Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La antigua fachada universitaria
- El frontón de la Capilla de La Bordadita
- La Virgen con el Niño
- La figura arrodillada del fundador
La historia del lugar
Detrás de la antigua fachada universitaria vivieron en otro tiempo unos pocos becarios con manutención completa. El colegio formaba teólogos, juristas y médicos de la élite laica local, y sus gastos se pagaban con los ingresos de las haciendas que le habían cedido. Sobre la entrada de la Capilla de La Bordadita, la Virgen con el Niño ocupa el centro del frontón; debajo de ella se alza de rodillas la figura del fundador.
La Plazoleta del Rosario y la fachada situada detrás pertenecen a épocas distintas. La plaza se abrió solo en mil novecientos setenta y cuatro, tras la demolición de la manzana urbana que se alzaba aquí. Hoy la cruzan estudiantes, profesores, comerciantes y empleados de las instituciones cercanas. El nombre de la plaza repite el de su vecino, tres siglos más antiguo: el Claustro del Rosario, el antiguo edificio de la actual Universidad del Rosario.
Aquí la palabra «Rosario» se refiere a la oración del Rosario. El fraile dominico Cristóbal de Torres, arzobispo de Santafé de Bogotá, veneraba especialmente a la Virgen María bajo este nombre y le dedicó el colegio que proyectaba. En la Capilla de La Bordadita, la Virgen con el Niño ocupa el centro del frontón, mientras que el propio Torres aparece debajo, de rodillas.
El arzobispo quería formar aquí a futuros teólogos, juristas y médicos de la élite laica local. En Santafé de Bogotá, dominicos y jesuitas ya disputaban el derecho a conceder grados académicos; Torres pretendía sacar al nuevo colegio de la rivalidad entre las dos órdenes. Obtuvo el permiso de la Corona española, invirtió en la institución sus propios bienes y le cedió haciendas cuyos ingresos debían mantener a los estudiantes.
En mil seiscientos cincuenta y tres se instaló en el claustro a los primeros becarios. Los llamaban colegiales: recibían manutención completa y podían vivir aquí hasta terminar sus estudios, unos siete años. El número de plazas dependía de los ingresos del colegio y por lo general no superaba las quince. Era un círculo reducido de jóvenes cuyo origen cumplía los requisitos coloniales para la nobleza laica.
Torres entregó los primeros cargos de rector y vicerrector a dos hermanos dominicos. Los dirigentes de la orden decidieron que, junto con aquellos nombramientos, el arzobispo les había entregado también todo el colegio, e intentaron incorporarlo a sus centros de enseñanza. Torres revocó el nombramiento. Encargó la dirección del colegio a Cristóbal de Araque, su administrador eclesiástico de confianza, que debía conservar la institución para los becarios.
Después, el arzobispo redactó las constituciones del colegio. En ellas estableció el orden de la enseñanza, la administración de los bienes y la elección de los dirigentes. Los propios colegiales obtuvieron el derecho a participar en el nombramiento del rector. Para un colegio colonial, era una organización poco habitual: los estudiantes que vivían de sus recursos decidían al mismo tiempo quién administraría esos recursos.
El siete de julio de mil seiscientos cincuenta y cuatro, Torres, gravemente enfermo, firmó su testamento. Dejó al colegio el resto de sus ingresos arzobispales, volvió a nombrar rector a Araque y exigió que continuara el pleito con los dominicos. También pidió que lo enterraran en la capilla de aquí. Al día siguiente murió el fundador, sin conocer el desenlace de la disputa.
Araque luchó durante diez años más por que se cumpliera su voluntad. En mil seiscientos sesenta y dos viajó a Madrid y presentó el caso ante la corte real. Dos años después, la Corona confirmó las constituciones, reconoció a Araque como rector y rechazó las pretensiones de la orden dominica sobre el colegio. Araque cumplió el encargo, pero ya no regresó a Santafé de Bogotá: murió en Madrid.
Detrás de la antigua fachada, la universidad sigue funcionando. Los quince colegiales, junto con el consejo universitario, eligen todavía hoy mediante voto secreto al rector por cuatro años. Otra voluntad de Torres se cumplió más tarde: en mil setecientos noventa y tres trasladaron sus restos de la catedral de la ciudad a la Capilla de La Bordadita. Reposan bajo el mismo frontón donde el fundador aparece de rodillas ante la Virgen del Rosario.
Información práctica
La pequeña plaza abierta es de acceso libre; los espacios interiores de la Universidad del Rosario dependen del horario del campus.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El claustro pertenece a una universidad en funcionamiento, así que visítelo solo donde esté permitido el acceso; la plaza puede entenderse también desde fuera.
