismo trabajo anual: conservar los tallos durante el invierno y cortarlos antes de las primeras hojas de primavera.
Información práctica
Todos los días 6:00–21:00; los senderos pueden cerrarse debido a las condiciones invernales, al mantenimiento o a grandes eventos.
Comprobado: 1 de julio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No te salgas de los senderos y no confundas las plantas marchitas con descuido: sus siluetas forman parte del diseño estacional.
