Parada 8 de 8

Chorro de Quevedo

Plazoleta del Chorro de Quevedo

La última parada explicará cómo el apellido del propietario del terreno sobrevivió al antiguo surtidor y a su estatua de piedra.

25 min
Chorro de Quevedo
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En qué fijarse

  • Taza de piedra
  • Muro con doce vanos
  • Capilla blanca
  • Escalinatas de la plaza

La historia del lugar

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Las escalinatas de la plaza de Chorro de Quevedo y los bordes junto a los cafés llevan mucho tiempo ocupados por estudiantes, músicos y narradores callejeros. Les sirve de telón de fondo un muro con doce vanos arqueados, levantado ante la fachada norte que los restauradores municipales consideraron poco atractiva. Los vanos recuerdan las doce cabañas del campamento español que, según la versión tradicional, surgió aquí en el lugar de un asentamiento muisca; los historiadores discuten el punto exacto de la fundación de la ciudad. Cerca blanquea una capilla del siglo veinte que reproduce el aspecto de la desaparecida Capilla del Humilladero.

La taza de piedra del centro de la plaza explica su nombre. «Chorro» significa en español una corriente de agua, y Quevedo es el apellido del monje católico que procuró a las familias de aquí un acceso cómodo al agua.

Francisco Quevedo pertenecía a la orden de los agustinos descalzos y enseñaba en su colegio. En mil ochocientos treinta y dos compró por cincuenta pesos un terreno en la calle Pueblo Viejo, la «del Antiguo Asentamiento». Era una zona periférica junto al arroyo San Bruno. Los vecinos caminaban hasta sus manantiales con recipientes y después llevaban el agua cuesta arriba hasta sus casas. En su terreno, Quevedo instaló un surtidor público de agua. El camino para buscar agua se acortó y empezaron a llamar a la corriente por su nombre: Chorro de Quevedo.

Más tarde encargaron para el surtidor una estatua de Quevedo. El agua salía de las manos de la figura de piedra. Aquella gratitud duró poco: en el siglo diecinueve le derribaron la cabeza a la estatua y después desapareció por completo. El surtidor mismo permaneció en pie hasta mil ochocientos noventa y seis. Un muro derrumbado lo destruyó junto con las construcciones vecinas. La taza de piedra que está ahora aquí no se colocó hasta mil novecientos sesenta y ocho. Tras otra restauración, en dos mil diecisiete dejaron correr agua de ella por primera vez en treinta y un años.

Los narradores callejeros, músicos y acróbatas recibieron este espacio actual mucho más tarde. A comienzos de los años ochenta apenas había establecimientos aquí y la propia plaza seguía poco concurrida. En mil novecientos ochenta y cinco, la corporación municipal que se ocupaba de restaurar La Candelaria decidió cerrar con un muro de arcos la fachada norte, considerada poco atractiva. Los músicos y narradores comenzaron a usarlo como telón de fondo, los cafés ocuparon los bordes de la plaza y los estudiantes de las universidades cercanas llenaron las escalinatas.

El muro tiene doce vanos. Recuerdan las doce cabañas que los hombres de Gonzalo Jiménez de Quesada, según la versión tradicional, levantaron aquí para el campamento español en mil quinientos treinta y ocho. El lugar era adecuado para una guarnición: se hallaba por encima de la llanura, era más fácil de defender y ya estaba ocupado por un asentamiento muisca. Los historiadores discuten el lugar exacto de la fundación de la ciudad, y jurídicamente Santafé de Bogotá fue fundada más tarde junto a la actual Plaza de Bolívar. La capilla blanca cercana también apareció en el siglo veinte; se construyó a imagen de la desaparecida Capilla del Humilladero, cerca del actual Parque Santander.

Del surtidor de Francisco Quevedo no quedan ni la antigua obra de mampostería ni la estatua del monje. Su apellido se conservó en la plaza, y en el centro se alza una taza de piedra posterior, en el lugar de la corriente pública para la que compró este terreno.

Información práctica

Tiempo en la parada25 min
Siguiente puntoFin de la ruta
Entradadesde fuera

Plaza urbana abierta; después del anochecer, manténgase por las rutas iluminadas y atento a la situación urbana del momento.

Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

En el acceso hay pendientes y pavimento irregular; por la tarde la plaza puede estar concurrida, y las actuaciones de los narradores no siguen un horario garantizado.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Quédese junto a la taza de piedra: aquí el paseo terminará con el nombre que el surtidor desaparecido dejó a Bogotá.

Parada 8 de 8Fin de la ruta

Ruta terminada

Paseo completado

«La Candelaria: oro y poder» — 8 paradas, 2,0 km, 3,5 horas.

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