Parada 7 de 8

Manzana Cultural: Museo Botero y Casa de Moneda

Manzana Cultural Banco de la Republica / Museo Botero / Museo Casa de Moneda

Antiguos edificios de producción y eclesiásticos se unirán en un conjunto creado para una sola colección privada.

30 min
Manzana Cultural: Museo Botero
Pedro Szekely · CC BY-SA 2.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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En qué fijarse

  • Máquinas de acuñación
  • Monedas y billetes
  • Patios interiores y pasajes
  • Obras de Botero

La historia del lugar

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En varios edificios antiguos de un mismo conjunto hay ahora salas conectadas por patios y galerías cubiertas. Uno de ellos fue casa de moneda durante más de tres siglos y medio: aquí el oro y la plata se convertían en dinero para una ciudad donde antes, para pagar una compra, se podía entregar arena de oro o un trozo de metal y pesarlo en el acto. Cuando la producción se trasladó a Ibagué, los talleres quedaron vacíos al principio. Ahora, las máquinas de acuñación y las vitrinas con dinero hablan del trabajo de antaño.

En su primer día al frente del Banco de la República, el economista Miguel Urrutia llegó aquí a pie. El nuevo gerente del banco central colombiano quería entender qué hacer con los edificios que el banco había ido acumulando. El departamento cultural ocupaba entonces la antigua casa arzobispal, hoy Museo Botero. Urrutia recorrió los edificios vecinos junto con su director, el escritor Darío Jaramillo, y preguntó en voz alta: «¿Qué podríamos hacer con este conjunto?»

Parte de la respuesta ya estaba en el nombre Casa de Moneda: la casa de la moneda. A comienzos del siglo diecisiete, en Santafé de Bogotá, como se llamaba entonces Bogotá, las compras se pagaban con arena de oro y trozos de plata. Había que pesar el metal en cada transacción; las marcas falsas y las mezclas de cobre o plomo permitían engañar tanto al vendedor como al tesoro real.

En mil seiscientos veinte, el rey Felipe III firmó un contrato con el ingeniero militar Alonso Turrillo de Yebra. Este debía instalar a su costa una casa de moneda en Santafé de Bogotá, fabricar las herramientas y traer artesanos. Turrillo esperaba recuperar lo invertido durante quince años de gestión de la empresa. Cuatro años después se quejaba al rey de que ya había gastado más de treinta mil ducados y de que la acuñación prevista de moneda barata de plata y cobre se había reducido tras la resistencia de los comerciantes locales y los concejos municipales.

Sin embargo, para mil seiscientos veintidós ya se acuñaban aquí oro y plata. Turrillo murió en Santafé de Bogotá poco antes de que terminara el contrato; su viuda heredó sus derechos y su sobrino continuó el trabajo. En este conjunto se emitieron monedas durante otros tres siglos y medio. Solo en mil novecientos ochenta y siete trasladaron el equipo a Ibagué. Los antiguos edificios de producción quedaron vacíos, mientras que el banco guardaba archivos en los locales vecinos.

Eso fue precisamente lo que vio Urrutia durante su primer paseo. Poco después, la comisaria Carolina Ponce de León organizó en la Casa de Moneda una exposición temporal de la colección de pintura del banco. Urrutia decidió abrirla permanentemente al público. Los archivos se enviaron a otras dependencias del banco, los antiguos talleres se adaptaron como salas y se conectaron con la casa arzobispal mediante patios interiores y pasajes.

Unos años antes, en aquella casa Fernando Botero había expuesto sus pinturas sobre corridas de toros. Era un artista y coleccionista colombiano que procuraba que los habitantes del país pudieran ver originales de arte europeo sin viajar al otro lado del océano. Le satisfizo cómo los empleados del banco trataban las obras y preparaban la exposición. Tras hablar con Jaramillo, Botero envió a Urrutia una carta manuscrita: proponía entregar al banco su colección de arte extranjero y aproximadamente el mismo número de obras propias.

Urrutia presentó la propuesta al consejo de administración del banco. El consejo aceptó ceder la antigua casa arzobispal para la colección, y Botero supervisó personalmente su transformación y la colocación de los cuadros. El artista se desprendía de obras que había comprado durante años con el dinero ganado pintando: entre ellas había trabajos de Corot, Monet, Renoir, Picasso, Dalí y Miró. Puso condiciones: la entrada seguiría siendo gratuita, los cuadros no se prestarían para exposiciones temporales y se conservaría la exposición que él había compuesto.

En dos mil llegaron desde Suiza cajas con doscientas ocho obras: ciento veintitrés trabajos del propio Botero y ochenta y cinco piezas de su colección personal. El museo abrió en noviembre. El nombre de Botero en la fachada señala a la persona que entregó aquí tanto su propio arte como aquello que coleccionaba para sí mismo.

Ahora, en la Casa de Moneda se muestran monedas, billetes y máquinas de acuñación, y los pasajes a través de los patios llevan a las salas del Museo Botero. Es el mismo recorrido por los edificios vecinos que Urrutia hizo en su primer día de trabajo. Los cuadros permanecen en los lugares que Botero determinó, no se prestan a otros museos y la entrada sigue siendo gratuita.

Información práctica

Tiempo en la parada30 min
Siguiente puntoChorro de Quevedo
Entradaacceso libre

Museo Botero y Casa de Moneda forman parte de la Manzana Cultural del Banco de la República; el horario suele ser lun/mié-sáb 09:00-19:00, dom 10:00-17:00, mar cerrado.

Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

El conjunto puede convertirse fácilmente en una visita independiente de varias horas; decida de antemano si verá ambas colecciones y compruebe el acceso a los edificios que necesite.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Salga del conjunto museístico en dirección a la subida y gire hacia la plaza con el muro de arcos.

Parada 7 de 8Después: Chorro de Quevedo

Ruta terminada

Paseo completado

«La Candelaria: oro y poder» — 8 paradas, 2,0 km, 3,5 horas.

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