Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Edificio rojo de tres plantas
- Esferas del reloj de torre
- Entrada a la dársena Alfred
La historia del lugar
El edificio rojo de tres plantas con esferas de reloj se construyó junto a la entrada de la dársena Alfred para que el capitán del puerto pudiera ver el movimiento de los barcos. Desde el nivel superior, un sistema de espejos abarcaba el puerto, y un pozo en la parte baja conectaba el mareógrafo con el mar. Según sus lecturas, se decidía si un barco tendría suficiente profundidad; las órdenes se transmitían a las tripulaciones mediante banderas y un telescopio. Más tarde, los empleados se trasladaron al edificio vecino, pero el mecanismo del reloj de Edimburgo se quedó aquí y sigue funcionando.
En uno de los días de mil novecientos uno, un señalero contó ciento veintiocho barcos en el puerto y la bahía. Su movimiento se coordinaba desde esta torre: un pequeño edificio de tres plantas en el que solo cabía una habitación en cada planta.
La torre se construyó junto a la entrada de la dársena Alfred en mil ochocientos ochenta y dos para el capitán del puerto, el funcionario que decidía cuándo y hacia dónde podían pasar los barcos. El lugar se eligió por el estrecho paso entre las dársenas: desde allí se veía cada llegada. En el nivel superior, unos espejos ofrecían una vista circular del puerto. Abajo funcionaba un mareógrafo: un pozo conectaba el aparato con el mar, y el capitán conocía la altura exacta del agua. El calado de un barco podía ser mayor que la profundidad disponible, por lo que de su decisión dependía que el barco entrara en el dique o tocara fondo. El reloj, las banderas de señales y un telescopio permitían transmitir instrucciones a las tripulaciones.
La prueba más dura de este sistema comenzó en mil ochocientos noventa y nueve. El Imperio británico libraba una guerra contra dos repúblicas bóeres en África del Sur y trasladaba aquí desde ultramar tropas, caballos, mulas, armas y alimentos. Nombraron jefe de los transportes marítimos al oficial de carrera de la marina británica, el capitán sir Edward Chichester. Procuraba que los transportes que llegaban no atascaran el puerto y que las cargas salieran sin demora de los muelles y siguieran por ferrocarril.
Chichester instaló su sede en la Torre del Reloj. Sus hombres recibían los barcos, organizaban el desembarco de soldados, suministros y animales, y para el viaje de regreso embarcaban a los enfermos y a quienes habían sido licenciados del servicio. Un error en el orden retrasaba el siguiente transporte junto con todo lo que llevaba. Fue entonces cuando el señalero vio aquellos ciento veintiocho barcos. En los partes militares, el trabajo de Chichester fue reconocido como un éxito: por cuatro puertos de África del Sur, su servicio hizo pasar a miles de personas y un enorme flujo de carga.
Después de la guerra, el puerto siguió creciendo. En mil novecientos cuatro, el capitán del puerto y sus empleados se trasladaron a través del estrecho paso a un edificio espacioso situado enfrente. En la torre roja se conservaron la sala de espejos, el mareógrafo y el mecanismo del reloj traído de Edimburgo. Desde aquí ya no se dirige el movimiento de los barcos, pero el reloj original sigue funcionando sobre aquella misma entrada a la dársena Alfred.
Información práctica
La visita exterior está disponible todos los días de 09:00–21:00. No se puede entrar.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Puede escuchar el relato desde el exterior. Aléjese hacia el agua para ver la torre entera y no cruce las barreras de servicio.
