Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Vasos eclesiásticos de plata
- Techos tallados
- Celosías de madera mashrabiya
- Ala antigua y ala nueva
La historia del lugar
Aquí se conservan tejidos, manuscritos, iconos y tallas del Egipto cristiano, la parte del país que suele quedar al margen de los relatos sobre los faraones y el El Cairo islámico. En el edificio antiguo y en la ampliación posterior se ven tallas de techos, hojas de puertas, mármol y mamparas caladas de madera que estuvieron antaño en casas coptas. La Iglesia Copta cedió el terreno para los edificios; el Estado asumió más tarde los gastos del museo, pero la Iglesia Copta conservó los derechos sobre el terreno y la colección. Los fondos reúnen aproximadamente dieciséis mil objetos.
En el invierno de mil novecientos ocho, el patriarca copto Cirilo V ordenó a un joyero pesar antiguos objetos de plata. Junto a ellos había un libro donde un escribiente anotaba el valor de cada uno a precio de chatarra. Se disponían a fundir las cubiertas de los Evangelios y los vasos eclesiásticos de los siglos catorce y quince, algunos con inscripciones fechadas en copto y árabe. Los tasaron en ciento ochenta libras egipcias.
Cirilo no consideraba estos objetos piezas de museo. Un objeto consagrado que ya no servía para el culto no podía entregarse a extraños: la madera debía quemarse y el metal fundirse para hacer nuevos vasos. Por eso, en los monasterios, los manuscritos antiguos se usaban a veces como combustible, y las mamparas de altar talladas se desmontaban para leña. El patriarca se disponía a obtener plata nueva sin infringir la norma eclesiástica.
Marcus Simaika, un laico copto que acababa de jubilarse de su puesto como auditor principal de los Ferrocarriles Estatales Egipcios, estuvo presente durante el pesaje. Entonces formaba parte del Consejo de la Comunidad Copta, que administraba escuelas, hospitales y propiedades eclesiásticas. Simaika promovía la creación de un museo donde se pudieran reunir objetos del Egipto cristiano. Los coptos son la comunidad cristiana histórica del país; sus manuscritos, tejidos, iconos y tallas quedaban entre los dos relatos habituales sobre Egipto: el faraónico y el islámico.
Cirilo ya había rechazado antes a Simaika. Temía que los objetos consagrados quedaran fuera de la supervisión de la Iglesia Copta. Ahora Simaika propuso un acuerdo: reuniría dinero para nuevos vasos, la plata seguiría siendo propiedad de la Iglesia Copta y la primera sala se instalaría allí mismo, junto a la Iglesia Colgante, y se confiaría a su sacerdote. El patriarca aceptó, encerró los objetos en un armario y le dio dos semanas. Simaika reunió trescientas libras entre familiares y amigos, bastante más que el valor de la chatarra.
La primera exposición ocupó una sola habitación. En mil novecientos diez se inauguró oficialmente el museo. Simaika no recibía dinero de la tesorería eclesiástica: preparaba listas de suscripción, visitaba a conocidos adinerados y compraba al patriarcado los objetos seleccionados por la suma que este fijaba. Cuando hacía falta ampliarlo, añadía una habitación tras otra.
Incluso la decoración de las salas surgió del mismo modo. En casas coptas condenadas a demolición, Simaika encontraba techos tallados, puertas, mármol y celosías de madera mashrabiya. Subía por escaleras sin peldaños ni pasamanos, se abría paso bajo forjados vencidos e instalaba las piezas encontradas en los edificios del museo. Una de las mejores mashrabiyas había servido antes de tabique: los propietarios la cubrieron de yeso por ambos lados, y esa capa conservó por casualidad la talla delicada.
El acuerdo inicial tuvo una consecuencia. En mil novecientos veinte, el rey Fuad I examinó la colección y exigió incorporar el museo al sistema estatal. Simaika quería financiación permanente, pero no podía entregar lo que pertenecía a la Iglesia Copta. Propuso dejarle el terreno y la colección, y encomendar al Estado los gastos y la supervisión. El rey consideró aquello una desobediencia y durante varios años se negó a recibir a Simaika.
En enero de mil novecientos treinta y uno, el nuevo patriarca Juan XIX aceptó finalmente transferir el museo al Departamento de Antigüedades, conservando los derechos de la Iglesia Copta. El Consejo de la Comunidad Copta se opuso. Hanna Shenouda, sacerdote de la Iglesia Colgante, cerró las puertas del museo y trasladó los libros contables al patriarcado. Abd al-Fattah Sabri, viceministro de Educación, llegó con soldados, ordenó abrir la entrada y, tras la negativa, mandó forzar las puertas y cambiar las cerraduras. Después devolvió los edificios y la colección a Simaika, ya como director de un museo estatal.
La financiación estatal permitió construir un ala nueva y, más tarde, se trasladaron aquí antigüedades cristianas del Museo Egipcio. Actualmente la colección reúne unos dieciséis mil objetos. Los edificios se alzan en un terreno cedido por la Iglesia Copta; dentro del museo estatal permanecen la plata salvada del crisol de fundición y las piezas talladas de casas que Simaika retiró antes de su demolición.
Información práctica
Todos los días 09:00–17:00; la taquilla cierra a las 16:00.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No se apresure entre las vitrinas: aquí las letras pequeñas, las juntas y las huellas de reparación importan más que la vista general. Consulte con el personal las normas para hacer fotografías.
