Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Pequeñas torres de vigilancia en las esquinas
- Muros de piedra
- Entrada central
La historia del lugar
Tras los muros de piedra del Museo Nacional de Colombia se conserva un edificio concebido en otro tiempo para el aislamiento y la vigilancia. Sus cuatro alas convergen en el centro, y en las esquinas se alzan pequeñas torres de vigilancia; la entrada principal conduce al lugar donde antes estaban las celdas. Cuando trasladaron a los presos a la nueva prisión de La Picota, estos espacios se destinaron a las colecciones arqueológicas, etnográficas, históricas y artísticas. El museo conserva ahora también la memoria de la antigua función del edificio: hay una sala independiente dedicada a ella en el interior.
La noche del veinticuatro de octubre de mil novecientos, este edificio era la Penitenciaría Central de Cundinamarca. Los bogotanos la llamaban Panóptico, «el lugar desde donde se ve todo». El proyecto preveía la vigilancia desde un punto central, aunque el edificio construido resultó tener forma de cruz y no permitía una visión completa. Los presos aprovecharon esa debilidad.
Se libraba la Guerra de los Mil Días, una guerra civil entre el gobierno conservador y los rebeldes liberales. En la prisión retenían a prisioneros y adversarios políticos. El preso liberal Ricardo Jaramillo quería llevar a sus compañeros hasta sus propias tropas. Tenía un plano del edificio; sus cómplices midieron el muro, consiguieron una sierra y fueron retirando poco a poco los balaustres de las barandillas. Con ellos y con cuerdas introducidas a escondidas construyeron una escalera. Para huir, esperaban una noche lluviosa.
Hacia las once, los conspiradores se encerraron en la «Sala de los Osos», como llamaban los presos a la estancia superior, la más alejada de la guardia. Pusieron una mesa sobre una cama, una silla sobre la mesa y comenzaron a desmontar el techo. Salieron por un agujero al desván, retiraron las tejas y subieron al tejado.
En el patio ardía un reflector eléctrico. Una persona sobre la cumbrera del tejado proyectaba enseguida su sombra sobre el muro iluminado; abajo había dos centinelas. El general liberal Celso Román fue el primero en fijar la escalera de cuerda, bajó a la calle, luego volvió a subir e informó de que el camino estaba libre. Los centinelas vigilaban el patio y la entrada, pero no miraron hacia arriba.
Cincuenta personas se marcharon por la escalera. El abogado y escritor Adolfo León Gómez también se preparó para huir. Su hermano le recordó que de sus ingresos vivían su esposa, seis hijos y su madre, y que sus clientes le habían confiado sus asuntos judiciales. Sin dinero ni armas, solo podría esconderse hasta el final de la guerra. Gómez se quedó y más tarde describió aquella noche en el libro «Los misterios del Panóptico».
Para los fugitivos, la noche terminó de distintas maneras. Al capitán Aurelio Cumplido lo capturaron al día siguiente. El coronel Luis María Villarreal cayó mientras descendía, ya no pudo volver al servicio y murió poco después. Los demás llegaron a los campamentos liberales o encontraron un refugio seguro.
Después de la fuga, el gobierno añadió pequeñas torres de vigilancia a las esquinas del edificio y colocó en ellas centinelas permanentes. La prisión funcionó aquí hasta mil novecientos cuarenta y seis, cuando trasladaron a los presos a la nueva La Picota. Dos años después, las antiguas celdas fueron ocupadas por las colecciones arqueológicas, etnográficas, históricas y artísticas del Museo Nacional de Colombia.
En el interior hay ahora una sala independiente sobre la historia del Panóptico. En el exterior permanecen las pequeñas torres de las esquinas: se levantaron porque una vez los guardias miraban al patio y los presos pasaron por encima de sus cabezas.
Información práctica
Mar–Dom 09:00–17:00; lun, incluidos los festivos, cerrado; miércoles después de las 14:00 y el último domingo del mes: entrada gratuita.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Si la entrada está disponible, observe no solo la colección, sino también el propio edificio. Con las puertas cerradas, su carácter de fortaleza se aprecia bien desde fuera.
