Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Galería de mujeres
- Alto vano de la geniza
La historia del lugar
En época otomana, la sinagoga Ben Ezra pasó a llevar el nombre de Ben Ezra, poeta judío, filósofo e intérprete de la Biblia. En los documentos medievales la llamaban sinagoga de los jerosolimitanos o de los sirios: aquí rezaba una comunidad que seguía las costumbres de la Tierra de Israel. Sobre la galería de mujeres se conserva un alto vano en la pared. Ya no se celebran oficios regulares.
Durante varios siglos, los fieles de esta sinagoga subían los papeles ya utilizados a la galería de mujeres y los introducían por un alto vano abierto en la pared. El propósito era religioso: los textos que contenían el nombre de Dios no podían tirarse ni destruirse como basura. Los depositaban en una geniza, una cámara donde las hojas escritas esperaban un entierro respetuoso.
Los judíos de Fustat entendían esta norma en sentido amplio. A la cámara llegaban libros de oraciones y rollos de la Torá, junto con contratos matrimoniales, cartas de divorcio, cuentas de comerciantes, correspondencia privada, recetas médicas y ejercicios escolares. Incluso una carta comercial podía contener una bendición o estar escrita con letras hebreas. La gente se deshacía de papeles innecesarios y dejó accidentalmente la colección más detallada de documentos sobre su propia vida, desde el comercio con la India hasta las disputas familiares.
En mil ochocientos noventa y seis, dos viudas escocesas que eran hermanas gemelas, Agnes Lewis y Margaret Gibson, que buscaban manuscritos antiguos, compraron en El Cairo varias de esas hojas. En Cambridge se las mostraron a Solomon Schechter, profesor de literatura rabínica que se ganaba la vida estudiando textos judíos e intentaba reconstruir un libro perdido. En un fragmento reconoció el texto hebreo antiguo del Libro de Ben Sirá. El original de este libro había desaparecido de la circulación hacía mucho tiempo; los estudiosos lo conocían principalmente por traducciones y citas tardías.
Una hoja dañada significaba que en algún lugar de El Cairo podían encontrarse las demás. Charles Taylor, el adinerado director de un college de Cambridge, pagó el viaje para que Schechter no tuviera que esperar una larga aprobación universitaria. En diciembre de ese mismo año, el investigador llegó aquí.
No podía disponer por sí mismo del contenido de la cámara. Rafael Aarón Ben-Shimón, gran rabino de Egipto, era responsable del acceso a los bienes de la comunidad; Schechter obtuvo su consentimiento y el permiso de los dirigentes de la comunidad judía de El Cairo. Después subió hasta el vano situado sobre la galería de mujeres.
Dentro no se podían leer los manuscritos con calma: no había luz suficiente, las hojas yacían en montones enredados, entre polvo e insectos. Al mismo tiempo, se desarrollaba una carrera con los comerciantes de antigüedades. En una carta desde El Cairo, Schechter se quejaba de que los ayudantes contratados extraían buenos fragmentos y los vendían a revendedores. No logró impedirlo y recompraba las hojas robadas. Por eso, en vez de seleccionar tesoros individuales, decidió llevarse todo lo que la comunidad le permitiera. Al cabo de tres semanas ya tenía trece grandes sacos; en total enviaron a Cambridge unos doscientos mil fragmentos.
Dos años después, Schechter y Taylor publicaron el texto hebreo hallado del Libro de Ben Sirá. La colección de Cambridge recibió los apellidos de Schechter y Taylor. Otros investigadores empezaron a leer los papeles que sus antiguos dueños habían considerado inservibles: condiciones matrimoniales, deudas, precios, rutas de mercaderes, cartas de padres e hijos. Los manuscritos de las genizas de El Cairo están ahora repartidos entre más de sesenta bibliotecas y colecciones privadas; aproximadamente la mitad se encuentra en Cambridge.
El nombre actual de la sinagoga se vincula oficialmente con Abraham ibn Ezra, poeta judío, filósofo e intérprete de la Biblia del siglo duodécimo. Solo se consolidó en el período otomano. En documentos medievales procedentes de la misma cámara, los fieles la llamaban sinagoga de los jerosolimitanos o de los sirios: aquí rezaba una comunidad que seguía las costumbres litúrgicas y jurídicas de la Tierra de Israel.
Ya no se celebran oficios regulares y la geniza está vacía. Sobre la galería de mujeres permanece el alto vano por el que los fieles arrojaron durante siglos aquello que se negaban a destruir.
Información práctica
Todos los días 09:00–16:00 según el MoTA; el acceso puede cambiar debido a la seguridad, las festividades y las restauraciones.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Trate la sinagoga como un espacio religioso y siga las indicaciones de los vigilantes. Si no se permite la entrada, puede escuchar tranquilamente desde fuera el relato sobre los manuscritos.
