Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El stoep ante la casa
- El recibidor estrecho
- Fotografías familiares en la sala delantera
- Libros y documentos árabes
La historia del lugar
En mil novecientos setenta y ocho abrió aquí el Museo de Bo-Kaap. Sus creadores pretendían mostrar la vivienda de una acomodada familia musulmana de Ciudad del Cabo del siglo diecinueve. Vincularon la casa con Abu Bakr Effendi, un teólogo otomano enviado a Ciudad del Cabo para resolver disputas sobre la doctrina y enseñar a los musulmanes locales. Su nombre apareció en las placas del museo. El error se mantuvo durante décadas: antes de la apertura desalojaron a las personas que realmente vivían en el número setenta y uno de la calle Wale y eliminaron las huellas de sus vidas.
Para el museo eligieron una de las casas más antiguas de Bo-Kaap. Jan de Waal la construyó en mil setecientos sesenta y ocho, cuando al otro lado del canal Buitengracht apenas empezaba a surgir un nuevo barrio residencial. De las casas que él levantó, esta conservó mejor que las demás su forma temprana. Sin embargo, a mediados del siglo veinte el interior ya tenía una distribución completamente distinta.
Desde mil ochocientos noventa y cuatro, la casa perteneció a Mahmoud Fakih Emin Effendi, un profesor musulmán nacido en Ciudad del Cabo a quien el califato otomano nombró para enseñar a la comunidad de aquí. Después, la casa pasó a su hijo Muhammad Dervish Effendi. Trabajaba como ayudante de farmacéutico y continuó la labor de su padre. Cuando, a causa de la Primera Guerra Mundial, cesó la financiación otomana de la escuela de la calle Castle, Dervish la cerró y empezó a impartir las clases aquí, en su propia casa. Así, una dirección residencial se convirtió también en lugar de enseñanza.
Tras la muerte de Dervish en mil novecientos cuarenta, aquí permanecieron su viuda Mariam y sus ocho hijos; más tarde vivieron con ella también sus hijos y nietos. A finales de los años setenta, dieron a la familia un mes para desalojar la casa y convertirla en museo. Mariam se mudó con sus parientes al barrio de Heideveld.
Mientras tanto, los restauradores eliminaron las reformas posteriores, estrecharon el recibidor hasta la anchura inicial supuesta, volvieron a colocar los suelos y sustituyeron los antiguos elementos de hierro por copias basadas en modelos del siglo dieciocho. A los visitantes les mostraban un interior temprano restaurado de Ciudad del Cabo y señalaban a Abu Bakr Effendi como antiguo propietario.
La razón de la confusión resultó bastante terrenal. «Effendi» era, en la tradición otomana, un título honorífico para una persona instruida; compartir el mismo título no implicaba parentesco. El célebre Abu Bakr sí tenía una escuela islámica en la misma calle Wale, pero junto al cruce con la calle Bree. No vivió en el número setenta y uno.
La historiadora Halime Gencoglu decidió comprobar la versión del museo en los documentos. Durante dos años cotejó los registros de propiedad de Ciudad del Cabo con documentos de los archivos turcos y estableció la cadena de propietarios: Mahmoud Fakih Emin Effendi, su hijo Dervish y, después, la viuda y los descendientes de Dervish. Tras publicar su investigación en dos mil quince, el personal del museo aceptó rehacer una parte de la exposición.
En dos mil diecinueve se inauguró en la sala delantera una exposición sobre la familia Effendi. Sus descendientes participaron en su creación y devolvieron aquí, en préstamo, fotografías antiguas, libros árabes, documentos y objetos familiares. Vuelven a estar en el número setenta y uno de la calle Wale; la distribución a su alrededor sigue siendo la que los restauradores crearon después de que Mariam Effendi se marchara.
Información práctica
Días laborables 09:00–17:00; sábados de invierno 08:30–16:00. Compruebe el servicio de entradas: el museo puede no abrir durante los cortes de electricidad.
Comprobado: 1 de julio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La casa puede observarse desde fuera sin ocupar la entrada. Consulte con el museo de antemano la posibilidad de visitar el interior; no dé por garantizado el acceso.
