Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Figura de bronce
- Pedestal de piedra
- Firma «Eladio Gil»
- Fecha en la base
La historia del lugar
La figura de bronce de tres metros no era un retrato de India Catalina: nadie sabe qué aspecto tenía. La imagen conocida en Cartagena fue ideada en mil novecientos sesenta y uno, cuando Víctor Nieto, fundador del festival de cine de la ciudad, buscaba una imagen para el principal galardón. En el escudo de Cartagena vio a una mujer indígena sentada bajo una palmera y propuso al escultor Héctor Lombana ponerla de pie. Así apareció la estatuilla del festival.
Trece años después, la ciudad encargó una versión ampliada al escultor Eladio Gil. Para ella posó Judith Arrieta, de dieciséis años. Hija de campesinos que cultivaban yuca, ñame y plátanos, había llegado a Cartagena a los doce años y trabajaba como niñera para la familia Gil. El escultor obtuvo el consentimiento de sus padres, separó con una cortina una parte de su patio y, durante tres meses, modeló la figura primero en arcilla y luego en yeso. Compuso el rostro a partir de los rasgos de varias modelos, pero reprodujo el cuerpo de Judith. Por eso, ante nosotros está un monumento a Catalina con el cuerpo de otra mujer, cuyo nombre no figura en el pedestal.
La Catalina histórica era una niña del pueblo mokaná, raptada hacia mil quinientos nueve en el poblado de Zamba por el conquistador Diego de Nicuesa. La llevaron a la isla de La Española, donde hoy se encuentran Haití y República Dominicana. Allí aprendió español, se convirtió al cristianismo y adoptó las costumbres españolas.
En mil quinientos treinta y tres, Pedro de Heredia, jefe de un grupo que pretendía fundar aquí un asentamiento español y buscar oro, encontró a Catalina en Gaira. Necesitaba una intérprete que conociera las lenguas de la costa y tuviera vínculos de parentesco con los caciques locales. Un cronista informa que Catalina les transmitía las condiciones de los recién llegados y los persuadía de no temer el cautiverio. Sus negociaciones ayudaron a los hombres de Heredia a afianzarse junto a la bahía de Cartagena y a emprender expediciones hacia el interior del territorio.
Catalina vivía con Heredia y acompañaba sus expediciones, pero en mil quinientos treinta y seis dio testimonio contra él. Entonces, un juez de la Corona celebraba un «juicio de residencia», una revisión del gobernador durante la cual los habitantes podían informar de sus infracciones. Catalina contó que una vez Heredia ordenó a todos los sirvientes que se fueran por la noche y le mandó preparar medias, botas, una palanca de hierro y una azada. Por la mañana, las botas estaban mojadas y llenas de arena; las herramientas habían desaparecido, igual que una gran vasija de barro lavada la víspera. Tampoco estaba en su sitio un cofre con oro que ella había visto antes. No presenció la sustracción: un sirviente le informó de que Heredia y sus familiares se llevaron el oro durante la noche.
Un año después, Catalina repitió su testimonio. Fue una de varias acusadoras; el juez apartó a Heredia de su cargo y lo puso bajo custodia. Más tarde, él logró ser absuelto en España y regresó como gobernador. Tras el segundo interrogatorio, Catalina desaparece de los documentos: se desconoce dónde y cuándo murió.
Eladio Gil instaló inicialmente la figura de bronce al final de la Avenida Pedro de Heredia, a la entrada del centro. En dos mil seis, la ciudad la desplazó doce metros para abrir paso a la ruta de los autobuses urbanos. El escultor se opuso al estrecho nuevo emplazamiento, pero aceptó el proyecto de una amplia plaza en Puerto Duro. Murió en enero de dos mil once sin ver el resultado. En julio, su familia asistió al traslado de la estatua hasta aquí: con el rostro hacia la ciudad vieja y la espalda hacia el Castillo de San Felipe de Barajas.
En la base de piedra permanecen la firma «Eladio Gil» y el año de creación. En este punto, la Catalina de bronce está desde dos mil once; su pose nació de la estatuilla del festival y su cuerpo pertenece a Judith Arrieta.
Información práctica
Espacio urbano abierto; es más seguro mirar desde el borde de la acera.
Comprobado: 26 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Observe el monumento desde el lado peatonal y no se detenga junto a la calzada. Para esta parada no es necesario entrar al Castillo de San Felipe de Barajas.
