Parada 2 de 7

Carrera 13 y Edificio UGI

Carrera 13

La parada explicará por qué los ingenieros tuvieron que dirigir primero hacia arriba el peso de las plantas de oficinas.

15 min
Fotografía: el moderno Edificio UGI de vidrio en la intersección de Carrera 13 y Calle 40.
Felipe Restrepo Acosta · CC BY-SA 3.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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Mira primero a tu alrededor

En qué fijarse

  • Tirantes de acero en la fachada
  • Cerchas de acero en la cima
  • Núcleo central de hormigón
  • Planta baja comercial

La historia del lugar

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El estrecho solar entre la avenida y el río estuvo ocupado en otro tiempo por una casa particular y una gasolinera, y después se destinó a un rentable edificio de oficinas. Sobre la planta baja comercial se extienden por la fachada tirantes de acero que convergen en las cerchas de la cubierta; gracias a ellos, las plantas de oficinas casi no están divididas por columnas interiores. Desde el principio albergó bancos e instituciones financieras, y el nombre de la torre sobrevivió a la propia compañía que lo recibió.

En la esquina de la Carrera Trece y la Calle Cuarenta se alza el Edificio UGI, una torre de veintidós plantas. La planta baja está ocupada por locales comerciales; encima se encuentran las oficinas y, bajo tierra, hay dos niveles de aparcamiento. Los ascensores, las escaleras y los aseos se agrupan en un núcleo central de hormigón armado. A su alrededor quedaron plantas libres, casi sin columnas interiores.

En mil novecientos setenta y uno todavía se encontraba aquí la casa familiar del industrial Aurelio Ramos Henao, dueño de una fábrica de cartón. Había heredado la casa de sus padres y no quería derribar las paredes vinculadas a los recuerdos familiares. El arquitecto y promotor Hernando Vargas Rubiano propuso sustituir la casa por una rentable torre de oficinas. Su empresa obtenía ingresos del diseño y la construcción, mientras que los solares solían ser aportados por los socios. Ramos aceptó cuando Vargas prometió poner al futuro edificio el nombre de su familia.

A la casa se añadió el solar vecino, con una gasolinera Esso cerrada, pero el terreno entre la Carrera Trece y el río Arzobispo seguía siendo estrecho y alargado. Los soportes convencionales habrían ocupado plazas de aparcamiento y dividido las oficinas. Entonces entró en el despacho de Vargas una vendedora de libros. En un álbum sobre construcción en altura que le compraron, el arquitecto y su hijo, el joven ingeniero Hernando Vargas Caicedo, encontraron un edificio de Hamburgo con plantas suspendidas de una estructura situada en la cubierta.

Vargas Caicedo trabajaba en la empresa de su padre y debía averiguar si era posible repetir aquel sistema en Bogotá. En mil novecientos setenta y dos llegó a Hamburgo, localizó al ingeniero Fritz Raphainer, que había descrito el proyecto alemán, y le mostró los planos de la futura torre. Raphainer consideró viable la idea. Dos calculistas colombianos a los que los Vargas consultaron tras regresar se negaron: obligar a la carga a subir primero y después bajar hasta los cimientos les parecía caro e ilógico.

El cálculo lo asumió el ingeniero estructural Guillermo González Zuleta. Estaba en juego la reputación profesional de todo el equipo. En abril de mil novecientos setenta y cuatro, González, Vargas Rubiano y el director de la empresa constructora aceptaron por escrito la responsabilidad de la obra ante la dependencia municipal.

Los trabajadores levantaron primero el núcleo central de hormigón armado. Treinta y cuatro gatos hidráulicos de accionamiento manual desplazaban hacia arriba el encofrado deslizante; todo el núcleo requirió un mes. En la cima montaron cerchas de acero y desde ellas bajaron tirantes por la fachada. Después, sobre una plataforma suspendida, vertían la losa superior, unían su borde interior al núcleo central y el exterior a los tirantes, y bajaban la plataforma un nivel más. Así, las plantas aparecían de arriba abajo. Los forjados ya terminados protegían de la lluvia a los trabajadores, por lo que podían empezar los acabados mientras abajo seguían montando la estructura.

También había que reunir el dinero por partes. La sociedad de promotores obtuvo dos hipotecas por un total de veinte millones de pesos de entonces. Los proveedores de ladrillo, piedra y estructuras metálicas recibían, en lugar de parte del pago, espacios en las futuras oficinas. Un gran comprador fue la compañía Unión General de Inversiones. Vargas le ofreció la planta veinte, un local comercial y el nombre de toda la torre. Según los recuerdos de Vargas Caicedo, Aurelio Ramos vendió su nombre por un millón de pesos: en años de secuestros frecuentes, temía que el apellido en la fachada hiciera que los delincuentes lo tomaran por el único propietario del edificio.

En mil novecientos setenta y cinco se instalaron en la torre los primeros bancos e instituciones financieras. Cuatro años después, los promotores saldaron ambas hipotecas. La compañía UGI fue liquidada más tarde, pero el nombre que había comprado permaneció. También se conservó el propio sistema suspendido: el borde exterior de cada losa de oficinas está sostenido por tirantes de fachada que conducen a las cerchas de acero de arriba; desde allí, la carga baja por el núcleo central de hormigón hasta los cimientos.

Información práctica

Tiempo en la parada15 min
Siguiente puntoParque de los Hippies
Entradadesde fuera

La calle está abierta las veinticuatro horas; consulte la Ciclovía/los cortes y las condiciones de transporte según la situación actual de la ciudad.

Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Observe el edificio desde un punto seguro y no permanezca junto al borde de la calzada transitada. La historia se lee desde el exterior; no es necesario entrar en las oficinas.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Suba por la Carrera 13 hasta la Calle 60 y gire en dirección a la Avenida Séptima.

Parada 2 de 7Después: Parque de los Hippies

Ruta terminada

Paseo completado

«Chapinero y Quinta Camacho: cómo se formó el norte de Bogotá» — 7 paradas, unos 7,8 km, 2-3 horas.

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